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Terapia de amigas

Las mujeres hablamos alrededor de 20.000 palabras al día y los hombres solo emiten 7.000, según un estudio realizado por Louann Brizendine, una neuropsiquiatra de la Universidad de California que publicó el libro El cerebro femenino.

Cuando se publicó esta cifra, dio bastante que hablar en distintos informes mediáticos, y hace menos tiempo, surgió casualmente como tema de conversación entre mi grupo de amigas, reunidas en el baby shower de Alejo. Éramos cerca de 10 mujeres alrededor de una mesa, cotorreando como locas, a tal punto que, no solamente espantamos al esposo de la dueña de casa junto con su hijo, varón, sino que nosotras mismas nos dimos cuenta que dábamos miedo.

A las mujeres nos gusta hablar; que levante la mano quién no pensó dos veces antes de atravesar la puerta del lugar de encuentro de amigas al comprobar que los decibeles aumentaban por mil a medida que se acercaban a la puerta?… Pero también tenemos claro que hablar entre nosotras nos hace bien…o no son típicos los mensajitos pos encuentros que dicen “deberíamos juntarnos más”. Todas, absolutamente todas, salimos más contentas luego de cada reunión de nenas y estoy convencida que algo de catártico tienen.

Hablé sobre esto con el Psicólogo Alejandro De Barbieri y me contó que un estudio antropológico demostró hace años que las conversaciones entre mujeres son realmente terapéuticas. Me comentó que en un pueblo donde antes casi no había mujeres enfermas, de pronto, empezaron a haber muchas. Los antropólogos investigaron las causas y concluyeron que tenía que ver con un cambio en la rutina de esa población. ¿Qué había pasado? Antes de la llegada de las cañerías de agua al lugar, todas las mujeres recorrían el camino al aljibe, se quedaban allí juntando agua para sus familias y aprovechaban el tiempo conversando entre vecinas. Volvían a sus casas cargadas de agua, pero mucho más livianas. Con el saneamiento del lugar, las mujeres dejaron de ir al aljibe, y naturalmente esas conversaciones dejaron de existir. Se comprobó que las palabras no dichas y sus penas no compartidas, hicieron que las mujeres del pueblo se enfermaran.

Y si antes de la maternidad, ya teníamos claro que nos hace bien juntarnos, con la maternidad creo que esas reuniones se hacen NECESARIAS. Además de darnos un tiempo “off” de la cambiada de pañales o de estar corriendo atrás de esa criaturita que no para, como dice Antonio Machado, la pena compartida se siente como la mitad de la pena. Y lo cierto es que junto con la maternidad llegan nuevos temas a nivel personal y de pareja, nuevos planteos, nuevos desafíos, nuevas metas, y conversar sobre todo eso entre mamás nos hace sentirnos menos solas, más humanas… más mamás.

Hace unas semanas estuve muy, muy cansada, con mucho trabajo, durmiendo poco y tratando de sentirme 100% en los ratos que compartía con mi hija. Me sentía muy exigida. Naturalmente se lo expresé a mi marido cuando me preguntó cómo estaba y él, entendiblemente podrido de mis descargas de esos días, me respondió como sorprendido –¿o víctima?-: “pero ninguna de las otras madres se queja tanto.” Claramente, él no habla con sus amigos, o habla de otras cosas.

Por Carolina Anastasiadis

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