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Embarazo ectópico -en primera persona-

Mamá Real invitada: Lucía Sánchez

Hoy celebramos el cumpleaños número 4 de mi primer hijo. Corrí atrás de los niños, divertida. Até cordones, hice cosquillas y sana-sana, acompañé al baño, di besos de todos los tipos… Mi plan (que es el nuestro, pero como sale de mí, será en primera persona) era tener dos hijos al día de hoy. El primero llegó antes de lo esperado. Recién me había casado y juré que iba a costar más quedar embarazada. Tuve un embarazo y un parto envidiables, sin ninguna complicación, súper disfrutables. Después de eso, pensé que el segundo sería muy planificado. Había que organizarse. Demostrando en cada movimiento lo obsesiva que puedo ser, el año pasado fui a visitar a mi ginecólogo para prepararme. Hice análisis, descubrí algunos valores a corregir, hice dieta, inicié tratamientos, salí a correr, pensé fechas posibles de parto que me vinieran bien con mis zafras laborales, y un sinfín de detalles más. Cuando entendí que era el tiempo, intenté concebir y sentí de inmediato que estaba embarazada.

Una noche, unos amigos vinieron a cenar a casa. En un momento me empecé a sentir muy mal y disimulé los calambres yendo al baño. Pensé que quizás fuera algún tema digestivo normal en los embarazos y que había tenido mucha suerte con el anterior. Se pasó rápido, pero lo que no se pasó más fue la sensación de que algo estaba mal. Me pasé toda la noche leyendo cosas. Al otro día me hice un test de embarazo. Negativo. Obvio, era muy pronto para detectarlo. Pensé en ir al médico igual, pero ¿y si iba y realmente no estaba embarazada…? Seguramente no fuera la primera que, en el entusiasmo de la búsqueda, mostrara signos de embarazo que son pura cabeza.

En los días siguientes sentí muchas cosas y todas me decían que estaba embarazada. Decidí esperar unos pocos días y hacer otro test. Ese sí dio positivo, pero tuve un leve sangrado mientras estaba de vacaciones, muy lejos de Montevideo. Otra vez no sabía qué pensar. Nadie sabía todavía del embarazo, solo nosotros dos. Decidimos eso por el bien de nuestro hijo. Queríamos cuidarlo y que no supiera muy temprano para evitarle esperas larguísimas. Volver a casa antes de lo planificado sería poner en evidencia la situación. Me tranquilicé a la fuerza y, como no pasó nada más, aproveché para estar lo más quieta que pude. Reservé la primera hora que encontré para ir al médico a la vuelta y esperé.

Mi ginecólogo me hizo el carnet y me mandó los estudios correspondientes a la primera consulta por embarazo. Fui a la primera ecografía con el cd en mano. La sensación de que algo no estaba bien no me había abandonado, pero estaba más tranquila. Cuando el ecografista vio que el embrión de nueve semanas existía pero estaba ubicado en la trompa derecha sentí como, de golpe, todos mis miedos se hacían realidad. Embarazo ectópico. Estaba vivo todavía y lo vi latir en colores en la pantalla. Fue la única vez que lo vi. Me invadió una tristeza que nunca había sentido. No lo iba a conocer nunca, ni siquiera sabría si había sido nena o varón. No podría ponerle un nombre… pero ese que veía era mi hijo y me tocaba despedirme para siempre. ¿Cómo podía ser que, de tantas personas que hay en el mundo, me tocara a mí vivir algo que es raro para la medicina? Escuchaba lo que me decían, pero casi sin escuchar. Mantuve la calma mientras me decía que tenía que ir a internarme urgente. Camino a casa, me repetí en voz alta varias veces que era inviable y no quedaba otra que la operación intentando consolar a mi esposo. Llegué para armar el bolso y llamar a mi madre. No sé muy bien cuál es el poder mágico que tienen las madres, pero con ella me largué a llorar fuerte. ¡Cuánta tristeza…!

