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Razones del Primer Mundo

Hace unas semanas leí una columna que anda circulando por las redes sobre cómo evitar los berrinches de nuestros hijos. Me pareció muy interesante su punto de vista porque ponía el foco en los adultos y cómo debían empezar por comprender que no estaban viviendo una catástrofe si el chico lloraba por pavadas. «Razones del primer mundo» decía, invitándonos a poner las cosas en perspectiva para darle la real dimensión que deben tener las pataletas. Si tenés posibilidades de elegir qué comer, qué hacer con tu tiempo libre, agua potable cada vez que abrís la canilla y una cama donde dormir, tenés las necesidades básicas saldadas. Los niños que se dan el lujo de estar enojados porque quieren un juguete, porque no toleran que los manden a bañar o porque no les gusta lo que les enviaste de merienda, tienen suerte de llorar por «razones del primer mundo». Hace unos meses recibí en casa a una amiga española que estaba dando la vuelta al mundo. En su viaje, trabajó durante un mes en una ONG …

Abuelita, todo sigue igual

La luz llegó a casa tarde, mucho más tarde que a las casas de mis amigas. Ya no había que esperar a que oscureciera para que papá prendiera el motor, ahora podíamos mirar televisión a toda hora. Aún recuerdo la emoción que sentí al poder prender luces, escuchar música y grabar mis historias a cualquier momento del día. Porque desde chica quise contar historias. Creaba radioteatros, me encerraba en mi cuarto a escribir guiones y después grababa y grababa; actuaba de madre, de padre, de abuela, de niña, yo era todos esos personajes cambiando la voz. De vez en cuando llamaba a un hermano o le pedía a alguna amiga que representara un personaje mientras yo actuaba todos los restantes. Con la llegada de la luz, pasaba horas y horas encerrada en mi cuarto, soñando, creando, actuando y grabando. Cuando el teléfono invadió mi casa -mucho más tarde que en lo de mis amigas, por cierto- la conmoción me desbordó. Llegaba rápido a casa para hablar por teléfono. Es que la novelería me había sobrepasado …

Mamá con conciencia plena

Hace unos meses llegó a mí un libro sobre Mindfulness, una herramienta de meditación sobre la que había investigado tiempo antes para otra nota, pero que últimamente venía resonando y siendo reiterada como método para “bajar revoluciones” por varias personas, de esas dignas de admiración. El libro era Full Stop, del uruguayo Silvio Raij. Lo entrevisté para Revista LARA –revista del Punta Carretas Shopping- y como me pareció de buen valor para las mamás-trabajadoras-pasadas-de-rosca-, creí adecuado compartir parte de la nota en Mamás Reales. Porque la maternidad no solo te mueve el piso, el esqueleto y hasta la psiquis, sino que exige que nos superemos a diario en el arte de aprender a hacer malabares con el tiempo. Por eso, si sos una mujer comprometida en la vida, que se esfuerza por ser buena en lo profesional y la mejor mamá –que puedes ser-, esta nota es para vos, para animarte y darte otra visión sobre cómo manejar el tiempo.  A veces, una pausa que nos oxigene, aunque nos detenga durante unos minutos y nos …

Cuando el amor llega de forma natural

Nadie sabe cuándo va a llegar el amor verdadero, lo cierto es que cuando llega, no existen dudas al respecto. Podemos cuestionarnos al principio y sentir miedo de jugarnos de lleno por vivencias pasadas, pero una vez que decidimos tirarnos al agua, las horas fluyen con naturalidad como solo sucede cuando la perfección se manifiesta: dos personas que están con quien deben estar. La mayoría de las personas quieren formar una familia, encontrar el amor, y caminar al lado de esa «alma gemela». Pero no todos logran encontrar la pieza que encaja maravillosamente bien; para que esto se logre las dos almas tienen que preocuparse por su individualidad primero, para aprender a estar felices por el mero hecho de vivir, sin depender de nadie ni de nada. Solo encontrando la riqueza adentro de uno se estará sano para compartir y disfrutar la vida con el otro; que no es la otra mitad de la naranja, sino que es otra naranja, igual de perfecta, que quiere caminar a tu lado. Tengo la suerte de decir que …

¡Libérate, mujer!

Escribo con un vaso de jugo de naranja al lado. También tengo el mate y acabo de tomarme un Biotransit. Lamento el chivo, pero como mamá real me gusta ser solidaria con la información de todo aquello que a mí me ha hecho -y hace- bien. Además aclaro, estoy embarazada, y eso trae consigo la pérdida de filtro, además de algunos olvidos. Hace un tiempo leyendo el libro “Viva la diferencia” de Pilar Sordo, entendí una diferencia vital entre hombres y mujeres. Nosotras nacimos con un chip de género que nos induce naturalmente a retener. A lo largo de la vida retenemos líquidos, retenemos grasas, recuerdos y hasta relaciones que sabemos no nos sirven para nada. Por ese mismo chip que determina gran parte de nuestra personalidad (y hasta de nuestra estética!!), muchas mujeres somos estreñidas; algo en nuestro ADN nos obliga a guardar. Ellos en cambio, son expertos soltadores de todo. Comen como bestias y engordan pero menos,  dejan la Coca y bajan 4 kilos en 5 minutos, comen sin sal y en menos …