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Sobre trastornos, castigos y límites

Las personas, en general, nos hemos alejado mucho de nuestra parte más animal. Vivimos en un modo cada vez más racional y menos intuitivo, alejándonos del apego natural, indispensable para nuestros hijos, y lastimando así, los vínculos primarios.

Según Andrea Constanst, Psiquiatra de niños y adolescentes, la Psicología ha contribuido mucho para que esto suceda: “Ninguna mujer del siglo XIX se cuestionaba qué hacer con sus niños. Ahora pasamos preguntándonos todo, tratamos de buscar respuestas desde lo racional y cada vez nos sentimos más inseguras. Cuando los padres se guían por la intuición y confían en su instinto, las cosas con sus hijos funcionan.”

Por otro lado el siglo XXI es el siglo de los derechos. “Del estrés y los derechos”, agrega la Psiquiatra. “Y es tanto lo que hablamos de estos derechos que todo el mundo se olvida de la otra cara de la moneda, que son las obligaciones. Por eso cuesta tanto poner límites.”

En este contexto, existen dos grandes patologías que se inician en los vínculos primarios intrafamiliares: el trastorno de ansiedad por separación y el oposicionista desafiante. Sobre ambos, hablamos con Andrea.

¿Qué es el trastorno de ansiedad por separación y cómo se llega a él?

La ansiedad por separación es la dificultad del niño de separarse de sus figuras de referencia o de su hogar, cuando ya debería estar pronto. La intensa ansiedad puede llegar incluso a una respuesta de tipo pánico. Antes de los tres, el niño está aprendiendo la noción de que mamá está conmigo aunque físicamente no esté presente. Una vez que el niño incorpora este concepto, se puede quedar en la escuela sin problemas. En caso de que le cueste mucho y sea menor a tres años, considero que está bien que se quede en casa jugando con sus cosas, durmiendo su siesta y saliendo con mamá o papá a la placita de la esquina. Al viejo estilo, no precisan otra cosa. No hay que obligarlos a ir a ningún lado. Porque en un futuro, si no vivieron las separaciones sanamente, pueden hacer un trastorno de separación a edades escolares.

Estos niños que sufren la separación a edades escolares, sienten que algo malo les puede pasar a los padres o a ellos, si no están en su casa. También, puede ser que el apego haya sido malo, por lo que los conceptos de permanencia, seguridad y estabilidad a través del vínculo primario, no les hayan sido otorgados y aparece el trastorno.

¿Y cómo surge el trastorno oposicionista desafiante?

También los problemas de apego o de vínculos primarios pueden generar el trastorno oposicionista desafiante. Son niños que muestran oposición y desafío a la norma por la norma. El no por el no, en niveles que no corresponden a la edad cronológica. El principal punto que hay que tratar para curar este trastorno, es el vínculo temprano, donde seguramente esté la respuesta.

Para que se desarrolle este trastorno hay en ese niño una tendencia biológica a la oposición, pero esa tendencia bien manejada puede sacar una gran versión de los niños. Cuando hacemos el tratamiento de los oposicionistas no es para convertirlos en “ovejitas” que digan que sí a todo; lo que tratamos de transmitirles es: hay límites en el mundo, y los límites están para ser respetados. Algo que los niños oposicionistas no pueden tolerar, entonces se convierten en argumentadores, negociadores y trasgresores crónicos, que terminan metiéndose en todo tipo de problemas.

¿Y cómo se puede resolver este trastorno?

Para que sea oposicionista desafiante tiene que tener por lo menos uno de los padres desafiante y autoritario, esa es la parte difícil del tratamiento. Porque justamente el tratamiento lo que busca es curar el vínculo. Y eso es un concepto que a veces cuesta con los papás. Porque curar no significa dejar que haga lo que quiera. Una de las necesidades básicas de los niños son los límites realistas bien puestos. El tema es que los límites no significan castigos. Los castigos no enseñan, castigan. Aún tenemos la ilusión de que a través del castigo el niño aprenda y no se vuelva a portar mal, y es un gran error; sobre todo en el siglo XXI, siglo de los derechos, donde no hay esclavos bien adaptados, donde la gente ya no quiere ser obligada, y tampoco los niños. Hoy, desde que nacen son conscientes de sus derechos. Entonces si nosotros tenemos un niño que genéticamente nació con esta tendencia y lo castigamos permanentemente, vamos a sacar lo peor de él.

Para curar el trastorno oposicionista desafiante debemos poner límites claros, sin castigar, ni gritar, ni amenazar, sino siendo firmes y serenos. Ingredientes que para mí son claves. El castigo coloca el control afuera del niño, y no dentro de él como para interiorizar el aprendizaje. El niño enojado no aprende. Hay que tratar de poner los mismos límites de siempre pero cambiando la forma, de una manera que sí funcione en el mundo de hoy.

¿Qué tan comunes son estos trastornos?

El 90% de los niños que consultan por problemas de conducta son niños normales que les pasan otras cosas. Necesitan padres que les enseñen a controlar sus conductas a través del afecto, del NO y el ESPERÁ. Cuando lo aprenden, aprenden a aburrirse. Cuando los niños en etapa preescolar interiorizan estos conceptos, “soportan” la escuela, porque en clase todo es más despacio, allí no están los estímulos que se encuentran en una tablet.

Por Federica Cash

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