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Atención mujeres: Mearse de risa no es normal!

En la vida naturalizamos muchas cosas, que si investigamos más a fondo, comprendemos que hay cuestiones de salud que no están funcionando bien y que podemos solucionar. Como el caso de no aguantarnos a ir al baño…

Como sabemos que usualmente no hablamos de estos temas, te facilitamos la información para que puedas discernir si el comportamiento de tu suelo pélvico funciona bien, o no tanto.

Para ello, consultamos a la Licenciada en Fisioterapia, especializada en rehabilitación de patologías y disfunciones del suelo pélvico, María José Scotti. Lee la entrevista y sacate las dudas, además de encontrar algún ejercicio que te ayude a rehabilitar la zona en cuestión…

¿Cuáles son los problemas más recurrentes por los que consultan las mujeres?

Dentro de la rehabilitación de patologías y disfunciones del suelo pélvico, las consultas más frecuentes son: incontinencia urinaria (IU), incontinencia fecal (IF) y el prolapso.

En lo que respecta a la IU, existen distintos tipos pero los más frecuentes son: Incontinencia urinaria de esfuerzo, que se caracteriza por la pérdida involuntaria de orina asociada a un esfuerzo físico que provoca un aumento de la presión abdominal (toser, reír, correr o incluso andar); Incontinencia urinaria de urgencia: se caracteriza por la pérdida involuntaria de orina asociada a un fuerte deseo de orinar; e Incontinencia urinaria mixta que es la combinación de las dos anteriores. 

En cuanto a la incontinencia fecal (IF), se caracteriza por el escape involuntario de gases y/o heces a través del orificio anal, que causa un problema higiénico o social.

Y en lo que se refiere al Prolapso: consiste en el descenso de una o más vísceras pélvicas por el introito vaginal (vejiga, útero, recto). Dependiendo de la víscera y del grado del prolapso, este descenso puede ser parcial o total (saliendo la víscera al exterior).

¿Cuáles son las causas principales para que se produzcan estas patologías?

Muchas veces la causa no se conoce, pero existen ciertos factores y situaciones que contribuyen a originarlas:

  • Factores genéticos, que puedan explicar una “mala calidad” de los músculos, ligamentos y tejido conectivo de la pelvis.
  • Estreñimiento crónico.
  • Enfermedades respiratorias crónicas.
  • Embarazo: En esta etapa es de suma importancia ejercitar el suelo pélvico (fortalecerlo) desde el principio, ya que tanto los cambios posturales y hormonales, junto al crecimiento del feto, demandarán una mayor fuerza de soporte por parte del suelo pélvico.
  • Parto vaginal (sobre todo si ha sido instrumental), Traumatismos obstétricos.
  • Menopausia (pérdida de estrógenos).
  • Deportes de impacto practicados en forma habitual e intensa.
  • Levantar y/o transportar pesos.

¿Qué puede suceder si no se atiende el problema?

Si la musculatura del piso pélvico no se encuentra en condiciones de responder a la demanda de contraerse o relajarse, o no está en condiciones óptimas para responder a los aumentos de presión intrabdominal (sea por un esfuerzo físico, sea por el desarrollo de un bebé); las probabilidades de desarrollar alguna disfunción de las ya nombradas, es muy grande.

Si la disfunción originada no es atendida, en la mayoría de los casos empeora, y se puede asociar con otra disfunción o patología.

¿Cómo nos damos cuenta si nuestro suelo pélvico no está firme? ¿Qué nos suele suceder? ¿Cuándo deja de ser “normal”?

Muchas mujeres consideran “normal” tener pérdidas, sea una gota o chorrito. Eso hace que las mujeres no busquen solución hasta que el problema haya llegado a niveles preocupantes.

Existen varias señales de alerta que pueden indicarnos que el piso pélvico no está funcionando como debería; las más comunes son:

  • No poder contener la orina, pérdida involuntaria de orina
  • Necesidad frecuente de orinar
  • No poder retener gases
  • Pérdidas urinarias cuando se realiza un esfuerzo
  • Ganas repentinas e irrefrenables de orinar
  • Estreñimiento o dolor al defecar
  • Dolor en región pélvica
  • Necesidad de levantarse para orinar por la noche
  • Dolor en las relaciones sexuales
  • La negación por vergüenza o por desconocer la existencia de ciertas herramientas para rehabilitarse, enlentece y dificulta su solución
  • Diversos estudios demuestran que postergar la atención de los mismos, complica la situación

Por último, ¿qué ejercicios podemos hacer en nuestra vida cotidiana para reforzar estos músculos?

Para abordar la musculatura del suelo pélvico, lo primero que hay que hacer es conocer, entender e integrar esta zona tan desconocida y desatendida.

Para ello existen ciertos ejercicios dirigidos al conocimiento y funcionamiento de la pelvis y estructuras que la rodean:

Ejercicio: para identificar la zona del piso pélvico puedes hacer de cuenta que interrumpes la salida de la orina. No se aconseja hacerlo durante la micción, sino imaginar que estás orinando y cortas el chorrito. Otra manera, es imaginar que tienes que contener un gas.

Luego están los ejercicios de Kegel y los ejercicios del método hipopresivo.

Los ejercicios de Kegel, consisten en contraer y relajar de distintas maneras los músculos del suelo pélvico.

El método hipopresivo consiste en ejercicios posturales que junto al trabajo de la respiración actúan de manera indirecta sobre la musculatura del suelo pélvico, al mismo tiempo que logran reprogramar el funcionamiento de la faja abdominal.

Por Federica Cash

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