Realidad «decaf» -o maternidad real-
Me encanta el cine pero reconozco que las películas hollywoodenses nos han hecho mucho mal. Ni qué hablar de esas fábulas infantiles y de los cuentos de hadas y princesas que tanto escuchamos de niñas. Y digo niñas, porque a nosotras nos gusta creer en esos mundos encantados, y porque los varones están demasiado ocupados jugando al fútbol como para imaginarse un minuto en los zapatos de Cenicienta.
