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Melina Furman: ¿cómo aprender más y mejor?

Compartimos aquí la segunda entrega de la charla que mantuvimos con la argentina, master y doctora en Educación, Melina Furman, antes de tomar el buque a su casa. Cada respuesta es una joyita para entender la educación no solamente en términos formales, sino como una instancia de relacionamiento entre grandes y chicos, y como oportunidad para bucear en los intereses y perderse en esas búsquedas de la mano.

Hablamos aquí sobre qué escenarios permiten comprender más y mejor lo que se quiera aprender, y acerca de los errores más comunes que cometemos como adultos a cargo -padres, madres, maestros, maestras-. Al final, un video para profundizar en las inteligencias múltiples que vale la pena.

¿Qué contextos son necesarios para aprender en profundidad?

Algo importante es que sea un contexto cognitivamente estimulante, rico en estímulos, pero que también sea proclive a que puedas explorar sin penalidad de si metes la pata. Que puedas ensayar y volver a intentarlo sin miedo a equivocarte, un contexto que favorezca la exploración, el juego, con acompañamiento y guía, no espontáneo. No es cuestión de tirar a los chicos en un parque de diversiones y que aprendan solos las leyes de la naturaleza, sino más bien actividades pensadas por los adultos donde los chicos tengan un rol protagónico. Lo que está implícito es un ambiente afectivo seguro, donde haya motivación pero también la certeza de que hay otro que me va a acompañar, que me va a mirar a los ojos, que le importa lo que tenga para decir; hay mucho estudiado sobre la importancia de lo afectivo para que los chicos puedan aprender, sobre todo las cosas que no les salen tan fácil en la primera.

Y profundizando en este tema, ¿qué actitud tiene que tener ese adulto para acompañarlo a aprender mejor?

Una de las grandes llaves de aprender a aprender es qué hacemos cuando algo nos cuesta y tenemos que salir adelante, cómo podemos superar las frustraciones. Carol Dweck, una investigadora, trabajó durante toda su carrera en evaluar cómo los chicos se aproximaban a algo difícil; ella los dividió en dos tipos de abordaje: la mentalidad fija, que describe que si algo no me sale es porque no soy lo suficientemente bueno, y la mentalidad en crecimiento, growth mind, que habla que si algo no me sale bien es porque todavía no lo intenté lo suficiente. En Japón, por ejemplo, decir que “soy malo en matemáticas” es un papelón, nadie diría eso, porque es poner en evidencia que todavía no se practicó lo suficiente. Entonces, ¿cómo ayudar a que los chicos tengan una mentalidad en crecimiento? Elogiando el esfuerzo, el proceso, no tanto el talento y la inteligencia, así contribuiremos a una mentalidad fija.

Con respecto a esta idea, hay un experimento que describe estas dos mentalidades: en una clase de matemáticas se armaron dos grupos que debían resolver un problema. Al terminar, a un grupo que lo resolvió bien se lo elogió por su inteligencia: “¡qué genios!”, algo muy típico, y al otro grupo lo felicitaron por el esfuerzo, “¡se ve que trabajaron mucho!”. A la hora de elegir nuevos desafíos, los que recibieron el elogio al talento se terminaron tirando a menos, eligieron los más fáciles porque de algún modo se ponía en juego su autoestima, no querían que si no les salía pensaran que no eran inteligentes. Y a los otros, a los que se les elogió el esfuerzo, optaron por cosas difíciles, porque no estaba en juego su capacidad. A mí me impactó mucho eso como mamá, y de hecho lo practico un montón con mis hijos, tanto que ya se dieron cuenta y me hacen burla, pero creo que en el fondo les quedó grabado. Trato de combatir eso de “soy bueno en esto, no soy bueno en esto otro”, que es verdad en algún punto, todos venimos de fábrica con cosas mejores que otros, y viceversa. Pero para mí una idea que es potente es pensar en la inteligencia como un repertorio; a cada uno nos toca un cierto perfil, cosas que nos salen más fáciles que otras, pero lo que sabemos en educación es que todas se pueden seguir profundizando. Todas se pueden desarrollar. Solo hay que esforzarse y trabajar.

Por Federica Cash

 

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