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Madre paciencia

No tengo paciencia. Si bien me gusta siempre apreciar lo que hay, más que la falta, con la paciencia me sucede que soy realista, y tengo plena consciencia de su carencia; nací con el tanque vacío. Cuando estudiaba filosofía en el liceo, recuerdo leer sobre la modernidad y posmodernidad y sentirme parte viva de ese engranaje de videoclip en el que se había convertido la vida; eso de lo urgente me parecía lo más natural, y pensaba ¿qué sentido tiene esperar si se puede tener ya? Yo habitaba la liquidez en todas sus formas. Cuando estaba en jardinera, con 5 años, mi maestra Isabel mandó llamar a mamá porque estaba preocupada: “Señora, su hija termina de pintar y apoya la cola en la punta de la silla, para salir disparada cuando toca el timbre, no sabe esperar”. Mi madre no hizo de eso un drama porque ella era igual y papá, a pesar de tener un aplomo más innato, tenía su cuota –velada- de ansiedad. La pereza nunca fue una condición de nuestro linaje. La …

Una paternidad/maternidad trascendente

Nunca hablé de mi viejo en este blog desde que murió en 2017. No quise caer en cursilerías ni en golpes bajos, mucho menos dar pena. Pero en esta cuarentena lo vengo pensando y sintiendo más que siempre desde aquel 12 de setiembre, en mi búsqueda por entender, aprender y aprehender el sentido de lo que es una paternidad/ maternidad trascendente. Les cuento. El día que papá murió, volví del entierro y me llegó el mensaje de una amiga querida, con fotos de unas páginas de un libro hindú. Estaba en India y a falta de abrazo pensó que eso podía acompañarme. Creo que nunca supo cuánto ese texto me ayudó a enmarcar la partida de papá. Eran varias hojas. Hablaba sobre la manera de honrar a quienes partían y lo que podíamos aprender de la muerte quienes quedábamos. Entre frases que en el momento me resultaron difíciles de digerir, por ese típico nudo que se nos ata en la panza a quienes dolemos, se colaba una cuestión filosófica que guardé enseguida y emergió fuerte …

La vecina

Cuando me mudé al apto en donde vivimos desde hace un año, pasé semanas sin sillón, sin tele, sin mesa. En pleno cambio de vida, de casa nueva y vida nueva, quise tomarme el tiempo (que tampoco fue mucho, pero no fue ansioso) para decidir qué muebles quería que me acompañaran a vivir.  Al estilo Marie Kondo, quería que todo lo que estuviera en ese nuevo metraje -chico, por cierto- me diera felicidad. El sillón llegó a las pocas semanas, la tele muchísimo después, y antes que la mesa llegó una preciosa biblioteca. Sinceramente no sé si porque fue de lo primero que tuve o de lo poco que hay para mirar, pero cada persona que me visita desde entonces, repara en ella. Es de esas tipo escalera, recostada contra una pared, de un color que no es blanco y tampoco es gris. Como usada, pero nueva. Cansada de tanto libro, eso sí. Me gusta estar en casa. Logré ese propósito. Hay mucha luz y la vista despejada me da el aire que necesito para …

Las recetas de la abuela (y una idea para hacer en casa)

Hugo Soca cuenta en su libro Nuestras Recetas de Siempre que supo que iba a ser cocinero a los 11 años. Vivía en Pan de Azúcar, en el campo, y esa decisión le llegó mientras recorría en bicicleta el camino de pedregullo hasta la casa de su abuela Petrona, que lo esperaba para enseñarle a hacer  “la torta de la abuela”. Hablando con él por teléfono, en los comienzos de la cuarentena, le conté que estaba cocinando con mis hijas y él, alentándome como siempre, a pesar de mis pastrafrolas amateurs, me dijo: “¿sabés qué está bueno? Un día en la radio quiero hablar de los libros de recetas, es algo que pasa de generación a generación, lindo para hacer con los chicos”. Cuando corté el teléfono su frase  me quedó resonando. A los pocos minutos empecé a buscar alguna libretita o cuaderno coqueto, de esos que los periodistas tenemos por doquier, para poder regalarle a Alfonsina, mi hija de 6 que ya escribe. Hay pocos recuerdos de la infancia que se comparen con el …

Cuarentena + Ansiedad

Aún no me doy cuenta si todo esto que vivimos es realidad o un experimento que están haciendo con nosotros para observar nuestra reacción. Era claro que de la forma en que veníamos era insostenible en el tiempo y, de alguna manera, el coronavirus vino a obligarnos a parar y replantearnos. Más allá de explicaciones, de los por qué, lo cierto es que el mundo se detuvo y estamos todos en casa con TIEMPO. Aquello que faltaba, hoy sobra. ¡Cuántas veces habremos escuchado a Mafalda rogar porque el mundo se pare! ¡Cuántas veces habremos dicho: “no tengo un minuto”! Hoy, estamos en casa habitando los segundos que corren con lentitud y una mezcla de emociones que mutan a lo largo del día: desde alegría, regocijo, soledad, hasta vacío y ANSIEDAD. Sobre esta última sensación, tan común de sentir en este contexto particular, conversamos con la Psicóloga Lorena Estefanell, en búsqueda de sugerencias para transitar esta vivencia lo mejor posible. ¿El encierro genera ansiedad? Creo que el encierro no es lo que genera ansiedad. Lo que …