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Descubriendo el mundo, juntos

No es extraño que con la llegada de los hijos los adultos volvamos a enamorarnos del aprendizaje. Ellos son la puerta de entrada a la curiosidad más honesta, a la ingenuidad que nos mantiene humildes y en actitud de eternos aprendices. Si lo permitimos, podemos contagiarnos con sus dudas, sus ansias por conocer, por desplegarse y preguntarse.

Durante la cuarentena, muchos pudimos descubrir la aventura de aprender junto a nuestros hijos a partir de las preguntas que ellos traían. Otros nos animamos a transformar nuestra casa en una especie de laboratorio, para descubrir y buscar respuestas como parte del viaje de estar juntos. Para hablar de esta oportunidad así como de los mitos del aprendizaje, una vez más, charlamos con la argentina Melina Furman, Bióloga y Doctora en Educación.

(Al final encontrarán un video de una parte de la charla que mantuvimos y una de sus charlas TED para que la conozcan mejor).

¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos como padres o maestros?

Una de las visiones de vieja data del aprendizaje es que hay que tirar a los chicos a la pileta para que aprendan a nadar. Poniéndoles desafíos demasiado lejanos, van a sobrevivir. Y la verdad es que eso funciona con muy poquitos. Hay niños que aprenden pero con un costo afectivo muy alto de trauma que después tiene consecuencias para el resto de la vida, pero la mayoría no aprende así. Creo que no nos damos cuenta la importancia que tiene ponerles desafíos alcanzables. Ni muy lejos ni muy cerca; tirarlos a menos también hace que muchas veces se aburran y se sientan subestimados. Fabricar propuestas que queden a una medida justa, es una artesanía. No hay recetas, y cada uno con sus hijos lo va intentando. Es lo que hacen los buenos docentes también. En educación esto tiene un nombre técnico, se llama: zona de desarrollo próximo, que es eso que podés hacer con más esfuerzo o con algo de ayuda.

Yo uso mucho la metáfora de cruzar el lago; uno va poniendo las piedritas para que el otro tenga que dar un paso y se esfuerce y así llegue a la otra piedrita, y a la otra, hasta cruzarlo. Lo ideal es ponerlas ni demasiado cerca ni demasiado lejos, que traducido a la vida real es acompañar sin extinguir el esfuerzo propio pero sin dejárselas demasiado lejos. Así el aprendizaje pasa a ser algo placentero.

¿Qué situaciones podemos crear en casa para que los chicos sigan aprendiendo y quieran saber más?

Una de las cosas que me ayuda es pensar en la inteligencia como un repertorio, en las inteligencias múltiples, una idea de los años 80′, no porque sean las únicas pero es una lista de “modos” de encarar el conocimiento que me permite pensar en actividades para hacer. Por ejemplo, una es la inteligencia lógico – matemática y verbal, que son las clásicas que valora el sistema educativo más formal, la inteligencia musical, la cinético – corporal (que es la que tiene una bailarina o un coreógrafo), la espacial, la inteligencia naturalista que tiene alguien que explora la naturaleza y saca conclusiones, la inteligencia intrapersonal que es la de mirarse para adentro, saber qué siento, cómo estoy, cuáles son mis fortalezas, y la interpersonal que es la que nos ayuda en la relación con otros. Estas dos últimas se pueden agrupar en inteligencia emocional. Pensar en ese repertorio ayuda a imaginarnos actividades para hacer. La lógico – matemática se desarrolla resolviendo acertijos, o midiendo y calculando. Se puede trabajar con la inteligencia intrapersonal mediante la escritura de un diario que cuente cómo te sentiste o con lectura de ficción que invite a pensar cómo se habrá sentido tal o cual personaje, o qué hubieras hecho vos en tal situación; la inteligencia musical la podemos desarrollar haciendo música con ellos, cantando, bailando, etc.

La cuestión es pensar cómo disfrutar el tiempo que estamos con nuestros hijos, considerando que esa conexión ayuda a que puedan desplegar lo que les gusta y volver a esta idea de que aprender y desarrollarse es algo placentero. No es algo que se hace en la escuela únicamente sino que es algo para la vida.

Además, si bien uno trae en su esencia aquello en lo que es “bueno”, la práctica siempre ayuda a desarrollar nuevas habilidades…

Totalmente. Cuando uno lo intenta la cosa se va desarrollando. La práctica no tiene muy buena prensa. Está muy asociada a “lo tradicional”, pero si ves las investigaciones de cómo las personas aprendemos, la práctica tiene un rol clave en afianzar las ideas. Una de las cosas que a mí me sorprendió como mamá, de estas investigaciones, es que uno siente que solo tiene que practicar lo que le sale mal, pero lo que uno ve en las investigaciones es que practicar lo que nos sale bien es sumamente importante para sentirnos seguros, autoeficaces y confiados. Tener esa sensación en el cuerpo de que esto lo sé, es muy valioso.

Cuando los niños practican algo que les sale bien lo van automatizando y entran en un piloto automático, lo que ayuda a que aparezcan formas creativas y alternativas de hacer eso. Hay un pedagogo que arranca siempre sus capacitaciones mostrando a Messi practicando jueguitos y pases muy simples, y uno piensa “pero si eso ya lo re sabe”. Creo que el valor de practicar lo que sale bien te pone en un modo que ayuda a tolerar lo que te cuesta.

Algo fácil de hacer con los chicos es ayudarlos a seguir aprendiendo a través de sus propias preguntas. Está bueno aprovechar las preguntas que los chicos hacen, sobre todo cuando son chiquitos que las hacen todo el tiempo, para aprender juntos, volcando esa curiosidad en cosas que capaz a nosotros también nos interesan. Juntos podemos encender la chispita del aprendizaje en casa. Y ahí podemos ver cuánto la tecnología nos puede ayudar. Creo que somos una generación privilegiada en el sentido de que tenemos la biblioteca del mundo al alcance de un click. Tengo miles de anécdotas con mis hijos de cosas que les daban intriga y empezamos a buscar y encontramos videos, dibujitos o documentales. Incluso temas muy básicos que traían de la escuela que fueron la punta del ovillo para hacer experiencias prácticas como visitar lugares, entre otros recursos. Todas estas acciones ayudan a que esa curiosidad inicial en vez de apagarse sean el punto de partida para descubrir el mundo.

Para que el proceso de aprendizaje sea una experiencia agradable, no se necesita mucho, simplemente hay que estar con ellos y buscarle la vuelta para que aprender sea parte del juego de estar juntos.

Por Federica Cash

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