Mamáaaaa!
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La abuela tenía razón

“Cuando tenés un hijo no dormís más”. Esa frase resonó en mi cabeza durante 9 meses. Era mi miedo mayor. No funciono sin dormir. Ando de mal humor, no puedo pensar, no puedo trabajar y me cuesta establecer diálogos amables cuando estoy cansada.

Para mi sorpresa, llegué a desestimar esa frase repetida por abuelas y madres varias, pasados unos días en casa con Alfonsina siendo una recién nacida. La gorda tiraba 5 horitas, a veces hasta 6…y aunque más de una vez se “desregulaba” con noches de interrupciones frecuentes, llegué a perderle miedo al cuco que me había perseguido tantos meses.  Pero no hubo caso, el tiempo le da la razón a las canas, aunque lo notás recién cuando pasan dos añitos y mirás tu vida en perspectiva (digo dos, porque durante el primer año no hay muchos patrones).

El bebe nace con horarios cambiados. Es algo que ni la ciencia ha podido alterar, una lástima. Pasás dos o tres semanas tratando de mostrarle que hay día y que hay noche. Cuando lográs acomodar eso aparecen los odiosos cólicos. Y ahí lo tenés a ese pequeño o pequeña despertándose en un grito porque está lleno de gases. Sufrís con su dolor de pancita y acto seguido hacés un repaso mental de todo lo que comiste en el día, buscando una explicación. Porque por supuesto, la culpa es tuya. Tras consultar al pediatra, eliminás tu café con leche (alimento que empieza a ser el peor veneno), el Vascolet, el queso, la manteca y un sinfín de otras cosas que nunca antes habías sospechado que tenían lactosa. Incluido el chocolate. Te dan ganas de llorar.

Si te salvaste de los cuetes, o tu nene en realidad nació con los horarios como Dios manda, entonces, seguro le toca tener reflujo. Pasás semanas sin saber por qué se despierta tanto de noche, anotás cuántas veces vomita para decirle al doctor y tratás de ver si lo que larga es vómito o provechito (nunca supe bien cuántos centrímetros cúbicos hacen a la diferencia), hasta que levantás un poco el colchón y la cosa mejora.

A los 3 o 4 meses el bebe finalmente empieza a agarrar algo de ritmo. Mamá y papá están copados y en los asados cuentan con orgullo que “nuestro” niño (es nuestro cuando la noticia es buena) ya duerme toda la noche (aunque te leventes tres veces a ponerle el tete). Obviamente al contar en público el logro de este bebé superdotado, la regla se corta porque aquí Murphy también aplica y el niño empieza a despertarse como cuando tenía una semana de vida.

En el medio de ese desconcierto, llega el tiempo lindo y tratamos de rajar 10 días a alguna casa de verano si justo tenemos vacaciones. El niño llega, los dos primeros días llora toda la noche porque no reconoce el lugar y la practicuna le parece muy dura. Se empieza a acomodar cuando se cumple la primera semana… a los tres días te tenés que volver. La vuelta a Montevideo es el mismo problema invertido: el niño se acostumbró a la practicuna que mira a esa pared llena de chirimbolos y ahora no quiere estar en su cuarto. El móvil de la cama o los ositos de peluche no son los suficientemente kitsch para su nuevo gusto.

Pasa el verano, el niño ya tiene un cierto “cuerpo”, algunos hábitos adquiridos, ya pasaron los cólicos porque empezó a comer comida, no tiene reflujo y la familia está felizmente instalada en Montevideo para empezar el año. Cuando estamos por cantar victoria, y empezamos a menospreciar la odiosa frase que escuchamos antes de meternos en el baile… el bebe empieza a cortar dientes.

Y a pesar de que a esta altura debamos reconocer que las abuelas tenían razón cuando decían que al ser mamá no dormís nunca más igual, en el fondo  sentimos que tan grave no era. Porque el niño está sano y lo agradecemos. Y porque un año de noches en vela por alguna fiebre, tos, virus varios y ainda mais no son suficientes para bajarnos los brazos. Y al año y medio, cuando el niño duerme como un bebé –mejor dicho, como un bebé que duerme-, reincidimos y empieza el baile una vez más. Se viene el hermanito.

 Por Carolina Anastasiadis

2 Comments

  1. tania says

    Que lindo y que real! llegamos a la conclusión con mi esposo que estuvimos 3 años sin dormir “mas o menos bien”. Desde que nació nuestro 1er hijo(que tenía 1año y9meses la 1er vez que
    durmió 6hrs corridas) y hasta que la nena cumplió el año!. Se llevan 2 años.Ja ja ja

    Me gusta

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