Autor: Mamás Reales Blog

Descubriendo el mundo, juntos

No es extraño que con la llegada de los hijos los adultos volvamos a enamorarnos del aprendizaje. Ellos son la puerta de entrada a la curiosidad más honesta, a la ingenuidad que nos mantiene humildes y en actitud de eternos aprendices. Si lo permitimos, podemos contagiarnos con sus dudas, sus ansias por conocer, por desplegarse y preguntarse. Durante la cuarentena, muchos pudimos descubrir la aventura de aprender junto a nuestros hijos a partir de las preguntas que ellos traían. Otros nos animamos a transformar nuestra casa en una especie de laboratorio, para descubrir y buscar respuestas como parte del viaje de estar juntos. Para hablar de esta oportunidad así como de los mitos del aprendizaje, una vez más, charlamos con la argentina Melina Furman, Bióloga y Doctora en Educación. (Al final encontrarán un video de una parte de la charla que mantuvimos y una de sus charlas TED para que la conozcan mejor). ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos como padres o maestros? Una de las visiones de vieja data del aprendizaje es …

Las oportunidades del aburrimiento

En tiempos de clases por Zoom y de estar en casa más de la cuenta, vale la pena resignificar el aburrimiento, una palabra que tiene mala prensa pero de la cual pueden surgir infinitas posibilidades. De esto, oportunamente, la argentina Melina Furman, bióloga y doctora en educación, nos brinda una asertiva respuesta, para sobrevivir a estas últimas semanas antes de la vuelta a clases en colegios y escuelas. Muchos, cuando vemos a nuestros hijos aburridos, nos desesperamos. ¿Hay alguna manera de poder usar el aburrimiento a nuestro favor? ¿Sirve para algo aburrirse? A mí me tranquiliza saber que el aburrimiento puede no ser malo. No es tan grave, de hecho se sabe que cuando uno se aburre un poco, empiezan a surgir cosas muy buenas. Un montón de investigaciones demuestran que aparece la creatividad. Hay un estudio divertido que reveló que algunas personas después de aburrirse mucho rato copiando datos de una guía telefónica, les hicieron un test de creatividad, y se les ocurrieron muchas más ideas que a otro grupo de gente que no …

Madre paciencia

No tengo paciencia. Si bien me gusta siempre apreciar lo que hay, más que la falta, con la paciencia me sucede que soy realista, y tengo plena consciencia de su carencia; nací con el tanque vacío. Cuando estudiaba filosofía en el liceo, recuerdo leer sobre la modernidad y posmodernidad y sentirme parte viva de ese engranaje de videoclip en el que se había convertido la vida; eso de lo urgente me parecía lo más natural, y pensaba ¿qué sentido tiene esperar si se puede tener ya? Yo habitaba la liquidez en todas sus formas. Cuando estaba en jardinera, con 5 años, mi maestra Isabel mandó llamar a mamá porque estaba preocupada: “Señora, su hija termina de pintar y apoya la cola en la punta de la silla, para salir disparada cuando toca el timbre, no sabe esperar”. Mi madre no hizo de eso un drama porque ella era igual y papá, a pesar de tener un aplomo más innato, tenía su cuota –velada- de ansiedad. La pereza nunca fue una condición de nuestro linaje. La …

Una paternidad/maternidad trascendente

Nunca hablé de mi viejo en este blog desde que murió en 2017. No quise caer en cursilerías ni en golpes bajos, mucho menos dar pena. Pero en esta cuarentena lo vengo pensando y sintiendo más que siempre desde aquel 12 de setiembre, en mi búsqueda por entender, aprender y aprehender el sentido de lo que es una paternidad/ maternidad trascendente. Les cuento. El día que papá murió, volví del entierro y me llegó el mensaje de una amiga querida, con fotos de unas páginas de un libro hindú. Estaba en India y a falta de abrazo pensó que eso podía acompañarme. Creo que nunca supo cuánto ese texto me ayudó a enmarcar la partida de papá. Eran varias hojas. Hablaba sobre la manera de honrar a quienes partían y lo que podíamos aprender de la muerte quienes quedábamos. Entre frases que en el momento me resultaron difíciles de digerir, por ese típico nudo que se nos ata en la panza a quienes dolemos, se colaba una cuestión filosófica que guardé enseguida y emergió fuerte …

La vecina

Cuando me mudé al apto en donde vivimos desde hace un año, pasé semanas sin sillón, sin tele, sin mesa. En pleno cambio de vida, de casa nueva y vida nueva, quise tomarme el tiempo (que tampoco fue mucho, pero no fue ansioso) para decidir qué muebles quería que me acompañaran a vivir.  Al estilo Marie Kondo, quería que todo lo que estuviera en ese nuevo metraje -chico, por cierto- me diera felicidad. El sillón llegó a las pocas semanas, la tele muchísimo después, y antes que la mesa llegó una preciosa biblioteca. Sinceramente no sé si porque fue de lo primero que tuve o de lo poco que hay para mirar, pero cada persona que me visita desde entonces, repara en ella. Es de esas tipo escalera, recostada contra una pared, de un color que no es blanco y tampoco es gris. Como usada, pero nueva. Cansada de tanto libro, eso sí. Me gusta estar en casa. Logré ese propósito. Hay mucha luz y la vista despejada me da el aire que necesito para …