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La autogestión de la salud

Con el paso de los años, el blog ha ido transformando su foco sin perder la esencia. Hace ya tiempo venimos hablando de la salud tanto mental como física, como aspecto fundamental para el bienestar individual y vincular.

La maternidad es uno de esos “estados” que exige más templanza, serenidad, introspección y madurez emocional. Ser madre implica un brindar-se constante, un mostrar-se disponible, un regalar-se de cuerpo y alma. Hace unas semanas vi el documental “Malamadre” de la argentina Ámparo Aguilar (con quien conversamos en Instagram TV -la conversación está disponible por si la quieren ver-) y una de las entrevistadas decía que la maternidad es como un SERVICIO, y vaya si lo es.

A causa de esto, ¡qué importante es el autocuidado! Qué necesario es tener un ratito para recomponerse y respirar, y así volver a conectar con los hijos habiendo recobrado la calma. Los niños se desregulan fácilmente, sus cerebros son todavía inmaduros, sus berrinches nos pueden volver locas si no nos hacemos un espacio para nosotras. Cada una tendrá sus herramientas de autorregulación. Aquí, Ana Penadés, mi profe de Yoga y mamá de dos, tiene saberes y sugerencias sencillas para compartir. Las invitamos a leerlas ¡valen la pena!

¿Cómo podemos cuidarnos con niños alrededor?

Cuando hablamos de salud teniendo hijos, el gran desafío es el tiempo. Hay que encontrar al menos un ratito para que las mamás podamos escucharnos. Nos va a servir para después estar mejor disponibles para ellos. Eso fue para mí el gran aprendizaje de la maternidad. Es difícil encontrar el límite entre escucharme a mí y estar disponible para mi hijo o hija. Es una artesanía. Pero hay que lograr darnos un espacio, aunque sea simple, pequeño, a veces solo necesitamos un momento para parar, tratar de no pensar, respirar. Las mamás cuando tenemos un ratito, generalmente, lo queremos aprovechar para hacer y hacer. Y quizás haya justamente que hacer lo contrario, detenernos y conectar.

¿Y qué aspectos son necesarios considerar para estar bien?

La alimentación es fundamental. Y con esto no me refiero únicamente a lo que como, que es muy importante, sino a cómo me alimento para lograr una digestión eficiente. Para aprovechar al máximo los nutrientes de los alimentos es importante parar, sentarnos para comer, detenernos para asimilar. Porque el sistema digestivo es como la cocina del cuerpo, y es importante escucharlo, sentirlo, si hay un problema en el sistema digestivo casi seguro que va a derivar en una enfermedad. Se dice que es el segundo cerebro, entonces, si le prestamos atención, nos podemos ahorrar un montón de temas como alergias, enfermedades estacionales, entre otras cosas. El ejercicio también es vital para lograr el equilibrio hormonal, liberar endorfinas y establecer una buena respiración.

O sea que una puede hacer muchas cosas para estar bien…

El Yoga nos ayuda mucho a tener esa escucha activa del cuerpo, y a partir de esa conciencia, de a poco puedo tener más información sobre mí misma. Por ejemplo, siempre que me estreso una semana, a la siguiente me resfrío. Observando nuestro cuerpo vamos teniendo datos que sirven para vivir mejor. A veces no hay que ir a un especialista, a veces sólo tengo que sentir qué me pasa, observarme, anotar. Incluso cuando consulto con un especialista, si tengo información propia, puedo ser más precisa para contar lo que me está pasando.

La autogestión de la salud es una responsabilidad. Uno puede hacerse de muchas herramientas para cuidar su propio cuerpo y no estar delegando todo a un centro de salud. Son instrumentos que nos pueden ahorrar dolencias y malestares. Antes de quejarse de que tal médico no escuchó, no vio, etc., deberíamos preguntarnos ¿de qué me puedo hacer cargo yo? Yo soy la principal responsable de mi salud. Soy la dueña de mis hábitos, de la forma en la que manejo mi alimentación, mi sueño, mis pensamientos así como mi gestión emocional. Todo eso va a influir en mi bienestar general. La salud se debería concebir como una armonía generalizada y amplia. Somos responsables en gran medida de eso. Creo que nuestra educación no se centra comúnmente en esto tan trascendente, en enseñar cosas sencillas que nos pueden cambiar la vida.

