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La alegría no está de cuarentena

Hace unos días conversamos en un vivo de Instagram con el Logoterapeuta Alejandro de Barbieri. Compartimos algunos pasajes de la nota por si se lo perdieron. Y si se quedan con ganas de más, la nota completa está en nuestro IGTV.

Decís que la alegría no está de cuarentena. ¿Cómo hacemos para sentirla aún en momentos complejos?

Estoy leyendo Mindset. La actitud del éxito, de Carol Dwek. Ella es una norteamericana que tiene una charla Ted muy conocida en la cual habla de la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento. Plantea que si bien tenemos una genética, una mentalidad o carácter, existe la mentalidad del esfuerzo o de la resiliencia. Muchas veces con los niños entramos en la mentalidad fija, decimos “es bueno en gimnasia o en matemáticas” y dejamos poca posibilidad al cambio. Ella plantea que a través del aprendizaje, muchas habilidades se pueden desarrollar.  El bienestar, la capacidad de resolver conflictos, de levantarse cuando hay un problema, eso se puede ir aprendiendo en el camino. La mentalidad de crecimiento se aprende. La de la alegría igual.

¿Cuáles fueron las consultas más frecuentes en estos meses?

Al principio me contactaban por lo que los padres decimos “retroceso”, y digo así porque en realidad no me gusta hablar de eso.  Me gusta ver la evolución de los niños con una mirada resiliente y más abarcativa, los psicólogos ponemos nombres para sacar una foto de la realidad y actuar, no por encasillar. Me llamaron padres que decían que el niño había adquirido el control de esfínteres y ahora en cuarentena había tenido un accidente con eso. Hubo mini retrocesos, que tienen que ver con la angustia del momento, con que papá perdió el trabajo, con la incertidumbre en la casa, con otras cosas. Los niños empezaron las clases y a las dos semanas se cortó todo. Eso genera estrés.

Por los miedos también me consultaron. Sobre en qué medida podía afectar esto a los niños, si podía traumarlos no ver a sus compañeros. Diría que las consultas fueron cambiando a medida que pasaron las semanas. Como psicólogo fui tratando de no traumatizar a los padres también, porque fue toda una situación anómala, es obvio que se consumió más pantallas, por ejemplo. Nosotros como psicólogos tratamos de transmitir que estaba bien la flexibilidad, la importancia de la calma y sugeríamos aprovechar para conversar. Con adolescentes se puede tener conversaciones muy lindas, sobre cosas que nunca se hablan pero que ante estas situaciones tan grandes se da la oportunidad de hablar.

¿Qué aprendizajes te deja esta cuarentena? ¿Qué descubriste?

El uruguayo tiene esa cosas de que cuando pasa algo, como que acata. Hoy hablé con Colombia y eran todos elogios para Uruguay. Creo que hubo una consciencia social bien clara. Claro que el ser humano precisa vincularse, es medio anormal estar todo el tiempo en la casa. Precisamos de los demás, hacer deporte, compañeros, salir. Uno precisa volver.

¿Si aprenderemos de esto? Creo que sí, pero va a depender de la salud emocional que tengamos, porque si la gente quiere volver a la locura que tenía antes, no hay aprendizaje. Hay gente que sufre tanto que capaz que no quiere volver, pero capaz queremos volver a encerrarnos en nuestros trabajos para no prestar a atención a temas que nos angustian.

¿Fue un gran despertador?

Empezamos a pensar sobre el manejo del tiempo. Hay empresas que hoy le están planteando a su gente que el que quiere vuelve y el que quiere no. Hay otras que están 100% digital. Muchos quieren volver porque están en la casa con los niños chicos y es difícil trabajar así. Hay gente que precisa volver en ese sentido para tener un espacio más tranquilo; una de las poblaciones más afectadas fueron las familias con niños de 0 a 5 años, sin alfabetización digital por cuestiones de la edad.

El manejo del tiempo y de la pausa fue una enseñanza. Al principio estábamos todos en casa, haciendo planes del tipo: ahora un puzzle, luego una serie, luego cocinamos. Luego fue una especie de “bueno, arréglense”. Fue lindísimo igual, eso de almorzar con los hijos todos los días, escucharlos. Creo que fue un curso intensivo para adolescentes y jóvenes, de que nada reemplaza al humano. Lo digital suma pero es irremplazable el encuentro humano.

Tú decís que educar es afectar. ¿Qué querés decir con eso?

