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Carmen Albana Sanz: “Un niño que no está emocionalmente estable, no puede aprender”

Ella es maestra. Nació en el barrio Borro y creció en una familia de tres hermanos, sin recursos y dos padres con poca presencia en el hogar. Repitió segundo año de escuela y escuchó a una maestra referirse a ella y afirmar que no iba a llegar muy lejos. Sin embargo, desoyó esas sentencias negativas y algo interior la movió a abrirse camino. Hizo primaria, secundaria y magisterio.

Es maestra, desde hace poco más de 15 años vive junto a su marido en Barcelona en donde recibió reconocimientos imponentes por su labor docente.

Es una convencida de que la educación emocional cambia a las personas y previene gran parte de la problemática que nos aqueja hoy a nivel social. Porque además hay estudios que han mostrado que en sociedades donde los niños conocen y saben regular sus emociones, la violencia, el bullying, la depresión y el suicidio disminuyen.

En pocos días vuelve a Montevideo para impulsar un anteproyecto de ley que busca pisar fuerte dentro de la ley general de educación para incluir en el programa educativo, temas que hacen a los cimientos humanos: las emociones. Con ella conversamos, zoom mediante, para Mamás Reales.

¿Cuánto marcan las emociones de la infancia a lo largo de la vida?

Marcan y marcan muchísimo. Hay situaciones de vida que viven los niños que las recuerdan para toda la vida. Inclusive hay terapias que no pueden regularizar algún daño que se ha causado en la infancia. Siempre digo que ni el mejor maquillaje disimula la tristeza. La infancia es la época más importante del ser humano, porque desde que el bebé nace hasta los tres años se configuran muchísimas de las estructuras neurológicas. Y lo que vives en ese tiempo determina muchas veces tu propio desarrollo integral.

En un jardín de infantes o en la escuela se da el primer contacto del niño con una sociedad diferente a su familia de referencia. Es a partir de allí que se van ubicando en roles, van formando y construyendo carácter, y además de todo ello hay un componente que es el temperamento, que es innato. Eso último lo puedes modular, ajustar a medida que sos más consciente, pero determina bastante. Cuantas más actividades podamos hacer con los niños, mientras más tiempo podamos dedicarles en la infancia, mejor van a estar. El mejor regalo para ellos es darles tiempo.

Tuviste una infancia difícil. ¿Qué te salvó a nivel emocional para que salieras adelante?

Hay cuestiones que están dentro de las personas. Nosotros éramos tres hermanos y los tres vivimos lo mismo, vivimos hambre y soledad, pero los tres adoptamos diferentes vidas. Hemos tenido diferentes oportunidades también. Cuando nos reunimos ahora de adultos nos acordamos de lo vivido con cariño muchas veces, también con tristeza, con dolor. Mi hermana, emocionalmente no ha podido levantar cabeza. Por eso digo que hay algo que viene con nosotros, con nuestros genes y hay algo que tú vas construyendo.

En mi caso creo que hubo mucha resiliencia y que la actitud que tuve ante las cosas me determinó el carácter y forjó lo que yo soy hoy. No tenía juguetes y jugaba en la basura. Una latita de atún se convertía en una ollita, las revistas que recogía en la basura, las limpiaba un poco, las recortaba con la mano, hacía engrudo, las ponía en la pared y armaba mis muñecas. Me tocó construir un mundo imaginario. Y el tiempo iba pasando. Pero podría haber terminado en la depresión. Mi hermana, por ejemplo, necesitaba más tener a mi madre, a mi padre; todos necesitamos de alguien, pero cuando los padres no están, pues por ahí tienes un vecino, un educador, una monja, alguien que te va ayudando.

Mi resiliencia tiene que ver con enfrentar siempre los problemas desde una misma perspectiva, sabiendo que todo pasa. No hay nada perdurable. Nada se olvida, pero se aminora el dolor. Y lo otro es la actitud positiva delante de la vida. Tú eres un espejo donde tu hijo se refleja y donde se reflejan los otros. Si no te conoces, ¿cómo puedes conocer al otro? Si no te quieres, ¿cómo puedes querer al otro? Nadie da lo que no tiene y cuando no hay, se construye.

¿Qué podemos hacer los papás y educadores para ser buenos espejos?

Lo primero es conocerse. Qué cosas me gustan, qué cosas no me gustan, cómo enfrento el no, el sí, la incertidumbre. Conocer tus potencialidades es fundamental.

Hace muchos años, Alejandro Magno luego de conquistar toda Grecia, llegó a Persia. Enfrentarse a ese ejército era muy difícil porque nadie derrotaba a los persas. Sin embargo, los derrotó y siguió avanzando. Los que vinieron luego de los persas, se fueron rindiendo. Él estaba con una élite de soldados que lo seguía y establecían las estrategias. De repente, se encontraron con una cordillera. Cuando llegan allí, uno le dice “no podemos seguir”. “¿Por qué?”, dice Alejandro Magno. Y la respuesta era que los mapas solo mostraban hasta ahí; su mundo terminaba ahí. Pero Alejandro Magno con su espíritu aventurero decidió ver qué había más allá de eso. Siguió avanzando y descubrió la India. ¿Cuántas veces nos pasa a nosotros que nos vamos quedando en nuestra vida con aspectos que no nos gustan por no querer avanzar, por miedo? Y luego la mente te lleva por caminos negativos, te preguntás por qué no lo hiciste, terminás alimentando ese aspecto y te disminuyes. No hay nada que tú no puedas, eso es el punto número uno. Y si no puedes, mira alrededor y busca ayuda, pero tienes que poder. El “no” cierra puertas. El “sí” abre puertas. Las palabras tienen mucha vida. Por lo tanto, vamos a alimentarnos a nosotros mismos con palabras positivas.

