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La experiencia de ser “Familia amiga”

Gracias a esta profesión que disfruto y me define, puedo entrar en la vida de muchas personas cuyas vidas no son “conocidas”, pero son maravillosas. La de hoy es una de ellas…

Hace unos días tuve el placer de conocer a Magdalena Pérez del Castillo (“Cuqui”, para quienes la conocen) que, junto a su marido, tiene cuatro hijos de 12, 10, 7 y 2 años. Ella tiene 38, es Psicopedagoga y cuando era adolescente se planteó adoptar un niño. “Un día le dije a mis padres que quería adoptar a una chiquita del Cottolengo Don Orione, donde iba a ayudar. Pero ya éramos muchos en casa, somos 8 hermanos, así que era difícil.”

El deseo lo volvió a sentir cuando se ennovió con su actual marido, a ambos les gustaba la idea. Pero con el tiempo empezaron a tener hijos, a trabajar en sus profesiones y no había espacio para pensar en algo así. Hasta que su marido vio en televisión que el INAU estaba buscando “familias amigas” y le dijo a su mujer: “esto es lo que tenemos que hacer”. -La “familia amiga” es una familia solidaria que recibe en forma transitoria a un niño/a o adolescente hasta que pueda regresar con su familia de origen o hasta que el INAU le encuentre una solución permanente-.

Sobre el proceso que vivieron desde la toma de decisión, la llegada de Sofía a la familia y las incertidumbres inevitables del caso, hablamos con Cuqui en esta entrevista.

Desde que empezaron a averiguar para ser “familia amiga” hasta que llegó Sofía, ¿cuánto tiempo transcurrió? ¿Cómo se dio el proceso?

Fue rápido. Tuvimos un equipo espectacular del INAU, una psicóloga y una asistente social nos acompañaron durante todo el proceso, se adaptaron siempre a nuestros horarios. Nos reunimos varias veces y después vinieron a casa a conocer a nuestros hijos y a charlar con ellos -todos los integrantes de la familia deben estar de acuerdo con la idea, de lo contrario no se puede aceptar- y también para ver las condiciones de la casa, que éstas fueran las adecuadas para recibir a un niño más. En nuestro caso el proceso duró tres meses aproximadamente; yo tenía un viaje programado y dije que hasta determinada fecha no me llamaran porque no iba a estar; lo hicieron al otro día de haber llegado para confirmarme que nos habían asignado una niña de 5 años. La urgencia de encontrar “familias amigas” quedó en evidencia.

¿Y cómo se dio la elección de Sofía?

Y un poco te la jugás, porque no sabés qué niño va a ser. Nosotros siempre les dijimos que ya teníamos cuatro hijos que eran nuestra prioridad e íbamos a cuidar por sobre todas las cosas. No queríamos por ejemplo que coincidiese en algunas de las edades de nuestros chicos. Pero desde el INAU son los más interesados en que esto funcione, por el niño o adolescente, por la familia y para que la experiencia pueda contagiar a otros, así que tras “indagar” en nuestra realidad para encontrar al niño que mejor se adecue a nuestras características, nos llamaron a contarnos quién era y sobre su historia.

O sea que sabés qué vida trae…

Sí, desde el INAU te dan detalles de su historia y te piden que se proteja; es necesario contar con la información para ver cómo actuar en determinadas situaciones, para comprender mejor al niño.

¿Cómo se dieron sus primeros encuentros?

Fue espectacular. Se dio en la locura de fin de año y logramos disfrutar como familia de la experiencia. Primero la conocimos en el hogar, otro día la llevamos a pasear, a los pocos días vino a casa a pasar el día y luego fuimos con mis hijos al hogar, pero después de 10 días ya estaba viviendo acá.

¿Cómo fue al principio?

Los primeros días cuando se enojaba se iba a un rincón y se ponía en posición fetal, y ahí yo le hablaba, le decía que cuando uno está triste el mejor remedio es el cariño, que uno diga qué le pasa para que otros lo podamos ayudar. Hoy cuando se enoja viene y te abraza, y ese cambio fue en pocos meses, porque está con nosotros desde diciembre. Es como una flor que rápidamente se empieza a abrir.

¿Cómo lo tomaron tus hijos?

Con mi marido siempre fuimos de hablarles mucho, insistimos en que valoren las oportunidades que tenemos, y la verdad que la llegada de Sofi nos cambió la vida. Es un orgullo ver cómo acompañaron los chicos desde un principio. Siempre les preguntamos cómo están viviendo todo esto y el otro día el más grande me confesó: “A veces es difícil mamá, pero en general está re bueno, esto es un acto de empatía.” Ahí me di cuenta que todos nuestros esfuerzos estaban valiendo la pena, por Sofía y por nuestros hijos. Como padres siempre estamos tratando de transmitirles mensajes pero vivir en el día a día la sensación de estar haciendo algo por otro, es muy gratificante.

