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Melina Bronfman: “hemos diseñado cualquier cantidad de objetos para salvar al adulto de la crianza de un niño”

Melina es argentina y hace cerca de 20 años, desde que fue madre, viene formándose con intensidad en asuntos de crianza. Aunque tal vez su formación empezó antes. Es musicoterapeuta, coach ontológica, es reconocida por su formación y trayectoria en movimiento libre  y fuente de consulta recurrente en temas de apego, colecho y todas las cuestiones que desvelan a  los padres.

Viene a Montevideo a dar una serie de charlas para papás y a formar a profesionales involucrados en la infancia. Previo a su llegada, aprovechamos para consultarla sobre límites, esos “terribles dos” que nos complican a muchos, apego y algunas cuestiones más.

Siempre hablás de la importancia del apego. ¿Cómo le explicarías a una primeriza qué es eso? ¿por qué importa?

El apego es una experiencia que todos los mamíferos precisamos tener por parte de nuestros padres  pero tiene unas cuántas acepciones. Para entender bien el apego es necesario vernos como mamíferos; como tales somos especies que necesitamos de un pedido de parentalidad por fuera del útero. Este “período de parentalidad” debe ejercerse de la manera más eficaz posible, es decir, necesitamos que la presencia materna y paterna sean de la más alta calidad y frecuencia posible. Desde el punto de vista de la biología, ningún mamífero nace en condiciones de tanta inmadurez como el ser humano, por eso se considera que necesitamos de un período extra de gestación por fuera del útero y que debe ser preferentemente propiciado por el mismo organismo que gestó. Ese tiempo, podemos considerarlo como parte del apego necesario para un buen desarrollo físico y psíquico.

¿Se logra incluso si una no puede dar teta?

¡Por supuesto!  Con presencia física constante, no solamente por parte de la madre sino también del padre o de una figura de apego que puede propiciar dicha experiencia. Esta presencia física necesita poseer la característica de ser vincular. El bebé responderá a este vínculo de manera genuina si el adulto está realmente interesado en lo que le sucede al niño y en hacer lo que sea necesario para que éste se sienta bien física y emocionalmente.

¿Es cierto que las conexiones neuronales dependen del apego? ¿Un niño sin cariño se desarrolla menos?

Es cierto. Un niño sin experiencia de apego suficiente tiende a estresarse. Y cuando esta experiencia pobre en apego es recurrente, el estrés también lo es. Tenemos una tolerancia fisiológica al estrés de no más de 15 minutos. Cuando esta se prolonga, nuestro sistema endócrino libera una hormona llamada cortisol cuya función es de protección. Entonces desconecta al cerebro para evitar el sufrimiento y otro tipo de experiencias como daño cardíaco, porque también ante una situación potencialmente amenazante se liberan niveles muy altos de adrenalina (que acelera el ritmo cardíaco).  El cortisol desconecta el cerebro para evitar el sufrimiento pero luego de varias desconexiones recurrentes, como siempre, el cuerpo opta por el camino más económico, y finalmente elige no conectar. Así se van perdiendo posibles sinapsis que finalmente nunca se realizan. El cortisol además produce retardo de crecimiento porque inhibe la absorción del calcio en los huesos y también es inmunodepresor, por lo tanto los niños en general tienen mayor tendencia a enfermarse.

Se habla de los primeros 3 años de vida como fundamentales para el desarrollo cerebral. ¿Qué cosas suceden en ese tiempo o deberían suceder?

A groso modo, lo que sucede es que el cerebro produce una cantidad descomunal de sinapsis que nunca más se vuelven a producir. Nacemos con un 25% de madurez neurológica, a los 3 años de vida llegamos a un 80% y el 20% restante se completa hacia los 20 años de vida. Por eso la importancia de los tres primeros años.

Límites y esos “terribles 2”

¿Cuándo el niño está pronto para salir de la cama de los padres?

Si el niño tuvo una experiencia de apego satisfactoria, en algún momento también necesitará de una experiencia de intimidad y autonomía, y ellos solos son los que piden dormir en sus propias camas, en sus propias habitaciones. Por lo tanto, el niño está pronto para irse de la habitación que comparte con los padres cuando se siente listo para dormir solo.

¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos los papás al criar?

Por un lado olvidarnos que los niños están en desarrollo y, por otro, colocarlos a la par nuestra. Intentamos que ellos nos entiendan cuando tiene que ser exactamente al revés. Hemos creado un mundo adulto céntrico y hemos diseñado cualquier cantidad de objetos para “salvar al adulto de la crianza de un niño” cuando en realidad los niños necesitan de nuestra dedicación amorosa. Obviamente son  experiencias esforzadas, nadie dice que no lo sean, pero hay que saber que esta dedicación cuando es oportuna será por única vez en la vida.

¿Existen los “terribles 2”? ¿Cuál es la mejor manera de sobrevivir a eso como padre?

Sí y no. Existen porque obviamente se ven hoy muchos niños de esta edad con pataletas, pero también diría que un niño que tiene una vida lo suficientemente cuidada y anticipada desde el nacimiento, no llega a esos niveles tan altos de frustración como para estallar en llanto sintiendo que no tiene solución. Porque en realidad la manifestación de los terribles 2 es un cúmulo de tensión que el niño ya no puede soportar y por eso detona.

¿Cómo se plantean los límites? ¿Qué se puede hacer ante un niño que no obedece? ¿Sirven las penitencias o las mandadas “a pensar”?

La mejor manera de plantear un límite es no plantearlo; el error del adulto es no haber avisado. Yo siempre hablo de plantear encuadres, ayudar al niño a organizar su actividad, su espacio, los objetos que puede usar, mostrarle hasta dónde puede llegar y recordárselo las veces que sea necesario. Cuando el adulto silenció todas estas alternativas y luego tiene que “ir a limitar” al niño porque fue demasiado lejos, para el niño es demoledor, porque tiene que retroceder en muchas ideas que tenía pensado llevar a cabo. En cambio, si el adulto le hubiera anticipado el límite, probablemente el niño no hubiera ido hacia esos espacios porque a nadie le gusta frustrarse. Es mucho más fácil reorganizar la actividad que tener que renunciar una vez que se hacen planes hermosos y en el medio te están diciendo que no lo puedes hacer.

Por Carolina Anastasiadis

Nota: Por más info sobre cursos y charlas de Melina Bronfman escribir a espaciosertalleres@gmail.com

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