Mamáaaaa!
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Casados…(CON HIJOS)

Mi marido se queja que no le respondo cuando me dice algo, que estoy un poco sorda. Yo creo que más que sordera, es oído selectivo (obviamente, nunca respondo al “levantás los platos, mi amor”). Doy fe que es “selectivo”, porque sé que tengo un don especial para escuchar cosas que me interesan.

En la playa, soy de las que toma sol atenta al grupito de mujeres que están al lado chusmeando. No lo puedo evitar. Ni siquiera lo hago a propósito,… me siento un poco como Garfield con su lasaña. Empiezo a escuchar y me dejo llevar. Lo que no entiendo o no escucho, lo completo. Las mujeres, muchas cosas ya sabemos cómo siguen. Y amo las historias.

Con los vecinos de enfrente me pasó algo de eso. Fui testigo silenciosa de su relación a partir de muchas mañanas de mate mirando la calle desde mi ventana. Me gusta ver cómo se va despertando el barrio, la señora que saca al perro, el otro vecino que lleva a los nenes al colegio…(En este momento me siento doña chola, con chancletas y medias,…pero estoy en un café,…atenta a la mesa de al lado, obvio).

Decía que con mis vecinos de enfrente me pasó eso de sentir que los conocía, de tanto cruzarlos, me involucré en su historia. Los “conocí” solteros, ellos estaban recién ennoviados y al tiempo los vi con un perro divino que dejaban andar sin correa. Muy como ellos, libre. La llegada de su perro coincidió con la llegada de Jacinto a casa (nuestro perro, que anda CON correa), así que de alguna forma los fui sintiendo espejo. Solo que yo parí primero. Dos años antes.

Al tiempo, ella tuvo bombo y poco tiempo después, una mañana los vi salir para el hospital. Ella creo que es doctora o enfermera (por sus horarios, por su ropa) y de él tengo poco dato, pero calculo será administrativo: pantalón, camisa, buzo. Prolijo pero no ejecutivo. Tampoco tiene cara, más bien todo lo contrario. Usa mochila y riñonera.

Hace un año llegó su nena y pocos meses después, noté que hacía tiempo no lo veía a él con el carrito. Y entendí todo. Le dije a mi marido: “estos se separaron. Este loco no aguantó” A ella, en cambio, la veía lidiar con carro y perro; una leona. Mi marido –mucho mejor pensado que yo- me dijo que dejara de chusmear, que capaz estaba de viaje de trabajo o algo. No me cerró. Algo olía mal.

Semanas después lo vi tocar timbre para recibir al nene. Ella seria, mucho más que en los últimos meses. Ni beso, ni “hola” (creo; eso no lo aseguro, tengo ventana, no micrófono). Chan. Tenía razón. Se separaron.

Y la verdad, entendí. La vi venir en sus caras amargas, en el lenguaje corporal de ambos por separado; en la tensión, en la tristeza. Hace poco, en una charla de embarazadas les decía a ellas que el primer año del hijo es un tiempo de turbulencias para las parejas. Nadie te avisa, pero ES ASÍ. No sé si hay explicación científica pero un sociólogo se haría un festín si se pusiera a estudiar el tema. Nadie discute tanto con la pareja como el primer año del hijo.

En esos doce meses, de manera lúcida o por poco sueño, en algún momento pensás “largo todo, no puedo más”. No entendés por qué él no entiende tu cansancio, tus hormonas, tu sensibilidad; encima a veces te agarra todo eso en un momento en que te estás replanteando LA VIDA…y arde Troya. Él no entiende cómo te altera tanto tener que cambiar pañales y dar teta, si en realidad, estás toooodo el día en tu casa, “haciendo nada”, de “licencia” maternal. Ese es el comienzo.

En algún momento te pasa por la cabeza la idea de largar la toalla; y a él también.  En algunas parejas se habla, en otros queda en ideas. Pero pasa, en el 99% de los casos. El primer año viene cargado, muchas cosas a resolver, dos culturas que amalgamar, muchas madrugadas en vela, dos formas de ver que pugnan por su lugar y una vida que de buenas a primeras pierde todo tipo de referencias; porque cuando nace un hijo, hay un encuadre que se torna difuso. Y cuando las bases no están fuertes, es más fácil largar todo al diablo que sostenerlo. Estamos educados para ello en este mundo de consumo.

