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Psc. Lorena Estefanell: “Decir que un niño se porta mal es un error conceptual”

En la última década se ha producido una revolución en las neurociencias cuyos descubrimientos han sido difundidos como nunca antes. Hoy, padres y madres podemos acceder a información valiosa que nos ayuda a ejercer nuestro rol con mayor consciencia y responsabilidad, al tener acceso a evidencias científicas, y nos aleja de actuar simplemente por lo que creemos o replicamos del modelo que traemos de nuestras casas.

No es fácil educar hoy, en general somos una generación que está intentando dar lo que no tuvo. Y por más que leamos, nos informemos e intentemos cambiar la pisada, tenemos muy interiorizado en nuestro inconsciente, reacciones que en momentos de estrés y bajo presión salen sin pedir permiso y que hoy sabemos, no tienen buenas consecuencias para nuestros hijos.

En esta oportunidad hablamos con la Psicóloga Lorena Estefanell para seguir difundiendo cómo se desarrolla el cerebro de los niños en las diferentes etapas de la vida, que va de la mano con la evolución de la mente. Para eso, hablamos de Psicoeducación.

¿Qué es la Psicoeducación?

Es una herramienta que nos ayuda a entender cómo funciona la mente humana. Las personas tenemos un montón de comportamientos liderados por una mente que se sostiene en un cerebro pero que es mucho más que eso. La mente es una construcción social que nos permite funcionar y vivir. Tiene patrones y determinados principios que las personas debemos entender para poder explicar ciertos comportamientos. Y cuando trabajamos con la infancia es muy importante enseñar a los padres y docentes qué es lo que está pasando en el cerebro del niño en determinados momentos, porque a veces el no saber cómo funciona hace que lleguemos a diagnósticos errados, lo que nos lleva a aplicar soluciones equivocadas.

Un típico caso es el famoso niño que se “porta mal”. Y yo me pregunto: ¿qué es portarse mal? Veamos. El niño está haciendo algo que no está bien, pero ¿por qué? Porque tiene un cerebro primitivo (supongamos que tiene cinco años), que es como un software básico con el cual venimos al mundo. Se trata del cerebro emocional y reptiliano que tiene programas muy básicos para manejarnos con patrones emocionales con los que desembarcamos a la vida. Pero a su vez el niño tiene un cerebro superior que se encuentra en la corteza prefrontal que está en pleno desarrollo. De la misma manera que un niño de cinco años no sabe todavía en su totalidad leer ni escribir, o no puede manejar ecuaciones de segundo grado porque no tiene el desarrollo cerebral suficiente, tampoco tiene habilidades socioemocionales para manejar el enojo, la rabia, la bronca, la tristeza, la ansiedad, etc. Entonces ¿qué hace? Como todavía no tiene desarrolladas esas habilidades emocionales, cuando el cerebro emocional se activa, el niño responde con patrones primitivos. Por lo tanto pega porque algo no le gustó o hace otras cosas que no están bien, pero por eso no se está “portando mal”, está teniendo una respuesta primitiva porque no está sabiendo encontrar una respuesta superior.

¿Y por qué no sabe a los cinco años? Porque de repente nadie le enseñó, porque quizás le enseñaron y al niño le cuesta un poquito más aprender por su gran emocionalidad, porque capaz no se lo repitieron un número suficiente de veces como para que lo incorpore, etc. Solucionar los conflictos de una forma superior involucra el lenguaje, la empatía, la compasión, involucra el largo plazo, y todas estas habilidades cuestan interiorizarlas. Cuando interferimos en estas conductas incorrectas es necesario enseñarle de forma positiva a manejar su bronca y su frustración.

Psicoeducar implica saber que el cerebro del niño es primitivo, que necesita incorporar habilidades socioemocionales que se aprenden como cualquier otra, como a comer, a escribir, a andar en bicicleta, y el niño cuando no las tiene no es que se esté “portando mal”, es que simplemente no se está conectando con su cerebro superior porque no tiene aprendizajes suficientes. Brindarle esos aprendizajes es el rol de los educadores.

¿Y cómo debemos enseñarle habilidades?

Aplicar estrategias para controlar el comportamiento como premios, castigos, estrellitas, caritas tristes o felices, no nos va a conducir a que aprenda una habilidad; cuando su emoción lo domine va a volver a hacer lo mismo porque no sabe hacer otra cosa. Y esta es la razón por la cual las penitencias no educan, porque no se trata del comportamiento sino de que no tiene incorporada una habilidad. No hay nada que le guste más a los niños que ser amados y aprobados por sus adultos de referencia, los niños quieren hacer las cosas bien pero a veces no saben cómo, no tienen esa capacidad y se encuentran superados por sus emociones. Uno tiene que enseñar al niño a regular las emociones, a serenarse, a atravesarlas y a poder encontrar una manera superior de resolver los conflictos.

¿Y de qué manera lo logramos?