Me fui a internar. En la guardia, me miraban sorprendidos cuando les conté por qué iba. Se ve que era raro nomás… Me explicaron que era un tema de azar. Por algún motivo ese óvulo fecundado fue un poco más lento y no llegó a destino, pero no tenía que ser un tema importante a futuro. Me operaron al otro día en la mañana. Laparoscopía. Salpingectomía, para ser más exactos. Me fui de alta doce horas después con un dolor emocional mucho más grande que el físico. ¡Y eso que dolía! Todos me miraban con compasión y me querían transmitir que no había problema que, incluso con una trompa menos, no iba a tener dificultad para tener otro hijo en pocos meses. Pero este hijo ya no estaba y ahora tenía un hueco. Lo tuve que dejar ir… Y sé perfectamente que no era viable, que tarde o temprano iba a ser una complicación mucho más grande para mi salud, que lo detectaron a tiempo y tuve suerte. ¡Pero era tan deseado…! Igual, como tantas otras veces, respiré hondo y me hice la fuerte. Tenía que serlo por mi otro hijo que me esperaba en casa. Él necesitaba a su mamá entera y disponible para él. Más tarde me di cuenta de que yo lo necesitaba a él. En esos días en que estuve con dolor me contó cuentos para que me durmiera, me inventó canciones para que me mejorara, me dio besos en la frente y me demostró, una vez más, que el amor todo lo puede.

Aprendí muchas cosas en este tiempo, pero podría resumirlo en que soy afortunada. Sí, es cierto que estadísticamente ligué muy mal, pero tengo mucho que agradecer. Soy afortunada por tener un gran soporte familiar y de amigos que me apoyaron en este tiempo. Por haberme reconocido como animal durante mi primer embarazo y el parto, y confiar en el instinto que me dijo desde un comienzo que algo estaba mal. Por conocer mi cuerpo y mis tiempos, y así reconocer cada signo y consultar a tiempo. Por contar con un ginecólogo con una calidad humana fuera de serie en el que confío y por quien me siento cuidada. Por vivir en este tiempo, en el que la medicina pudo salvar mi vida al detectar el embarazo ectópico bien temprano y operarme de esta forma menos invasiva. En otro momento las mujeres morían por esto más frecuentemente y yo ni siquiera sentí dolor previo. Soy una afortunada por saber que puedo mantener mi plan: sigo teniendo otra trompa que puede hacer la tarea de dos, y aún sin tener ninguna podría tener otro hijo… solo costaría un poco más.

También aprendí que son muchas las mujeres que pasan por situaciones como esta, pero no nos enteramos. Quizás no exactamente la misma, pero sí de pérdida. Yo misma no lo conté a casi nadie, y sin embargo me pasó. En estos días me fui enterando de varios casos similares y me sentí menos “bicho raro” y eso también colaboró. Mucha gente pasó por lo mismo y logró la foto de madre feliz con bebé en brazos. Mi propia abuela tuvo dos hijos después de un embarazo ectópico, así que no estaría aquí para contar este cuento si ella no lo hubiera intentado después de esa experiencia. Con mi testimonio solo pretendo decir “te entiendo” a quien esté pasando por esto. No es fácil. Duele. Duele el cuerpo después de la intervención, y más de lo que hubiera imaginado. Duele el corazón por lo que pudo haber sido y no fue. Pero hay que seguir caminando y seguir intentando.

Hoy celebramos los 4 años de mi primer hijo, y se cumple un mes de la operación. Ya no duele lo físico, y el corazón va curando. La esperanza sigue intacta: seguro que en breve tendré buenas noticias.

 

1 comentario

  1. Rosario Figueroa says

    Querida Lucia tengo el placer de conocerte y saber la clase de persona que sos, sensible, compañera y terrible madre.
    Yo recorrí el mismo camino que vos hace muchos años, no tuve la suerte de que lo detectaran tempranamente lo que casi me cuesta la vida pero a pesar de todo pude tener otra hija.
    Leo tu testimonio y te puedo decir que nunca jamás pude poner en palabras ese sentimiento, de verdad me siento mas que identificada contigo, y se que tu fortaleza hará que salgas adelante, Como tu decís tenes mucho a tu favor, un hijo hermoso y sano, un marido que te quiere y acompaña y una familia que los respalda.
    Dale tiempo al tiempo, que la herida va a sanar, no vas a olvidar lo que pasaste pero en algun momento pasara a ser un recuerdo que ya no dolerá tanto.
    Un abrazo grande.

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