All posts tagged: reflexión

Vacaciones interruptus (en tiempos covid)

“Fuera de control” fue el título de una de las primeras columnas que hice para Mamás Reales hace casi 9 años. Alfonsina acababa de nacer y yo, que hasta el momento movía las perillas de cada una de las variables de mi vida (o eso creía), entendí -a pura resistencia y con el paso de los meses- que con un hijo las cosas escapan un poco de las manos. Y ya sabemos lo que a nosotras nos cuesta soltar… Escenas improvisadas del tipo… «es viernes de noche, ¿vamos al cine?» pasan al plano de la ciencia ficción cuando uno estrena rol mamá. Cuando uno es padre y hay otra vida atada a la propia, la consola se llena de perillas y la trama se complejiza tanto que ese iluso y simple “salir” se transforma en el resultado de una gran obra de ingeniería logística.   Entregas, trabajos o reuniones otrora importantes y sobre las que se podía prever un resultado positivo si se le ponía empeño, con la maternidad pasan a depender no solo del …

El combo explosivo: Diciembre, estrés y maternidad

Hace unos días, en uno de los grupos de mamis del colegio de mis hijas, salió un clásico de diciembre: el regalo de fin de año de las maestras. Por primera vez en 8 años de este ejercicio, encontré unanimidad en las respuestas y una rapidez asombrosa a la hora de decidir el “qué”. “La practicidad en este tiempo cotiza al alza” soltó una de esas madres pos cuórum. Creo que es madre de tres niños y asumo que, entre logísticas de fiestitas de fin de año, entregas de carpetas y regalos a maestras, no solo no quiere saber de sumarse otro tema, sino que le debe quedar poco tiempo para pensar en otras cosas más. Laburo, por ejemplo. Y eso estresa. Lo cierto es que, por más desacelerada que una se plante ante la vida, diciembre trae cierres y balances: personales, laborales, familiares. Y encuentros (agradecidos este año por ello) para vernos con esas amigas con quienes queremos encontrarnos antes del brindis del 31. Sí o sí. Y nos imponemos fechas, en parte porque …

Una Mamá en tiempos de coronavirus

Me lavo las manos, desinfecto el teclado y con un alcohol en gel al lado del mate escribo este post. Esta vez no pongo música. Con mis hijas sin colegio, en una casa pequeña, ruido más ruido solo aumenta el caos. “Mamá, en los campamentos, ¿dónde se baña la gente y dónde hace pis?”, pregunta Alfonsina (de 6 años), totalmente desnorteada ante tanto cambio, pensando escenarios posibles a un tipo de vida que ella, por su corta edad, jamás da por sentada. No entiende mucho. Hasta ayer “la vida” era ir a clase 8 horas, club un par de veces a la semana, parque y amigos. Hoy la vida diaria es en casa, no sabemos hasta cuándo y ningún berrinche cambiará la situación. Ni suyo ni mío. Así que acepta, con la sabiduría de quien no hace juicios sobre lo mejor o peor –porque tampoco depende de ella decidir otro escenario-, porque vive en el ahora y ahora mismo puede respirar, jugar, comer y estar con su hermana y sus papás. Ni siquiera pediría más. …

10 cosas que aprendí de mis hijas

Entre las dos y las tres de la tarde, unos pajaritos revolotean en la ventana de la cocina. Los escucho, cantan. Creo que siempre lo hicieron, pero hace pocos días que presto atención. “Shhh, ¡escuchen!” les digo a Alfo y a Fran. Miran atentas hacia la ventana pero no hay nada. “No miren, ¡escuchen!”, insisto. Se acercan despacito, con las manos en las orejas como queriendo agudizar el oído y logran escuchar el alboroto. “¿Nos cantan a nosotras, má?”. Me río. Por dentro, me regocijo del descubrimiento y de haberlo compartido. Desde que nos mudamos y podemos ver el mar también buscamos adjetivos para el agua cada mañana. “¿Cómo está el mar hoy?”. Mi pregunta abre el juego mientras la chiquita de tres años apenas puede abrir los ojos ante tanta luz y la grande mira con cara de “no me molestes tan temprano”. “¡Está picado!” dice Fran que mira con medio ojo abierto. “¡No! Está con olas”, pelea la mayor. Y yo lo disfruto. Las disfruto. Estos días vengo con una idea rondando en …

La panacea de mamá

Pensé en escribir una columna dedicada al vino pero me parecía un poco fuerte para un blog de maternidad. Demoré 3 minutos hasta que me di cuenta, un viernes de noche, que lo que estaba pensando tenía todo que ver con este espacio. Cuando sos madre algunos pequeños placeres de la vida que antes abundaban, empiezan a escasear, y por eso mismo cuando los concretás los sentís la panacea. Son esos momentos mínimos que te hacen ver que todavía hay algo de tu ser ahí adentro, que seguís siendo vos, a pesar que pases el día sonando mocos o cambiando pañales. Entre vinos empecé a anotar algunos ítems de mi panacea, y les cuento que, aunque suene a mala madre, pasados 5 años de maternidad los vivo SIN CULPA –sí!! Se puede!!-. Viernes de noche. Mis hijas se durmieron increíblemente temprano. Acosté a la última, me invadió una sensación de libertad poco común para viernes a esa hora y en un acto de rebeldía descorché un vino, saqué una buena copa y me senté a …