¿Tipo cuáles?

Hay conocimientos que están en el saber popular, pero incluso se han perdido esas tradiciones. Por ejemplo, mi madre me contaba que mi abuela cuando ellos eran chicos lo primero que hacía era ayunar cuando se estaban por enfermar, ella lo tenía incorporado en sus hábitos. Otro día los invitaba a hacer una jornada sólo de sopas, era una tradición familiar. Y en realidad esa es tremenda herramienta, porque le das un descanso al sistema digestivo y tu cuerpo puede tener espacio para sanarse y llevar la energía a donde lo esté precisando. O los lavados intestinales, los enemas. Antes eran mucho más comunes, se hacían como preventivos y después fue una sabiduría que se perdió. En el Yoga, las limpiezas y desintoxicación son vitales, y para ello el ayuno es fundamental para la salud del intestino.

¿Cómo se puede empezar?

Yo creo que lo primero que se tiene que desarrollar es la escucha. Que tu propio cuerpo te esté pidiendo cambios. Tenés que ser consciente de lo que estás necesitando. El Yoga es una práctica que te permite auto observarte, pero hay otras. El escucharse es un pasito previo a decir: “voy a hacerme responsable de mi salud”.

No todos somos iguales, no es lo mismo una persona que tiene huesos grandes, buena masa corporal, que otra persona que pesa 50 kilos. Cada persona es diferente. Hay algunos que pueden hacer grandes ayunos y hay otros que no porque les hace mal.

¿Y por qué recomendás los ayunos?

El sistema digestivo hoy por hoy está sobrecargado, comemos de más por costumbre. Lo que se puede hacer para generar una digestión eficiente es escuchar lo que necesito comer y cuándo. Por ejemplo, una cosa que se puede empezar a hacer es cenar temprano y liviano, para no hacerlo tan pegado al sueño. Porque al dormir eliminamos toxinas, entonces si estamos digiriendo una comida pesada, sacamos energía para eso tan necesario.

El Yoga y el Ayurveda, que es una ciencia milenaria que estudia la salud, tienen la misma base filosófica; establecen que cuando el sol está en su máxima expresión, es decir al mediodía, es cuando tenemos mayor fuego digestivo, entonces es cuando podemos asimilar mejor y comer más. Es interesante ver cómo estamos unidos con todo, con la naturaleza, con los días, con las horas, con el clima. Cuando se va a apagando el fuego del cielo, también vamos apagando nuestro fuego digestivo. Es algo muy simple de ver y comprobar.

El ayuno más viable y sencillo es el de las doce horas, cuando dormimos. Es muy necesario. Otro bueno de hacer es durante los cambios de estación, puedo tomar infusiones que no me alteren, como agua con limón que ayuda a desintoxicar un montón. Son nada más que cuatro días al año que puedo ayudar a mi cuerpo a funcionar mejor y ser consecuente. De pronto, podés tomar una sopa o algo livianito al final del día.

A veces tenemos los órganos internos inflamados y no nos damos cuenta. Después del ayuno realmente se siente otra energía, otra vitalidad. Ahí nos damos cuenta lo inflamadas que estábamos. Pero tampoco está bueno pasarse de ayuno, cuando estamos muchas horas sin comer se nos dispara el cortisol –la hormona del estrés-. Hay que tener cuidado, pero es una práctica que se utiliza hace años, en varias religiones, que se ha ido perdiendo. Tomando recaudos, la recomiendo mucho.

A veces cuando sos mamá, es difícil hacer estas cosas…

Sí. Pero está bueno saber que lo hacemos por un bien superior: estoy desintoxicando mi cuerpo. Es un cambio de mentalidad, tratar de huir un poco del placer inmediato. Pero bueno, es cierto que la etapa de maternidad, de estar con niños chicos, es muy exigente. Y quizás no sea el momento de hacer ayunos ni nada de esto. Cada uno se debe escuchar. Cuando tenía mis hijos chicos, yo no me podía exigir, ya tenía la exigencia a tope. En ese momento mi foco en mi salud estaba en comer bien, alimentarme sentada, darme un tiempo para asimilar un plato de comida nutritivo. Durante la lactancia no es conveniente ayunar. Cada uno sabe el momento en el que está.

