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Rafa Guerrero: «Se aprende a amar sintiéndose amado»

Entró a la psicología de manera inconsciente, aunque con el tiempo notó que tenía mucho que ver con sanar su propia historia.

Este español, experto en psicología infantil tuvo una infancia difícil y hoy se siente feliz de poder aportar y ayudar a familias a vivir mejor. Llega a Uruguay por primera vez, aunque sus libros están en librerías hace años. Algunos de ellos son “Trauma”, “Menudas rabietas”, “El cerebro infantil y adolescente”.

Erudito en apego,trauma y disciplina positiva, es categórico al afirmar que la sociedad actual sufre de una epidemia silenciosa de trauma, que el 90% de las veces no la vemos por estar normalizada, aunque se manifiesta en síntomas como la ansiedad y otros males de época. Porque el trauma siempre “se nos queda en el cuerpo”.

De la mano de Faros Experiencias, el 23 de octubre estará en el Opta Coliving Punta Carretas con “Límites que abrazan”, una conferencia sobre la importancia de los límites, el arte y oficio de poder marcarlos de manera amorosa, sobre trauma y por qué, para estar bien, importa más pensar qué nos pasó a qué nos pasa.

¿Qué tan revelador puede ser conocer cómo fue nuestro apego?

Me parece que es fundamental entenderlo porque en ese proceso de rebobinar la película comprendemos muchas cosas; mirar nuestra infancia ayuda a comprender cómo somos ahora, por qué reaccionamos con tanto miedo ante determinadas circunstancias, por qué algunas cosas nos sacan tanto de nuestras casillas. La manera en que nos vinculamos hoy tiene que ver con cómo nuestros padres se vincularon con nosotros; esa se convirtió en nuestra normalidad. Fuera de una manera sana o insana.

¿Amamos como nos amaron?

Es así, directo, casi matemático. Tener unas figuras de apego que te han tratado con cariño y respeto, donde imperaba el modelo democrático, había cariño y presencia, va a hacer que tengas una infancia sana y que cuando seas adulto te relaciones de una manera sana. No digo que es cero la posibilidad de que caigas en una adicción, pero la probabilidad es bastante más baja. En cambio, si has crecido con el maltrato, el abuso, el sometimiento, el chantaje o la mentira como normalidad en ese primer vínculo, entonces con ese idioma te vincularás porque es el aprendido.

No estamos para decir si está bien o mal, pero es algo muy lineal. ¿Por qué cada vez que voy a cruzar un río tomo en mi mano un martillo? Capaz que porque no me enseñaron a construir una barca.

Ningún padre quiere hacerle mal al hijo. ¿Cómo hacemos consciente nuestra historia para no afectarlos?

Es imposible no transmitir información. En el momento en que nos convertimos en mamás o papás no solo hay un hilo invisible con nuestros niños, sino que va más allá y alcanza a todas esas personas que nos criaron. Todos recordamos de qué manera nos sentíamos cuando nuestro papá o mamá nos decía o actuaba de una forma con nosotros. Para cambiar el idioma no hay otro inicio que el de la consciencia.

El ver cómo estoy atendiendo a mi hijo cada vez que llora o tiene una pataleta y cambiar el patrón si lo creo mejor. Hay que ser consciente y querer cambiar. A veces no tengo las herramientas para ese cambio y quizás tenga que pedir ayuda a alguien… a un amigo, a un psicoterapeuta o a alguien. La motivación es clave.

Tú dices que hay una epidemia de trauma silenciada. ¿Qué sería el trauma?

Un trauma es cualquier situación en donde ha habido un impacto emocional muy grande y no he tenido los suficientes recursos para volver al equilibrio, la calma o poder protegerme. En niños y adolescentes, con cerebros inmaduros y vulnerables, esto es casi imposible que no suceda. El tema no son esos traumas con los que se puede vivir, sino aquellos que te congelan y que te impiden disfrutar o implican un sufrimiento muy grande a lo largo de tu vida.

Una situación muy estresante donde has vivido emociones muy desagradables como miedo, vergüenza, tristeza o asco se transforma en trauma cuando nadie te protegió ni te permitió expresar. Es ahí cuando el trauma queda prendido en el cuerpo.

El psiquiatra Bessel van der Kolk tiene un libro que se llama El cuerpo lleva la cuenta donde habla de eso. Aunque tú no seas consciente del trauma, el cuerpo sí lo sabe y reacciona de manera traumática cada vez que hay una interacción con alguno de esos estímulos, contextos o personas que te evocan ese acontecimiento traumático.

