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El juego, revelador de sentimientos

En la primera infancia, EL JUEGO ES TODO; es la forma de expresión de los niños por excelencia, es la manera de comprender el mundo, el mejor camino para asimilar situaciones, y de contribuir a la formación del SER.

Jugar nunca es perder el tiempo, en ninguna etapa de la vida. En la niñez, es a través del juego que los niños se descubren a sí mismos y experimentan de manera simbólica todo lo que está “ahí afuera”.

Sin embargo, aún se siguen escuchando expresiones del tipo: “No hizo nada, solo jugó”, subestimando la maravillosa acción.

Para darle la verdadera dimensión que tiene el juego en la niñez, hablamos con la Psicóloga Ana Inés Cuevas, quien nos brinda más fundamentos sobre su incuestionable valor en estas etapas.

¿Qué tan importante es el juego en el desarrollo del niño?

El juego es su forma especial y primordial de expresión, por eso es tan importante para el desarrollo no solo físico sino también emocional y social. Es fundamental que el niño juegue. Así se relaciona con el mundo, manifiesta cómo se percibe a sí mismo y al mundo que lo rodea. Con el juego, el niño elabora situaciones, reproduce vivencias de la vida cotidiana y momentos que tienen un impacto emocional en él; a través del juego logra traducir todo lo que siente. Son muchos estímulos que le llegan del mundo, y jugando logra incorporar y traducir a su propio lenguaje lo que está afuera.

A través del juego ellos aprenden, no hay otra forma a esas edades. Si ellos no vivencian el aprendizaje, si no lo significan no lo aprenden, en cambio jugando logran asimilar disfrutando. Aprenden de normas sociales, de límites, de tener que esperar porque tal vez otro hermano o amigo tiene el juguete deseado, aprenden a vivir en sociedad.

¿Qué es lo esperable en cuanto al juego en las diferentes etapas de la niñez?

Al principio es un juego egocéntrico, está muy centrado en sí mismos, y sumamente corporal. De bebés aprenden a jugar con sus manitos, sus patitas, sus caritas. En las primeras edades no saben jugar con otros, es un juego más bien de exploración, buscan a través de sus sentidos. También hay mucho de causa – efecto. Prueban a ver qué pasa si tiran una torre, por ejemplo, y ven que al hacerlo se cae, así van repitiendo la acción para comprender.

Después, de a poco, van integrando diferentes personajes en su historia, van armando cuentos, tienen un proceso de elaboración más largo, y lo importante justamente es ese proceso. Tal vez pasan horas armando una pista y después la desarman, porque lo que les interesa en realidad es ir construyendo. De a poco se va convirtiendo en un juego compartido y simbólico, con personajes, historias, con contenido, y más adelante entre los 4 y 5 años de edad, ya pueden empezar a jugar con reglas, los llamados “juegos reglados”, que son más ordenados y estructurados.

Por Federica Cash

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