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A golpes se aprende (¡pero con cuidado!)

Desde que nacieron mis hijas, una de las grandes disyuntivas que tengo como “adulto responsable” es hasta dónde cuidarlas y hasta dónde dejar que vivan su propia experiencia, aun cuando esto pueda significar algún golpecito. Yo era de esas niñas que vivía con cascaritas y machucones en las piernas de tanto trepar árboles, de tanto fútbol en la vereda con hermanos, primos y vecinos, pero claro está, Montevideo ha cambiado mucho… ¡y los papás también!

Al ser mamá también caí en la cuenta que algunos accidentes dentro de la casa pueden dejar secuelas graves y que hay mucho que podemos hacer sin necesidad de invadir; prevenir sin sobreproteger creo que es la cuestión.

Hace un tiempito Unicef publicó un informe mundial sobre prevención de lesiones en los niños.

Comparto algunas líneas que pueden ser de interés:

–          Los niños no son adultos pequeños; SON NIÑOS. Sus capacidades y comportamientos son distintos a los de los adultos. Las capacidades físicas y mentales de los niños, su grado de dependencia, el tipo de actividades que realizan y sus comportamientos arriesgados cambian sustancialmente a medida que crecen. Pero cuando los niños se desarrollan, su curiosidad y su necesidad de experimentar no siempre van parejas con su capacidad de comprender o de responder al peligro, con el consiguiente riesgo de padecer lesiones. Por lo tanto, las lesiones de los niños están muy relacionadas con el tipo de actividades que realizan, lo que, a su vez, se relaciona con la edad y la etapa de desarrollo.

–          Los varones se accidentan más. Los niños tienden a sufrir más lesiones, y de mayor gravedad que las niñas. Para explicar la diferencia en las tasas de lesiones entre los niños y las niñas se han propuesto diversas teorías. Una de ellas es que los niños corren más riesgos que las niñas, tienen mayor grado de actividad y se comportan de manera más impulsiva. También se ha sugerido que los niños se socializan de diferente manera que las niñas, ya que es menos probable que los padres limiten su tendencia a explorar y debido a que con mayor frecuencia se les permite alejarse más y jugar solos.

–          El entorno (o el mundo del revés). Las etapas del desarrollo físico y mental, la edad y el sexo son importantes, pero si los niños son especialmente vulnerables a las lesiones es porque viven en un mundo que no dominan o que no controlan bien. La vulnerabilidad de los niños se acentúa por su incapacidad para cambiar el medio que los rodea. Viven en entornos urbanos y rurales construidos por y para los adultos. Sus voces rara vez se escuchan y es extraño encontrar lugares que se hayan diseñado consultándolos. Con frecuencia, los urbanistas y las instancias normativas dan por sentado que los cambios beneficiarán a todos, sin tener en cuenta los intereses de los niños. Es preciso que las necesidades de los niños se incorporen al entorno en el que viven. Las lesiones pueden prevenirse.

Algunas conclusiones de #MamáReal:

– los niños son niños, aunque a veces los tratemos como adultos, no siempre miden el peligro.

– los varones son especialmente traviesos, así que madre de varones, a estar más atentas aún. ¡En esta zafé!

– el entorno favorece o desfavorece. Hay mucho que como papás podemos adaptar para que el mundo quede más a su medida y sacar riesgos innecesarios (mesas con punta, acceso ilimitado a la cocina, etc, etc.).  Como primera medida, sugiero recorrer la casa y mirarla con ojos a la altura de ellos para detectar peligros.

Por Carolina Anastasiadis


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