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Vacaciones interruptus (en tiempos covid)

“Fuera de control” fue el título de una de las primeras columnas que hice para Mamás Reales hace casi 9 años. Alfonsina acababa de nacer y yo, que hasta el momento movía las perillas de cada una de las variables de mi vida (o eso creía), entendí -a pura resistencia y con el paso de los meses- que con un hijo las cosas escapan un poco de las manos. Y ya sabemos lo que a nosotras nos cuesta soltar…

Escenas improvisadas del tipo… «es viernes de noche, ¿vamos al cine?» pasan al plano de la ciencia ficción cuando uno estrena rol mamá. Cuando uno es padre y hay otra vida atada a la propia, la consola se llena de perillas y la trama se complejiza tanto que ese iluso y simple “salir” se transforma en el resultado de una gran obra de ingeniería logística.  

Entregas, trabajos o reuniones otrora importantes y sobre las que se podía prever un resultado positivo si se le ponía empeño, con la maternidad pasan a depender no solo del esfuerzo, sino de haber tenido un par de noches buenas de sueño, de unos días en los que las perillas anímicas y emocionales del hogar anduvieran sin cortocircuitos.

Las mamás ya entendimos que la maternidad tiene esas cosas. Que una propone y la vida dispone. Pero el posgrado en esto de soltar y abrazar lo que toca llegó, sin lugar a dudas, con la covid. Se coló en todas las casas, en todo el planeta.

Ayer, en medio de esta nueva ola de covid me puse a pensar hace cuánto tiempo que una semana no sucede según «el plan». No pude responder. Y lo que es peor, me encuentro a veces planificando como si el aprendizaje de dos años pandémicos no hubiera servido de mucho. “Y la semana que viene hago esto, y la otra aquello”, y agendo cosas, acá, allá, y al final la vida llega y se planta. Chau plan. Aunque ahora, confieso, me río de mí misma.

En tiempos de vacaciones covid cuando la única certeza es lo INCIERTO, las piolas se agitan a diario (porque si no caíste vos, cayó alguno de los tuyos), entonces tal vez la gran respuesta sea además de cuidarse, quedarse quietito, sin enojarse y responder al día a día de la mejor manera, según las oportunidades que traiga; aprender por fin a bailar con la música que quién sabe a qué DJ caprichoso se le ocurre poner justo en nuestras vacaciones. Aunque nosotros en realidad, solo queríamos silencio.

Nota al pie: columna dedicada a todos quienes estén pasando sus vacaciones en cuarentena, hayan postergado planes, viajes, partidas o regresos. Y solo para dar ánimos…Kant decía que la inteligencia del individuo se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar (y yo agrego: sin perder el humor).

Por Carolina Anastasiadis

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