Con mucha conexión y dirección. Para esto es importante entender que hay un cerebro que tiene una razón válida. Lo que no es válido es la forma en cómo lo resuelve. Se escucha decir: “si las cosas no son como él quiere, se enoja”. Sin embargo hay una historia válida: las cosas no son como él quiere. Y yo entiendo perfectamente eso, todos lo tenemos que entender, a mí me enoja mucho cuando las cosas no son como yo quiero. A veces les exigimos a los niños determinadas actitudes que nosotros no tenemos. Su razón es válida, lo que no está bueno es la forma en cómo lo está resolviendo. No es que “se porta mal”, es que no sabe hacerlo bien, entonces conectar antes de corregir es imprescindible. ¿Cómo? Diciéndole, “entiendo lo que te pasa”, porque cuando alguien te entiende todo se calma. Y cuando un niño se calma, te puede escuchar. Lo primero que tenemos que hacer con un niño que está bajo los efectos de la emoción, es serenarlo, ¿cómo lo hacemos? Ayudándole a entender lo que está pasando o mostrándole que entendemos su historia. Recién después de conectar, dirigimos, enseñándole de forma positiva y específica cómo hacerlo mejor. Tenemos que decirles a nuestros hijos cuál es el plan B, tenemos que ayudarlos a generar ese nuevo “botón”, esa nueva forma de resolver los problemas. No nacen sabiendo, vienen con un cerebro que tiene la potencialidad para aprender pero que si no se estimula no se logra. Y así vemos gente de 40 años o más que no se sabe controlar, que explota, que nunca aprendió a gestionar sus emociones.

¿Qué papel tenemos los adultos en todo este proceso?

Somos claves. Cuando faltan habilidades socioemocionales en seguida empezamos a juzgar: se porta terrible, no le ponen límites, es un descontrolado, no tiene empatía, etc. Y lo cierto es que todavía no aprendió la habilidad. Pero puede lograr aprenderla así como aprende tantas otras cosas. Y acá los que acompañamos la crianza de los niños tenemos que tener muy claro esto porque la mirada grupal es muy juzgadora con los comportamientos; sin embargo, la clave no pasa por allí, pasa porque el niño aprenda a resolver sus asuntos internos y externos de una forma superior.

Si los padres entienden lo que es Psicoeducar van a tener un diagnóstico distinto y probablemente las estrategias también sean diferentes, porque si yo te digo “tu hijo se porta mal” es muy distinto a que te diga “tu hijo maneja mal el enojo”. El comportamiento es una forma de resolver el conflicto pero el tema no está allí, el problema es que no sabe manejar su enojo. Y no se trata de que lo aguante sino que lo regule, lo entienda, lo resuelva. Si lo ponés en penitencia seguramente termines con el comportamiento pero no le enseñes la habilidad. ¿Y qué va a pasar con tu hijo la próxima vez que se enoje? Lo mismo, porque no aprendió a hacer nada distinto.

¿Qué tan importante en todo esto es la autovaloración que el niño tenga sobre sí mismo?

Es muy importante que el niño construya una identidad y una autoevaluación correcta, porque él no se está portando mal, esa es una mala etiqueta, un error conceptual. Él no es fatal, es un niño que no sabe manejar su enojo. Entonces es vital que el niño se sienta mirado de forma positiva por el adulto, porque la identidad se construye en el espejo con el otro. Lo que te dicen que sos es lo que tú vas a creer que sos y en definitiva es lo que vas a terminar siendo. Entonces cuando alguien te mira y te dice: “es que el enojo te gana” es muy diferente a que te digan “sos fatal, nadie puede contigo, te portás mal, ¿qué vamos a hacer?”. Eso es muy injusto para con el niño, es lo mismo que le diga que es un burro porque no sabe leer. Y él no es burro, no aprendió, porque su cerebro no está preparado para eso todavía. Él hace lo mejor que puede con lo que tiene. No tiene por qué saber manejar el enojo, la frustración, la tristeza, la injusticia, somos los adultos los que le tenemos que enseñar. Y Psicoeducar ayuda a eso.

¿Y a qué edad se estaría desarrollando la corteza prefrontal donde se encuentran las habilidades que nos permiten autorregularnos?

Los primeros 25 años de vida está en desarrollo, así que es un trabajo de largo aliento. El niño cuando nace es primitivo, a los dos, tres años se encuentra en la etapa más primitiva donde muerde, pega, empieza a socializar y comienza la escolarización. A los siete entra como en “una edad de oro”. El cerebro se regula, se serena, se generan las primeras conexiones, se instaura el lenguaje como un mecanismo que construye el pensamiento y ahí empieza una etapa bastante serena de la vida. Un niño de ocho o nueve años por lo general es divino y uno dice “esto va a durar para toda la vida” pero a los 12 años empieza nuevamente una etapa de mucho revuelo, la llamada “tormenta cerebral” según el Dr. Daniel Siegel, donde todo se vuelve a desconectar. Recién cerca de los 25 años o más, el desarrollo del cerebro se termina de cerrar. Esto es como una carrera universitaria, más o menos te lleva unos 25 años de vida. Así que paciencia… mucha paciencia…

Por Federica Cash

1 comentario

  1. Verónica Liñares says

    Completamente de acuerdo. Está muy en línea con el libro disciplina sin lágrimas de Siegel. Es un libro excelente.

    Me gusta

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