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Primeras vacaciones en familia

Mamá Real Invitada: Jujy Fabini El verano y las vacaciones son sin duda de los momentos que más expectativa generan, especialmente para quienes trabajamos durante todo el año. Como todo lo que ocurrió este año fue diferente desde que llegó Salvador y me convertí en mamá hace más de 9 meses, las primeras vacaciones de Salva, mis primeras vacaciones de “mamá” y las primeras vacaciones “en familia” generan una nueva batería de sensaciones, mezcla de expectativa, ansiedad, curiosidad y responsabilidad. Queremos que todo salga perfecto, y ya no depende sólo de mí y de mi marido y nuestra voluntad de descansar en paz y armonía, sino que entra una nueva ficha, la presencia de ese tercero, alrededor de quien gira todo. Primero: elegir el momento. Primer cambio. Olvidémonos del codiciado enero, considerando que el espíritu de estas vacaciones está muy alejado del ritmo frenético y las multitudes inherente a cualquier rincón del país el primer mes del año. Todo lo contrario. Noviembre, diciembre, marzo, quizás son las opciones a tener en cuenta si necesitamos la tranquilidad necesaria para descansar durante …

La cartita para Papá Noel

Si aún no hicieron la cartita de Navidad…les dejamos algo que escribió el periodista y escritor inglés Carl Honoré en el libro Bajo Presión, que tal vez sirva para pensar antes de hacer esa lista… “Se ha demostrado que el juego básico, puro, sencillo, que hace un niño con un lápiz y un papel o una caja de cartón es mucho más fértil, sano y útil para su desarrollo cerebral. Pero hemos comprado la idea de que para que las cosas sean buenas tienen que costar más dinero, ser sofisticadas y llevar una marca. Existe una cierta arrogancia en esta generación, creemos que el mundo ha cambiado y que tenemos que cambiar la infancia” Compartimos este videíto que IKEA creó para estas Fiestas que refleja lo que los niños realmente quieren…

“Trabajar” en casa con un bebé

Era mi plan perfecto. Mientras estaba en la oficina con 37 semanas de embarazo, comiéndome la segunda banana con dulce de leche del día, me imaginaba en unos meses sentada en algún lugar de casa, cerca de la beba recién nacida, a pasos de la cocina (heladera) y también del baño, con el perro a mis pies, pudiendo trabajar con la tele y/o radio prendida, de pijama y, sobre todo, con la posibilidad de cortar para no perderme ninguna nueva monería. Ideal. La envidia de toda oficinista. Pero cuando una trabaja en la casa, cada día es una excepción. Y les cuento por qué. Hoy llueve y la gorda se despertó bastante antes que de costumbre, a las 6.35 am. Me levanté, la cambié, le hice la mema en la cocina, tras el recibimiento eufórico de mi labrador, eterno cachorrón que se emociona al punto del pis cada mañana que me ve abrir la puerta de su lugar. Esta vez, un poco más inquieto que de costumbre, porque por la lluvia, se inundó el lavadero …

Realidad «decaf» -o maternidad real-

Me encanta el cine pero reconozco que las películas hollywoodenses nos han hecho mucho mal. Ni qué hablar de esas fábulas infantiles y de los cuentos de hadas y princesas que tanto escuchamos de niñas. Y digo niñas, porque a nosotras nos gusta creer en esos mundos encantados, y porque los varones están demasiado ocupados jugando al fútbol como para imaginarse un minuto en los zapatos de Cenicienta.

Abuelita, todo sigue igual

-Celebramos el día de los Abuelos, recordando y volviendo a compartir esta linda nota de Federica Cash- La luz llegó a casa tarde, mucho más tarde que a las casas de mis amigas. Ya no había que esperar a que oscureciera para que papá prendiera el motor, ahora podíamos mirar televisión a toda hora. Aún recuerdo la emoción que sentí al poder prender luces, escuchar música y grabar mis historias a cualquier momento del día. Porque desde chica quise contar historias. Creaba radioteatros, me encerraba en mi cuarto a escribir guiones y después grababa y grababa; actuaba de madre, de padre, de abuela, de niña, yo era todos esos personajes cambiando la voz. De vez en cuando llamaba a un hermano o le pedía a alguna amiga que representara un personaje mientras yo actuaba todos los restantes. Con la llegada de la luz, pasaba horas y horas encerrada en mi cuarto, soñando, creando, actuando y grabando. Cuando el teléfono invadió mi casa -mucho más tarde que en lo de mis amigas, por cierto- la conmoción …