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Mi amiga del parque

Hace tiempo vengo pensando que cuando llega la maternidad y empezás a frecuentar la placita de juegos de tu barrio, ese lugar se transforma en tu nuevo boliche -haciendo a un lado “el levante”, claro-. Con un bebe en casa, tus salidas son más diurnas que nocturnas y la plaza es el nuevo centro de reunión y sociales. Ahí quedás para verte con amigas con hijos, con alguna “amiga tía” dispuesta a alivianarte la tarea por un rato y te encontrás también con varias desconocidas con quienes, al tiempo de verse en el subibaja o tobogán, terminan en miradas cómplices que pasan luego a ser tardes de largas conversaciones. Sabés que con esa mujer que también lleva carrito y usa saco largo (porque sus caderas tuvieron la misma mala suerte que las tuyas) tenés mucho en común. Aunque casi ni la conozcas.

De esa amistad que surge entre mamás cuando están con la guardia baja y de la solidaridad femenina que se refuerza en cada encuentro de plaza, trata la película “Mi amiga del parque”, de la argentina Ana Katz (directora de Una novia errante, entre otras). Son casi 90 minutos en donde se plasma a la perfección ese “estado” tan particular que respira la recién parida.

“Tanto, que no sé cómo decirlo”, dice Liz (Julieta Zylberberg), la protagonista del film, una primeriza que se encuentra viviendo los primeros meses de maternidad. Usa esa frase para responderle a su compañero de trabajo que le pide que le cuente las “novedades” de su nueva vida. Como si una pudiera en tres minutos de conversación liviana resumir ese aluvión de sentimientos y cuestionamientos que llegan a casa con nosotras desde el hospital.

La película retrata en imágenes muchas sutilezas que están en el aire que respiramos las mujeres los primeros meses tras ser atravesadas por la maternidad. Muestra esos detalles que hacen al día a día de la mamá; la soledad en las noches mientras duerme al bebé, la condición de “actrices” que llega con el diploma de madre y que nos permite correr la cortina del baño para decirle “hola bebito, mamá se está bañando”, y luego seguir llorando bajo la ducha por algo que no sabemos exactamente qué es. También habla de la solidaridad femenina que se genera entre las madres, que tiene mucho que ver con el encuentro de soledades y vulnerabilidades, con la palabra de aliento de una desconocida que te levanta el ánimo en la plaza sin saberlo cuando te comenta algo sobre su propio hijo que a vos te tenía preocupada en el tuyo; del hormonazo, que nos aprieta y toca a todas, porque nadie se explica el porqué de algunas de nuestras decisiones posparto; sobre esa primera desconexión con el mundo laboral que no se entera que fuimos madres, y que pretende que seas la misma, cuando ser la misma luego de un parto sería de una estupidez rotunda.

Antes de ver la película, en el pasillo, me advirtieron que no era de risa, más bien todo lo contrario, que por momentos angustiaba. A mí me alivió; este tipo de piezas te confirman que nunca estás sola, que no sos la única a la que le pasan esas cosas, que todas nos perdemos un poco en nosotras mismas cuando nos convertimos en mamás, que el lado “oscuro” de la maternidad es inevitable. Y agradezco que dos mujeres de cine (Ana Katz e Inés Bortagaray, las guionistas), hayan hecho de su trabajo una herramienta para transmitir todas esas cosas que suceden cuando llega el hijo…que son tantas que, cuando nos preguntan, no sabemos ni cómo decirlas.

Nota: Mi amiga del parque estrenó el jueves 26 y está en varios cines.

Les dejo el trailer

Por Carolina Anastasiadis

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