¿Y qué hay del sueño?

La manera en cómo dormimos es muy importante también porque ahí el cuerpo se “resetea”. Se desintoxica; aprovecha todos los nutrientes y genera las energías para el siguiente día. Y yendo a esta idea de nuestra unión con lo que nos rodea, es muy importante conducir nuestros ritmos con los de la naturaleza. Cuando cae el sol, alrededor de las 10 de la noche, es conveniente irnos a dormir para no estar tan desajustados, por algo durante el día hay sol y en la noche oscuridad. También, seguro que si te despertás cerca de la salida del sol vas a tener más energía durante el día que si te levantás tarde. En la medicina actual se habla un montón de la cronobiología. Todos los manuales del Ayurveda y Yoga también hablan sobre las horas para hacer las cosas. Antes de la salida del sol es el tiempo ideal para meditar, por ejemplo, la noche es especial para algunas cosas pero no para otras. Y esto también es algo que podemos gestionar bien. Si comés en cualquier momento, si dormís cuando te pinta, todo eso tiene consecuencias.

¿Qué te brinda el Yoga?

El gran desafío del Yoga es el control del pensamiento. El pensamiento es aire, porque es intangible. Va y viene. Entonces una manera de controlar cuando la mente no para, es controlando la respiración. Es el puente entre el cuerpo físico y mental. Entonces aprendiendo ejercicios para controlar la respiración, podés calmar tu propia mente. Es una herramienta excelente. Cuando con tus hijos perdés la paciencia, por ejemplo, o te enojás demasiado y querés salir de esa dinámica, saber que podés controlar tu pensamiento a través de la respiración es un alivio. Podés darte un espacio para auto observarte, respirar, y ya con eso cambias el oxígeno de tu cabeza. En ese momento de rabia en que la vida te pone a prueba, hacer un buen respiro puede controlar tu reacción. Las emociones negativas implican cierta química en el cuerpo, entonces a través de la respiración podés producir otras descargas químicas, como las del amor. Hay que saber volver siempre a la química del amor. La ira es fácil de tomar, pero si respiramos podemos controlar la explosión del enojo.

Hay días y días, por supuesto, pero con la auto observación, podés tomar decisiones conscientes que cuestan pero allí están para ser usadas. Al principio puede ser un poco forzado, pero después te vas a acostumbrando a no reaccionar enseguida.

Para terminar, ¿cómo llegó el Yoga a tu vida?

Fue casual. Me dedicaba a la danza contemporánea y empecé Yoga por el año 2007 para enriquecer mi camino de la danza y como otra fuente de trabajo. Fortuitamente, se terminó convirtiendo en mi filosofía de vida.

Con el Yoga se me abrieron las puertas del camino espiritual que para mí era algo desconocido. En mi familia no practicábamos ninguna religión ni le dedicábamos tiempo a lo espiritual. Al principio estaba muy descreída de esa parte, desconfiaba de ciertos conceptos que fui aprendiendo y para mi estuvo bueno porque fui adquiriéndolos a través de mi propia experiencia. No es que debía previamente creer en algo sino que la práctica me lo fue mostrando.

Con las prácticas fui entrando en otros pensamientos y frecuencias. Si bien el Yoga es un camino espiritual, también es una ciencia, porque vos vas comprobando todo el tiempo lo que sucede a través de la experiencia. Comprobás que sos algo más allá de tu cuerpo y tu mente. En la vida cotidiana estamos muy identificados con nuestros pensamientos, con nuestra identidad, con nuestro cuerpo, con lo que tengo y lo que hago. Confundimos lo que hacemos o pensamos con lo que somos. Pero cuando hacemos estas prácticas para detener la mente a través de las posturas y la meditación, nada de eso importa. No sos tus pensamientos, sos una presencia que puede observarlos.

Por Federica Cash

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