Tengo un amigo que será papá por primera vez en pocas semanas. Apenas quedó “embarazado” le dije que bancara a su mujer, que el embarazo no es un estado fácil, que generalmente nos ponemos sensibles y susceptibles y que piense en la recompensa. Hace días me confesó que estaba repodrido, que la mujer estaba infumable, que si banca es porque llegará su princesa…y que de “aquello” ni hablamos. “¿Aquello?”…(¿qué era aquello?)

Hay como una falsa creencia de que los niños vienen a unir, cuando la lógica nomás indica todo lo contrario. Si no tenés demasiado tiempo para conversar ni dialogar cuando no tenés hijos, ¿por qué creés que lo tendrás cuando lleguen ellos?…si algo no te convencía de tu pareja antes y no lo conversaste, ¿por qué pensás que lo va a cambiar ahora que en realidad va a vivir cansado/a? Los tiempos cambian y los espacios también. Menos tiempo, menos espacios. Pronto terminás en la cama siendo 3 (4, si tenés perro). El cansancio complota contra los dos, y probablemente, luego de la tercera fiebre del nene, terminen a los gritos por las migas de la mesa. Reaccionando. No importa el grado de civilización que tengas, un hijo, como espejo, también te muestra tus miserias.

Me senté a escribir esta columna, días después de un asado de amigos…de esas charlas que te hacen sentir que estás bailando la misma que todas/os aquellos que eligieron formar una familia. Cansada, agotada, exhausta, sin tiempo, corriendo atrás de la hora de escuela, de jardín, del club de la nena y tratando llegar a esa reunión. Trabajando como la vida te exige que trabajes a los treinta y pico, queriendo verte bien a pesar de que no tenés tiempo para lograrlo, corriendo atrás de cosas de la casa, de la vida, y queriendo hacer planes con tu marido para el finde aunque cuando lo concretes falle la niñera, llueva torrencial o caigas rendida antes de la hora de la cena. Vale el intento.

El primer año del hijo es un tiempo de turbulencias emocional, de terremoto, de inestabilidad. A veces creo que junto con esas vacunas de la tos convulsa y de la gripe que son obligatorias para la embarazada, deberían indicarnos otra vacuna, una que nos resguarde de ese movimiento inevitable, que nos haga sobrellevar ese resfrío marital como eso que es; un resfrío.

Porque la llegada de los hijos es un tiempo de “desentendimiento superficial”, si elegiste a alguien de buena madera y tuviste un cierto tiempo para echar raíces. A la buena madera, cuando es buena realmente, es cuestión de mantenerla, con pequeños cuidados, más allá de que tengas el foco y la energía puesta en sobrevivir a la gran revolución. El árbol de buena madera, sigue echando raíces contra el viento y, cuando la cosa se asienta (a los 3, 4, 5 años?..), probablemente salga fortalecido. Y florezca.

Por Carolina Anastasiadis

5 Comments

  1. Desde luego la llegada de un bebé supone un reto para todas las parejas. Es necesario un periodo de adaptación de todos a la nueva situación y reordenar los tiempos y roles para que todos tengan su lugar y la relación (pilar en el que la familia se sustenta) no se vea perjudicada. Como bien dices para ello lo importante es que previamente la historia de amor esté bien anclada, en cuyo caso saldrá airosa de las situaciones difíciles. Pero cuando las cosas van mal, normalmente, al contrario de lo que muchos piensan, es un error pensar que un bebé hará que el matrimonio se una. Normalmente supone un elemento de mayores tensiones y conflictos. En definitiva, ser padres es un reto para la relación pero siempre que exista amor del bueno, ganas de cuidar tu historia cada día y mucha paciencia se sale airoso de las dificultades. Qué importante es esa “buena madera” de la que hablas ;). Un beso

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  2. Dolores says

    Genial Caro!!! Coincido 100% con tus palabras. Ni hablar del terremoto cuando llega el segundo y tenés más cosas que amalgamar!! El día que me casé mi Abuelo me dijo que el éxito de las parejas era tener mucha paciencia y tolerancia, ahora me doy cuenta de la razón que tenía!!

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  3. Tania says

    Que lindo!!!!! Siempre me emocionan mucho con sus reflexiones!
    Todas (o la mayoría )las pasamos y que paz te da saber q no sos vos sola!

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