Autor: Federica Cash

Aprender a aprender

Por una Mamá Real invitada: Arq. Fiorella Bachechi Cuando el parto quedó atrás y pensamos que todo ha pasado, un “gong” suena en nuestro interior. Error, no todo ha pasado. Arranca un nuevo escalón en la escalerita de la maternidad. Hemos pasado de nivel. Dicen que todo se aprende… y por más que es algo natural, más viejo que nuestra propia existencia, que juega el instinto, que se da naturalmente y la mar en coche, hay que “aprender a aprender” en este dúo madre – hijo que ahora integramos. CAPÍTULO 1 – LOS CONSEJOS Antes de que naciera Clarita, escuchaba muchas cosas referidas a la lactancia, incluso en las clases de parto y en un taller de lactancia que hicimos. La verdad es que daba corte pero hasta “ahí”, ya que el paso previo me tenía más concentrada: dar a luz. Todo el resto lo escuchaba pero sin asimilar demasiado… aún. Pasó el parto, arrancamos el Nivel 2: hay que alimentar al renacuajo. Pucha, ¿qué me habían dicho? Que la boquita de pez, que pezón y …

El Principito y el Árbol de Navidad

Por Belu y Ale De Barbieri El Principito llegó a un planeta que sólo tenía un árbol, era un árbol de Navidad. -¿Qué estás haciendo? preguntó El Principito -Esperando dijo el Árbol de Navidad, en realidad ya estoy cansado de esperar… -¿Esperando a quién? preguntó El Principito -No sé su nombre dijo el Árbol, pero siempre en esta fecha me traen muchos regalos y es mi día más esperado porque por aquí no pasa nadie nunca… -¿El resto del año estás solo? preguntó El Principito -Sí, me quedo solo esperando, porque en realidad nunca vino el del festejo ¿no serás vos? Me ilusiona que aparezca algún día…, dijo el Árbol. Solo me dejan regalos y se van, y vos estás conversando conmigo, nunca nadie se quedó a conversar conmigo tanto tiempo… -Bueno, no sé si soy yo, puede ser… dijo El Principito, y ¿qué es Navidad? ¿es tu apellido? -Navidad quiere decir Nacer, dijo el Árbol. Para mí desde ahora este día será tu cumpleaños, tu nuevo nacimiento ¡y también el mío! ¡Al fin le …

Menos es más

Por suerte hoy la tendencia parece estar de mi lado; soy de las que necesito pocas cosas para estar en equilibrio. Las millones de variedades de un mismo buzo, las tiendas gigantescas, las innumerables ofertas, me abruman y bloquean. No disfruto de comprar. Me encanta que me regalen, me ahorran un trabajo. Mis hermanas se ríen cuando entro a una tienda y salgo con un par de cositas dándome por satisfecha. Admiro a la gente que sabe distinguir entre el montón, que sabe lo que quiere y que no se mezcla con la montaña en liquidación. Cuando tengo muchas cosas me siento fuera de eje, limpio roperos a menudo y llevo ropa a otros que necesitan más que yo en ese momento. Me gusta vivir con pocas cosas. De alguna manera ese desapego me hace sentir más liviana. Cuando vivía en el campo se incendió el techo de mi casa que era de paja. Recuerdo que en plena noche mis padres nos despertaron a gritos, había que salir rápido de ahí. Me demoré un rato, …

La cartita para Papá Noel

Si aún no hicieron la cartita de Navidad…les dejamos algo que escribió el periodista y escritor inglés Carl Honoré en el libro Bajo Presión, que tal vez sirva para pensar antes de hacer esa lista… “Se ha demostrado que el juego básico, puro, sencillo, que hace un niño con un lápiz y un papel o una caja de cartón es mucho más fértil, sano y útil para su desarrollo cerebral. Pero hemos comprado la idea de que para que las cosas sean buenas tienen que costar más dinero, ser sofisticadas y llevar una marca. Existe una cierta arrogancia en esta generación, creemos que el mundo ha cambiado y que tenemos que cambiar la infancia” Compartimos este videíto que IKEA creó para estas Fiestas que refleja lo que los niños realmente quieren…

“Trabajar” en casa con un bebé

Era mi plan perfecto. Mientras estaba en la oficina con 37 semanas de embarazo, comiéndome la segunda banana con dulce de leche del día, me imaginaba en unos meses sentada en algún lugar de casa, cerca de la beba recién nacida, a pasos de la cocina (heladera) y también del baño, con el perro a mis pies, pudiendo trabajar con la tele y/o radio prendida, de pijama y, sobre todo, con la posibilidad de cortar para no perderme ninguna nueva monería. Ideal. La envidia de toda oficinista. Pero cuando una trabaja en la casa, cada día es una excepción. Y les cuento por qué. Hoy llueve y la gorda se despertó bastante antes que de costumbre, a las 6.35 am. Me levanté, la cambié, le hice la mema en la cocina, tras el recibimiento eufórico de mi labrador, eterno cachorrón que se emociona al punto del pis cada mañana que me ve abrir la puerta de su lugar. Esta vez, un poco más inquieto que de costumbre, porque por la lluvia, se inundó el lavadero …