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Psc. Lorena Estefanell: “Las mejores parejas son las que pelean bien”

Por lo general en nuestro blog hablamos de crianza y maternidad, y temas como la pareja, si bien los hemos abordado, quedan en segundo plano. Sin embargo, para sostener de forma saludable el desarrollo de nuestros hijos así como el de la familia, hace falta que los pilares de la casa construyan un vínculo fuerte que por momentos se puede desdibujar en esto de ser padres, pero que tiene identidad propia.

Para conocer los desafíos mayores que tiene una pareja en el tiempo, los conflictos más comunes y los ingredientes necesarios para que se mantenga unida, hablamos con Lorena Estefanell, Psicóloga cognitiva, docente en Ucudal y consultora internacional de CMI Interser.

En consulta, ¿cuáles son los problemas más comunes que ves en la vinculación de las parejas?

Los problemas son básicamente de comunicación, en algún punto, intuitivamente, las parejas tienen bastante claro que el conflicto pasa por ahí. John Gottman, un reconocido terapeuta de parejas, dice que el 70% de los problemas que tienen no se van a resolver nunca, a esos le llama problemas perpetuos. Si considerás una pareja de seis meses de vida vas a ver que discuten por los mismos problemas que 20 años después. ¿Y cuáles son las parejas que sobreviven? Según Gottman, las que saben conversar con afecto sobre sus problemas perpetuos, las que saben pelear bien, las que tienen una gestión buena de sus conflictos. Cuando una pareja dice que tiene problemas de comunicación cree que los tiene porque no sabe resolverlos pero en realidad lo que no sabe hacer es hablar de sus dificultades, porque probablemente sean perpetuas, y por tal motivo aprender a hablar de ellas, tener una buena habilidad conversacional, es indispensable para que el vínculo sea exitoso. Es muy común que la gente crea que las mejores parejas son las que no pelean, ¡las mejores parejas son las que pelean bien! Hay parejas que en 20 años no se pelearon nunca y el día que lo hacen se separan, y hay parejas que se pelean todo el tiempo y lo hacen tan bien que tienen muy buena gestión de sus conflictos.

Una técnica que se usa mucho en la evaluación de pareja es invitarlos a discutir sobre un problema que tengan. En la observación empezás a ver algunos patrones de conversación muy comunes en aquellas que no saben dialogar: la descalificación, el foco siempre puesto en el otro, el conteo emocional (“yo hago esto, yo hago lo otro”), la actitud defensiva en vez de intentar entender al otro, etc.; estas son actitudes que deterioran el vínculo. El tipo de interacciones que tienen, el balance entre las interacciones positivas y negativas, la forma en cómo la pareja conversa y resuelve sus diferencias, son algunos de los predictores de funcionalidad, o no.

Y me imagino que cuando llegan los hijos se complejiza todo…

El hijo mejora lo que está bien y empeora lo que está mal. La llegada del hijo los transforma en familia y ahí las reglas cambian. La manada empieza a tener una nueva cultura -el hijo exige que eso pase- y las parejas empiezan a crear un conjunto de lemas. Cada uno viene con su lema familiar, con su historia, y si los patrones son más o menos compatibles o no se rozan, la pareja logra salir adelante. Sin embargo, siempre es un cambio, una crisis vital el nacimiento de los hijos, porque la pareja tiene que aprender a ser familia que es bien distinto a ser dos. En algún punto, la familia exige que nos pongamos de acuerdo en cuál va a ser nuestro lema y cuáles van a ser las nuevas reglas. Ahí es cuando empieza un ajuste que tiene que ver con la forma de hacer las cosas.

Las personas tenemos programas metaemocionales que se refieren a la manera en cómo manejamos nuestras emociones. Hay personas que explotan, hay otras que son catárticas, otras reservadas, están las que rumean, otras que conversan, todas son maneras de manejar una emoción. Cuando la pareja tiene programas parecidos hay buenos ajustes, como cuando ambos son explosivos, pero cuando tienen programas muy distintos (por ejemplo ella explota y quiere resolver, él se retira, quiere distancia y espera que la ola pase) ahí es cuando la pareja se enfrenta al desafío de definir una nueva forma de gestionar las emociones en conjunto, que en definitiva no va a ser ni la de uno ni la del otro sino que van a tener que acordar una nueva, ahora que son familia.

Pensar en un hijo como una solución para los conflictos de pareja es incorrecto; el hijo en realidad es una crisis, es un cambio enorme, y con qué capacidad la pareja logre superar ese desafío, definirá el éxito o el fracaso de la unión.

¿Y qué pasa cuando se traen lemas muy distintos?

Hay una frase que me encanta que es: “No hay parejas felices, hay personas felices en pareja.” En ese vínculo se juega mucho la psicopatología individual; una variable que ha sido muy vinculada a la salud psicológica es la FLEXIBILIDAD. La flexibilidad psicológica genera buenos vínculos de pareja, de amistad, de todo tipo. Es la capacidad de darte cuenta que tu forma y tu mente no son las únicas, existen otras mentes que no te tienen porqué gustar pero las podés aceptar.

También la durabilidad de la pareja está condicionada por aquellos lemas con los que puedo convivir y aquellos con los que no. Siempre que hablo con parejas que todavía no se consolidaron en matrimonio les digo que elijan bien sus problemas perpetuos, aquellos que pueden tolerar. Les pongo el ejemplo de un carrito de supermercado en donde hay un montón de cosas ricas pero también hay queso, y si sos intolerante a la lactosa ese carro no es para ti. El carro posible es aquel que no contenga ningún alimento que te caiga mal.

Por último, la TRASCENDENCIA también está vinculada al éxito de la pareja; es cuando el otro te convierte en la mejor versión; el otro te permite ir más allá de vos mismo y formar juntos algo mejor, aún con los problemas perpetuos que esto ocasione.

En resumen, las parejas que pueden atravesar crisis y salir airosas tienen buenos elementos de salud; discuten bien, son personas flexibles que se pueden entender, hay confianza, compromiso, hay interacciones negativas pero también positivas y sostienen buenas estrategias de reparación, es decir, se encuentran bien después de la debacle, se logran perdonar. Todos estos indicadores positivos se pueden unificar bajo el título de BUENA COMUNICACIÓN.

Por Federica Cash

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