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Llega el segundo: las cartas se reparten otra vez

Los posts que más se han leído en nuestro blog, son los referidos a la llegada del hermano. De alguna manera, necesitamos que nos adelanten algo de cómo va a ser todo, porque a diferencia de nuestro primer embarazo, existe otra personita que vivirá la llegada del bebé con nosotros: el hermano “mayor”.

Muchas mamás no se hacen grandes cuestionamientos al respecto, pero otras esperan con gran incertidumbre el momento; desconocen cómo lo vivirá el -hasta ahora- único hijo, y no saben si serán capaces de repartir su tiempo -y su corazón-.

Lo cierto es que cuando llega el segundo, las cartas se deben volver a repartir (y así con la llegada de cada hijo). La vida familiar se desordena, inevitablemente, y quien solía ser el centro de atención de la casa y de la familia toda, debe rápidamente hacer un lugar (quizás pequeño, al principio) para compartir espacios -y el amor-.

Si se encuentran en esta situación y necesitan algunas sugerencias para vivirla lo más asertivamente posible, las invitamos a leer esta entrevista a la Psicóloga Ana Inés Cuevas, quien brinda algunos detalles de utilidad.

¿Qué reacciones y actitudes podemos esperar de un niño que va a tener un hermanito?

Tenemos tres partes protagonistas en esta historia. Primero los padres que ya habían logrado cierto equilibrio después de la llegada del primer hijo y ahora están a la espera del segundo, que va a modificar la vida del hogar; les va a cambiar esa estructura que habían logrado. Después, el nuevo bebé, ese hermanito pequeño que necesita de su madre principalmente casi que todo el tiempo; es un ser totalmente desvalido que hay que sostener y ayudar, no solamente satisfaciendo sus necesidades básicas sino también brindándole contención y afecto (y que casi siempre en este escenario queda como en un segundo plano). Y después el protagonista que quizás más nos inquieta, el “hermano mayor”, a quien le pasan muchas cosas.

Lo más tradicional es que ese hermano mayor sea menor de cinco años, y de él podemos esperar variadas reacciones. Por supuesto que dependerá de su forma de ser, de sus características, de su temperamento. También de cómo se lo habilite a vivir en esa familia, de cómo era su relación antes de la llegada del hermanito. Todas estas condiciones determinarán en gran parte las actitudes y reacciones que irá teniendo. Debemos considerar que a estas edades no hay un control de las emociones, ellos son impulsivos, aún no saben manejar los berrinches. A veces quedan etiquetados como “el hermanito celoso” o “el envidioso” y claro que están celosos, pero considero que está bueno trascender a esas etiquetas para saber qué es lo que hay detrás.

Ellos hasta hace poco eran el centro de esa casa, de la atención y el amor y ahora van a tener que compartir. Ese hermano mayor tiene mucha ambivalencia, grandes incertidumbres, fuertes emociones y reclamos hacia sus padres; por un lado siente un amor incondicional hacia ese hermano, que ya desde el embarazo viene tejiendo -y está bueno ayudar a que eso pase-, y por otro lado siente que le quita lugar.

¿Qué sugerencias podés dar a los papás que están transitando esta etapa, para que el proceso se dé lo más natural posible?

Hablar mucho con ese niño. Si a nosotras como madres nos parece milagroso tener un bebé, para ellos es mucho más difícil de comprender. Pueden pensar que después de tener al hermanito ya no los van a querer más, que viene a sustituirlos, o pueden pensar que viene por un rato y después se va, a veces hasta lo exteriorizan, dicen: “¿y si lo dejamos ahí?”. Entonces, lo que está bueno en primer lugar, es poner en palabras todo lo que va sucediendo.

El control de las emociones todavía no está desarrollado, así que hay que ayudarlos, diciéndoles por ejemplo: “¿estás celoso porque mamá está atendiendo al bebito? Lo entiendo, pero el bebito es chiquito y ahora necesita de ciertos cuidados”. Ellos van entendiendo a medida que les contemos, van logrando ordenar su cabecita.

También es conveniente no cambiar -en lo posible- las rutinas de ese niño, tratar de mantenerle lo que ya venía viviendo, seguir poniéndole límites, lo que le da seguridad y confianza. No es una etapa para hacer grandes cambios, como sacarle los pañales o el chupete, no es una etapa de “progresos”, ya se va a acomodar, todo va a pasar. Pero hay que darle el tiempo que necesita, para que fluya, respetando sus emociones, entendiéndolo, empatizando con él, explicándole. A veces los cuentos ayudan mucho para que vaya comprendiendo el nuevo escenario. También durante el embarazo puede estar bueno adelantar un poco lo que va a vivir, pero tampoco darle tantos detalles. Hay que ir viendo hasta dónde quiere saber él. Ellos van preguntando y a medida que lo hagan, irles contando. Hacerlos partícipe de alguna forma de lo que está viviendo la familia.

Por último, cuando nace el segundo, está bueno empoderar al primero, darles el papel de hermano mayor, para que se vayan situando lentamente en otro lugar, a través de tareas concretas para “ayudar” con el hermano, sin darles grandes responsabilidades ni cargarlo. Está bueno decirles todo lo que pueden hacer, a diferencia del nuevo bebé: “tú ahora sos el hermano mayor, podés correr, saltar, comer galletitas, y el hermanito todavía no, él va a tener que crecer para eso, ¡qué bueno es ser el más grande!”.

Por Federica Cash

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