Si el cerebro piensa que no puedes hacer algo porque tú se lo dices, no gasta energía en cambiar. Recordar que el cerebro con la neuroplasticidad lo puede hacer todo. Las neuronas se regeneran a los 21 días. Podemos reinventarnos, porque si el cerebro puede regenerarse, nosotros también. Para ello lo fundamental es hablarnos desde la posibilidad y desde decir “sí puedo hacer eso”.

¿Cómo fomento la curiosidad, ese “sí” a lo nuevo?

Lo primero es no al miedo. Los niños no son de cristal, no sirve cuidarlos tanto que los dejemos sin obstáculos, porque luego les faltan habilidades en la vida. Sirve enfrentarlos a desafíos, a retos, siempre hablándoles desde el cariño, fomentando el diálogo. Fomentar el diálogo con ellos es vital para alimentar la curiosidad, llevarlos a la naturaleza, mirar, preguntar sobre lo que ven. Les encanta mirar hormigas, cualquier animalito pequeño. Fomentar la curiosidad es fomentar el interés y cuando hay interés, hay aprendizaje. Necesitamos tiempo para eso. Olvídate de si lee o suma o resta. Lo más importante al principio es que estés con él, que investiguen la naturaleza, que miren las hojas de los árboles; hay muchísimo para aprender ahí, la naturaleza es muy sabia. Pero necesitamos tiempo. Si no hay tiempo con padres, muchas cosas se pierden.

¿Cuánto nos predispone las emociones al aprendizaje?

Las emociones recorren toda nuestra vida intelectual. Un niño que no está emocionalmente estable, no puede aprender. Preocupado o disgustado no aprende. Un niño que llega a la escuela con el recuerdo de algo feo que le pasó en la casa, no aprende. Las emociones son fundamentales dentro del aprendizaje. Reconocerlas, identificarlas y poder gestionarlas adecuadamente va a ayudar al desarrollo integral del niño. Yo he tenido niños que venían disgustados porque las mamás los despertaron apurados y mal. A veces transmitimos a ellos estados de nervios que no les dan paz para aprender. Ellos necesitan tiempo y que les fomentemos emociones positivas. Importa que sepan que cuando hay emociones negativas, hay caminos para revertirlas. Pero lo primero es conocerse y para eso necesitamos tiempo.

El tiempo es fundamental. Hay una relación muy estrecha entre las emociones y nuestro estado de salud. Hipócrates se dio cuenta que había enfermos que aun sin aplicarle determinadas técnicas y medicación, se curaban. Empezó a pensar qué pasaba y escribió finalmente el libro El arte de curar.  Se dio cuenta que a través de la palabra había muchas personas que salían adelante, se motivaban.

¿Cómo hago para que mi hijo encuentre el sentido? ¿es algo que le puedo dar o es algo que tiene que descubrir solo?

Nosotros alimentamos a nuestros hijos con el sentido que tenemos de la vida, con el amor que tenemos a la naturaleza, a los animales, me refiero al amor universal. Si te ve tirando un papel en la calle, insultando, él va a hacer lo mismo. Nos tienen como referencia. Si tengo una madre y veo que se levanta todos los días y me trata bien, me explica lo que va pasando, entonces crezco con ese sentido de ser, estar. El sentido se construye en el estar, cuando compartes tiempo con tu hijo.  

¿De qué va este anteproyecto de ley que venís a promover en estos días a Uruguay?

Desde 2017 trabajamos con un equipo, en la órbita de la Universidad de Montevideo, para promover la educación emocional. Pasaron más de mil profesores y maestros por la formación, más de 10 mil niños y hemos visto que cada vez que convocamos, importa.

Empezamos a elaborar un proyecto para incorporar a la ley general de educación artículos que hablan sobre la necesidad de formar en educación emocional a los futuros profesores. El objetivo es que los alumnos construyan habilidades emocionales que les permitan vivir en una sociedad con cierto grado de bienestar. La educación emocional se puede comprender como una acción continua, sistemática, evaluada; es como una asignatura más en la cual los niños aprenden a identificar las emociones, a regularlas, a desarrollar la autoestima, la empatía, habilidades sociales y las habilidades de vida y de bienestar. Está comprobado en investigaciones hechas principalmente en España y en EEUU que fomentar estas habilidades reduce los factores de riesgo social como la violencia, el suicidio, la depresión, el bullying. La educación emocional es una acción preventiva.

La idea de la ley es para que los maestros se formen en eso. Sería una formación que entra en el último año de carrera. Porque cuando un niño se pierde, perdemos todos como sociedad.

Por Carolina Anastasiadis

2 Comments

  1. Ana Celina says

    Muy bueno ese enfoque integral del aprendizaje, el poner los énfasis en lo que importa. Darle herramientas emocionales al niño por si no los tuvo en su casa. Grande, grande la maestra, por haberse construido a sí misma y grande Carolina por haber rescatado esa historia

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