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Cómo ser la peor mamá del mundo

Una noche, chateando con una amiga, me sorprendí relatando una situación digna de película. Nati: “¿Qué haces?”  Yo: “Nada, acá, comiendo dulce de leche con vascolet, encerrada en el baño, mientras Alfo se come una manzana en el living”. Chan…Terminé de escribirlo y empecé a reír. Las mamás somos contradictorias por naturaleza y además, es cierto, queremos enseñar lo que nosotras no queremos hacer. Roxy –esa mamá famosa, argentina, cuya serie web recomiendo fervientemente- dice algo del estilo en un libro que acaba de llegarme y quiero compartirles de a bocados, ustedes vean si le ponen dulce de leche o se lo devoran así, solito, que para mí es un manjar. Tiene imágenes y reflexiones varias…mucho humor y su lectura devuelve una cuota grande de alivio. Primer bocado: Aquí un compendio de esas cosas que nosotras tenemos que aprender a hacer y les pedimos a nuestros hijos que hagan como si fuera tan fácil… No te victimices No se puede comer harina todo el día, comé fruta, la fruta es rica, es sana y hace …

¡Mi abuela tuvo 14!

Mamá Real invitada: Ma. Fernanda Normey Soy madre de mellizos (solamente), muchas veces me preguntan: ¿es mucho trabajo con dos al mismo tiempo? Y últimamente respondo siempre lo mismo: hay gente que tiene uno o dos chiquitos y le caen mellizos, gente que tiene trillizos, casos en los que los padres tienen dos pares de mellizos, o simplemente gente que tiene 4, 5, 6 o más hijos… ¡y seguro que tienen mucho más trabajo que yo! Sin ir más lejos, mi abuela (que tiene 96 años) tuvo 14. Tuvo 13 embarazos (un par de mellizas) en unos 17 años. O sea que durante ese tiempo, o estaba embarazada o estaba amamantando. Dos estados que no necesariamente son “hermosos” como lo pintan los posters. Todo eso viviendo en el medio del campo y con un marido que no era como los de ahora (de los que cambian pañales), sino más bien de los que trabajaban y punto. Cuando me tocó la maternidad, ahí entendí realmente lo difícil que debe haber sido para ella. Ahí pensé: “puf …

Una oportunidad encubierta (en el baño)

En casa la hora del baño casi siempre coincide con la hora del caos. De tardecita, cuando la luz baja y las baterías de mis hijas se encienden (¿los suyos no hacen “descargas” cuando en realidad ya no tienen casi pilas?), aplico algo que me funciona: ¿vamos a bañarnos? Mientras le pongo el agua a la grande y la chica se afila sacándose los championes, la cosa se pone divertidamente complicada,  pero en el último tiempo, he logrado resignificarla y ese tiempito de todos los días ya no es “uhh…tengo que bañar a las nenas” sino un ratito para aprovechar con ellas. Siendo honesta, siempre fue un momento del cual intentaba salir (cumplir) rápido, hasta que leí algo por ahí que me hizo valorarlo como oportunidad. Lo mejor fue que con los días noté que si uso ese tiempo para “jugar”, no solo salen bañadas sino que la ansiedad del día queda completamente aplacada. (¡¡Y duermen!!!) Un poco inspirada en la paciencia de mi suegra con mi hija Alfonsina, empecé a usar la hora del …

Tiempo….¡pará!

El sábado la observé mientras dibujaba en el piso un regalo para el papá. La nena ya tiene 4 años y está en ese momento en que no es bebé pero tampoco es escolar; en ese tiempo “puente” entre ese ser que balbuceaba  y la niña que traerá deberes para hacer en casa. Algo que a veces me desorienta y a la vez me exaspera. No la puedo tratar como beba porque le aburre. Es lo suficientemente madura como para decirme que no le divierten algunos planes y a la vez, lo suficientemente ingenua como para pedirme una y otra vez un cuento sobre ese monstruo que sabe que no existe pero que la aterra. Ese personaje que en otra época era “el hombre de la bolsa” y que en mi casa fue también el “cuco”. Alfo está en una edad en la cual de a ratos quiero poner forward para que pase rápido y ganar un ratito para mí. ¿A qué edad los padres recuperamos el derecho a mirar el informativo?, ¿Cuándo las madres volvemos a …

Me río de mí

Me pasó el dato una amiga madre y actriz en el almuerzo de un grupo de whatsapp que compartimos (“Terapia maternal”). Ante mi discurso empapado de catarsis y culpa mientras contaba que estaba un poco podrida de las obras de teatro infantil y que estaba más para salir, rockear y bailar -“como en los viejos tiempos”-, me dijo: “Vos sos Roxi”. “¿Quién????” “Roxi. Mirala”. Esa noche, apenas acosté a las nenas y el padre se puso a mirar fútbol, me busqué los auriculares y agarré el celular… Chrome: Roxi, humor, madres. Y di con esto: https://youtu.be/VBC-xaO2JpI Enseguida caí en que ese hasthag (#ChupoFumoBailo) bien se aplica a muchas mamás que, tras dos, tres, cuatro años de bunker maternal, sacan la cabeza al mundo y tienen ganas de comérselo en dos panes en cada salida de amigas… aunque se trate de una tarde de té. Morí de risa, pero sobre todo me sentí entendida y liviana. Por supuesto que compartí el capítulo con otros grupos y seguí mirando más; me envicié. Roxi es en realidad Julieta …