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¡Termina el año y es tiempo de agradecer!

Inevitablemente, en esta época del año, solemos acelerarnos un poco más de lo habitual. Se organizan despedidas, salimos a comprar regalos como locas, corremos atrás de los acontecimientos y llegamos con la lengua afuera a las fiestas de fin de año de las escuelas/colegios de nuestros hijos.

Para aprender a vivir con sentido este último tirón, disfrutarlo y no padecerlo, y encontrar la manera de que sea un tiempo rico en aprendizajes para todos los miembros de la familia, hablamos con la Psicóloga Marianella Ciompi, quien nos da buenas ideas para ir paso a paso y así conectar mejor con nosotras mismas y con quienes nos rodean, -especialmente con nuestros hijos-.

¿Cómo podemos disfrutar de este último tiempo del año y no simplemente soportarlo?

En estos últimos meses solemos estresarnos y es muy importante frente a esta realidad aprender a priorizar; no hay que ir a todo ni necesitamos tantas cosas. Este tiempo viene bien para darle importancia a lo verdadero. Son momentos oportunos para enseñar determinadas actitudes a nuestros hijos. Es una época ideal para ayudarlos y acompañarlos a cerrar una etapa de la mejor manera posible y que aprendan a concluir los ciclos desde chiquitos.

¿Y cómo se cierra una etapa “de buena manera”?

A veces son duelos que se cierran inevitablemente y se hacen un montón de rituales que ayudan a terminar ese ciclo. Pero en esto del cierre de año, fin de la escuela o colegio, se viven un montón de cosas no solo en lo académico sino en toda la rutina de la casa; dejamos de correr por las mañanas, de preparar viandas, de hacer “cadenas”, etc. Muchas cosas se enseñan alrededor de la rutina para ir al colegio, como la responsabilidad. Lo que pasa que generalmente hacemos todo de forma automática y no valoramos lo que nos enseña la rutina. Cuando uno va a cerrar esta etapa debería darse un tiempo para valorar, mirar en perspectiva y agradecer.

¿Qué cosas concretas podemos hacer con nuestros hijos para que aprendan de este cierre?

En esta época en la que estamos acelerados y cansados muchas veces terminamos poniendo plata en un colectivo para sacarnos el tema de arriba. Y no es que esté en contra de esta modalidad pero hay que evitar caer en la vorágine de querer “resolver problemas” sin encontrarle un sentido. Uno piensa, qué pena que solo queramos sacarnos temas de arriba cuando en realidad podría ser una enseñanza para que nuestros hijos aprendan a terminar el año de buena manera. ¿Y qué implica esto? Que debemos ser agradecidos con las personas que acompañaron a nuestros hijos durante todo un año, que nos ayudaron a educarlos de una u otra manera, agradecidos con la maestra, con la profe de música, de educación física, con todas las personas que han intervenido en sus vidas y por ende en la de nuestra familia. Una forma es sacarse de arriba el tema y poner en el colectivo y otra muy distinta es hablar con nuestros hijos de estos temas; a veces ellos tienen muy buenas ideas para agradecer que a nosotros no se nos habían ocurrido.

“¿Cómo se les ocurre agradecer el año que tuvimos juntos?”. Con esta pregunta empezamos a recorrer con ellos lo vivido; el mejor cuento de las buenas noches por estos tiempos es recordar a estas personas que amorosamente caminaron con nosotros durante el año. Primero porque los ayuda a valorar, a que puedan darse cuenta lo importante, y ahí vemos cuál es la forma de agradecerles: “hagamos galletitas y las llevamos al colegio, hagamos un dibujo en familia o un cuento y llevémoslo de regalo”. Capaz además de esto ponemos plata en el colectivo, pero ¡qué distinto es pensar que podemos hacer algo con nuestras manos para esa maestra que me tuvo paciencia! Sin dudas, no tiene la misma repercusión afectiva en la vida de nuestros hijos y nosotros queremos que las cosas buenas les queden grabadas, ¿o no?; para eso tiene que dejar “huella” en la amígdala, como siempre digo, que es la parte emocional del cerebro. Hay que tener claro que los buenos cierres llevan tiempo y llevan afectos. Si nuestros hijos hacen un buen final, no tengan duda que la apertura del año que viene va a ser distinta. Lo que aprenden de chiquitos les queda de por vida.

¿Y por qué es bueno ser agradecidos?

La gratitud es el don de quienes son capaces de apreciar lo que reciben. Creo que a todos nos viene muy bien trabajar esta virtud. Hay gente que es naturalmente agradecida, que está en un lugar de humildad, de saber quién es y que no lo merece todo, pero hay otros que nacen “agrandados”. Sin embargo, esta actitud se cultiva y se puede aprender desde chiquitos. Una etapa de evaluación como ésta, suele ser un tiempo ideal para aprender lo que es la gratitud. Varios estudios dicen que ser agradecidos tiene un fuerte impacto en nuestro estado de salud general, es bueno para nuestros cuerpos, mentes y relaciones. Uno, intuitivamente, se acerca más a la gente agradecida que a los ingratos. Quienes suelen agradecer, tienen menos síntomas de enfermedad y depresión, ¡sí valdrá la pena enseñar esta virtud! No es la felicidad la que nos hace agradecidos sino la gratitud la que nos hace felices. Hay que dar vuelta estos conceptos. Y en esta época donde empezamos a pedir a Papá Noel, a los Reyes Magos y aparecen los regalitos de fin de año, no perdamos de vista que la gratitud es valorar lo que tenemos. Es una invitación a bajar las revoluciones con las compras.

Cuando mis hijos eran chiquitos hice un juego en casa que tenía como meta que se quejaran menos. Ellos estaban en una época donde comparaban todo, así que abrí una caja de zapatos, le hice una ranura y le dije al más grande que era el único que escribía que él era el encargado de recibir las quejas de sus hermanitos y ponerlas por escrito en la caja. De noche, cuando abríamos la caja, para mi sorpresa, siempre decían: “ah, pero eso ya pasó”, “en realidad eso no era tan importante”. Ellos mismos siendo tan chiquitos como eran se daban cuenta de que lo que los sacaba de quicio en un momento, no era vital. Si como adultos demoráramos las quejas y dejáramos que pase el tiempo un poco, nos daríamos cuenta que la mayoría no son importantes.

Además de este ejemplo con tus hijos, ¿qué otras tareas podemos hacer en casa para aprender a ser agradecidos?

Sugiero dos actividades que nos pueden ayudar en esta época del año: una es poner un “bolsillo” de cartulina en la heladera y de noche escribir todas las cosas por las que tenemos que dar gracias ese día que pasó y ponerlas allí. Una vez por semana podemos juntarnos a abrir los papelitos y ver qué es lo que estuvimos agradeciendo. Todos los días tenemos motivos para estar agradecidos y escribir esas cosas nos ayuda a concretar ese sentimiento. Después, otro juego posible es hacer letras y recortarlas, entreverarlas e ir sacando de a una; con cada letra podemos pensar en algo o en alguien con quien nos sintamos agradecidos.

Por Federica Cash

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