¿Qué manifiesta ella de todo esto?

Ella estaba soñando con tener una familia, te lo dice. Por ejemplo el otro día pasamos por el hogar donde ella vivía y le dije: “qué lindo que está el hogar”, “sí”, me respondió, “pero a mí me gusta más vivir en familia”.

Desde el primer día que se quedó a dormir todo fluyó, se acostó sin problemas y se levantó a las 8 de la mañana contenta, todo se dio de forma muy natural. Se pelea con mis hijos como si estuviese desde siempre, acá es una más.

Ella nos dice “mamá” y “papá” aunque le decimos que no somos sus padres. El otro día la psicóloga queriendo clarificar sus ideas le dijo que era mejor llamarme de otra manera, porque yo la estaba cuidando el tiempo que ella necesite pero no soy su mamá. Y le dijo, “ya sé, le voy a decir mami entonces”, la psicóloga le explicó que era lo mismo, “entonces mom”, respondió. Ahí nos dimos cuenta que ella necesitaba llamar a alguien así, y a mí no me molesta, hoy estoy ocupando ese rol.

¿Y a ustedes les gustaría adoptarla?

Son caminos paralelos que hoy en día no se cruzan. Una cosa es ser “familia amiga” y otra cosa es la adopción. Hoy lamentablemente no podemos darle la estabilidad de que viva con nosotros para siempre, cuando nos metimos en esto sabíamos que lo hacíamos de forma transitoria. De todos modos, si se pudiera, estaríamos felices de que pueda quedarse con nosotros para siempre.

¿Y cómo pensás que pueden llegar a vivir la separación?

Y tendremos que tratar de ver el vaso medio lleno, todavía no nos pasó, pero vamos a tener que valorar lo que nos aportó ella todo este tiempo, lo que sentimos que le estamos cambiando la vida, lo que la experiencia valió la pena; lo que ella creció, vivió, aprendió, eso por más que duela tuvo sentido.

¿Ella pregunta hasta cuándo se va a quedar? ¿Está en su cabeza esa incertidumbre?

Totalmente. Las primeras noches un día le costó un poco dormirse, leímos un cuento, dos, tres más, hasta que le dije que era hora de dormir. Pidió un cuento más y le dije que le haría uno “de la imaginación”, y empecé: “había una vez una familia que tenía cuatro hijos” y pasé a nombrar a mis niños uno por uno, enseguida preguntó: “¿y yo?”. “Pará, no te adelantes”, le dije, “y un día tuvieron la suerte de conocer a una niña muy linda y especial que se llamaba Sofía, y después de conocerse un tiempo la directora del hogar creyó que era un buen momento para que Sofi se vaya a vivir con una familia amiga por el tiempo que necesite.”

A la otra noche me pidió nuevamente “el cuento de la imaginación” y al final me interrumpió: “Pará ahí, yo quiero cambiar el final… Y pasó a vivir con la familia amiga para siempre…”, concluyó.

¿En qué sentís que ella los ayudó a mejorar como familia?

A ser mejores padres con nuestros propios hijos, hoy en día estamos todo el tiempo mirando quién está necesitando qué, buscándole momentos exclusivos a cada uno, vivimos intentando que la experiencia sea provechosa para todos.

Con mi marido siempre hablamos que la vida nos ha dado millones de oportunidades y nos sentimos totalmente bendecidos con lo que tenemos. De esa alegría nacen las ganas de darle oportunidades a otra persona que no corrió con la misma suerte. Después la recompensa termina siendo mucho mayor que la posibilidad que diste. Antes de dormirnos sentimos mucha paz.

¿Qué te gustaría transmitirles a otras familias?

¡Queremos contagiar! Contarles que vale la pena el esfuerzo. Ya contagiamos a mi hermano y mi cuñada, que tienen además de sus cuatro hijos, dos por “familia amiga”. Da miedo pero hay que jugársela. La vida es transitoria. Si nadie se anima muchos niños nunca van a vivir en familia.

Hoy en día hay más de 2500 chicos que están esperando que alguien les dé una oportunidad. A veces nos quejamos del gobierno de turno, pero creemos que el cambio del país también depende de nosotros… Cada uno como pueda, como le salga, con su granito de arena, puede cambiar muchas realidades.

Por Federica Cash

Por información: 0800-2513

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