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Lo mejor que podemos regalar: TIEMPO

Si pensamos cuáles son los recuerdos que más atesoramos en nuestras memorias, por lo general, tienen que ver con vivencias que nos han emocionado. Y esas experiencias suelen ser compartidas con otros, suelen involucrarnos de corazón y abrochan algo de nuestros sentimientos más profundos. Por lo general, todo aquello que recordamos y nos emociona, está relacionado con los vínculos humanos. Desde que somos pequeños, nos vamos construyendo en el vínculo con un otro que nos hace de espejo. Que responde a nuestras señales y es capaz de interpretar lo que nos sucede. Vamos armándonos de acuerdo a las respuestas que recibimos y tan fundantes son estas primeras interacciones que formarán parte fundamental de nuestra manera de mirarnos, de percibir a los demás y al mundo. No hay dudas. Los aprendizajes más significativos de la vida ocurren en los vínculos que vamos tejiendo. Primero suelen ser con mamá, papá, abuelos, hermanos… y a medida que crecemos, vamos ampliando nuestro círculo con otros niños, con compañeros de estudio, luego de trabajo, y personas que van apareciendo en …

Tendiendo puentes, paso a paso

Pocas sensaciones generan más placer en la vida de un ser humano que la de sentirse comprendido por sus personas significativas. Sentir que nos conocen y nos ven de verdad, reconforta el corazón. Brinda la seguridad de sentirse amado, considerado, cuidado y respetado. Saber mirar a los hijos, es una capacidad muy valiosa que constituye el punto de partida para hacer una lectura sensible de sus comportamientos y responder adecuadamente a sus necesidades, experiencias y emociones. Con la observación, se abre la posibilidad de tender el puente, porque mirar profundamente y con curiosidad, es disponerse a conocer al otro. El arte de descubrir a los hijos, requiere de tres capacidades que permiten construir lazos cálidos y cercanos: la de leer, interpretar y dar una respuesta sensible a los estados emocionales y vivenciales de nuestros hijos. Pero esta postura no comienza cuando los niños empiezan a hablar. Desde el nacimiento ya podemos entrenarnos en esto de interpretar sus llantos, sus miradas, sus risas, su manera de estar en el mundo. Observándolos con curiosidad, podemos desde el principio, conocer …