Hay traumas que responden a hechos concretos, pero tú afirmas que el 90% estamos traumatizados y ni siquiera lo sabemos. ¿Cómo hago consciente ese trauma más sutil?

Existen dos tipos de trauma. El simple que lo llamamos Trauma, que es un ensayo único de mucho estrés, emociones intensas y desagradables, como una violación, un atraco, un accidente de tráfico. Eso es un 10% de las situaciones traumáticas. El 90% de los traumas son complejos, y se los llama trauma con “t” minúscula, porque están normalizados, no son visibles ni expresados. No son tan obvios e igual nos afectan.

Todos vemos en los parques mamás y papás que gritan, castigan y maltratan a sus hijos. Para la mayoría de la población eso no choca porque el castigo está normalizado, igual que chantajear, condicionarles, gritarles o sobreprotegerles.  Estos son los traumas complejos que son el 90% de los casos. Un niño que es abandonado emocionalmente, como fue mi caso durante la infancia, vive una situación de trauma complejo que nadie vio.

Lo que sí se puede ver son los síntomas de esos traumas complejos. Niños que constantemente llaman la atención, esos que los adultos decimos que “se portan mal”, o que tienen bajo rendimiento académico, o que comen a base de atracones o que tienen terrores nocturnos. Esos son síntomas que muestran que puede haber algún problema.

La hiperactividad o la ansiedad del adulto de hoy, ¿pueden ser síntomas de un trauma anterior?

Sí. Hoy estamos evaluando en base a síntomas que son el 5% o 10% del iceberg . Y por eso malinterpretamos. Por poner un ejemplo, si un doctor cada vez que entra a su consulta un paciente le pregunta ¿qué te pasa? y al recibir la respuesta “tengo fiebre”, le diagnostica gripe, es muy probable que acierte porque eso es frecuente. Pero muchas veces esa fiebre puede indicar otro problema. Hoy falta tiempo dedicado a evaluar. Más que preguntar ¿qué te pasa?, habría que preguntar ¿qué te pasó?

Los síntomas del trauma pueden tener que ver con la hiperactividad, impulsividad, también la disociación o desconexión del mundo, del cuerpo o emociones. Sucede eso porque en un pasado se vivió situaciones tan hirientes o maltratantes, que su psiquis aprendió a desconectar para dejar de sentir, para amortiguar el golpe. Desconectó la emoción, para que no duela.

¿Cómo me saco el trauma del cuerpo?

Es difícil sanar. La sociedad invita a no conectar con el trauma, a no mirar atrás lo que ya pasó, pero para mirar hacia adelante con la cabeza alta, siendo feliz y en equilibrio, tengo que mirar atrás.

Se sana comprendiendo primero porqué hoy reacciono así o siento así, luego llorando, gritando o contando lo que no he podido antes. Si lo entierras o silencias, se hace más grande. El trauma se sana si se encara.

¿Qué salvavidas le darías a los papás de hoy con quienes sus padres no conectaron, para que sí puedan conectar con sus hijos?

Tratar de entenderles y ver realmente qué necesitan. A veces necesitan un límite, a veces que les abracemos, a veces que fomentemos su autonomía, a veces solo que estemos presentes. Hay detalles que son suficientes para que pasen de la desregulación al equilibrio.

La clave es entender qué necesidades emocionales tienen y responder. Pero la realidad es que no voy a poder conectar con mis hijos si no me han desarrollado ese idioma. La psicóloga Pepa Horno dice que uno no aprende a amar, amando, sino que uno aprende a amar sintiéndose amado. Si no han conectado conmigo cuando era pequeño, para mí el amor no es un idioma materno. Lo puedo aprender a los 30 o 40. El amor es un idioma, o lo tienes o no lo tienes.

Mamás y papás que quieran conectar con sus hijos, primero necesitan conectar con ellos mismos. Si no sabemos hacerlo, tenemos que aprender el idioma y lo que no pude aprender de pequeño en vínculo con mis padres, lo puedo aprender en vínculo con otra persona. Los aprendizajes emocionales no se aprenden con libros sino en vinculación.

Al final parece que el viaje de la crianza es el camino del amor…

Seguro. Mi amigo Eduardo Strauch dice siempre que lo que los salvó en la nieve fue el amor y es así, el amor es el mejor vehículo que tenemos para tener relaciones sanas.

Por Carolina Anastasiadis

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