Por “educar es afectar” me refiero a eso de no generar ese miedo a no afectar. Siempre hablo de la frustración, necesaria, pero por supuesto que no quiere decir pegar, o tirar la oreja. Lo que digo es que no hay que sobreproteger, pero el nene puede dormir en la cama grande y puedo darle todos los besos del mundo aun con 20 años si tiene un problema y nos precisa.

Todos estamos frustrando. Fernando Savater habla de eso, dice que frustrar no es agredir. Afectar es influir, en el fondo es educar en valores; el tema es que podemos pecar por exceso o por falta, hay que encontrar el punto ahí.  El educador debe ejercer su autoridad, eso dice Savater, que la educación es asimétrica, pero eso no quiere decir autoritarismo. El freno lo tiene que poner el adulto referente. Los “no” moldean el cerebro de nuestro hijo, al igual que la alimentación, el beso, la música, la cocina. Ese no es la frustración. Pero no es “ojala se frustre”, lo hacés para que crezca.

El rol del papá cambió en este tiempo…

En general el padre se siente con menos autoestima para ejercer su rol. Antes, el rol del padre era incuestionable, tenía un rol como de poder, pero también de abusar desde ese lugar. Mi abuela, por su cultura, cuando el abuelo llegaba a la casa decía “no molesten al abuelo que llegó cansado”. Ahora el rol del padre no es el de dar el nombre, apellido y el sueldo, ahora cumple un rol a la par con la madre y a muchos varones nos falta la empatía.

Yo le agradezco a Marcela, mi esposa, que muchas veces cuando llegaba cansado, me decía, “ya las bañé, estaban esperando para que les leas el cuento”. Y yo llegaba cansado, estresado, y a veces volvía pensando “ojalá que estén dormidas”. Cómo le agradezco a Marcela que no se haya cansado de recordarme que tenía otro laburo que era ser padre.

Nadie encuentra el sentido de la vida solo. Es como un intercambio mutuo. Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Entender que nuestros padres hicieron lo que pudieron con lo que tuvieron. Agradecer, hacer las paces con cómo fueron. Muchos hoy no queremos que “sufran lo que yo sufrí”, y sobreprotegemos. Todos van a sufrir, si no sufre es un psicópata. Si sufre es que le duele el dolor del otro, es porque es sensible.

Uno se transforma en madre o padre y a veces se olvida de la pareja. ¿Qué libros podés recomendar para pensar la pareja?

El libro de Massimo Recalcati, “Ya no es como antes”. Dice que hay dos mentiras de nuestro tiempo, la primera es que se pretende que el hombre hoy sea libre, independiente, autónomo, que sea él sin el otro. Es una mentira narcisista, ese fantasma de que puedo ser sin el otro. La segunda mentira es que hoy se exalta lo nuevo, lo nuevo, lo nuevo, ese deseo permanente de lo nuevo. Estamos siempre persiguiendo un estado ideal. También vos podés encontrar lo nuevo en tu pareja de siempre; claro que puede no suceder, cuando no hay crecimiento o no hay libertad. En ese libro dice “la versión hipermoderna de la máquina capitalista se traduce en la ausencia del cuidado por lo que se tiene y en el impulso compulsivo de alcanzar lo que te falta”. A veces por hipercuidar a tus hijos te descuidás a vos mismo, a tu pareja.

¿Cómo se hace para crecer a la par?

Libertad y crecimiento son fundamentales en la pareja sana. En La vida en tus manos hablo de eso. En toda pareja hay algo de dependencia, sino no hay pareja. Hoy una mujer puede querer ser madre, tener hijos, trabajar y ser feliz. Lo que tenemos que encontrar es el famoso término medio, que no sé cómo se hace, pero en toda pareja tiene que haber algo de dependencia y también algo de independencia.

Que cada uno tenga sus actividades, pero compartir; la independencia puede ser positiva y puede ser negativa, porque si somos totalmente independientes ahí es cuando nos podemos separar.  En cuanto a la sexualidad, de la que tan poco se habla, seguimos siendo un país pacato.

¿Algún otro libro que recomiendes?

El regalo del fracaso, de Jessica Lahey. Es el libro que me hubiera gustado escribir. Aprender a ceder el control de tus hijos para que puedan alcanzar el éxito y la felicidad. Ceder control, autonomía, confianza, seguridad. El apego es fundamental, pero también el desapego. Ambas cosas necesita el niño. Necesita sentirse querido y amado y también llevarse ese amor cuando no estés vos, en la escuela, en otro lado, importa que tengan a su papá y mamá introyectados. Para que se puedan levantar solos.

Transformar la pareja, de Roxana Gaudio. Es un libro precioso, bien escrito. Ella es psicóloga.

 

Nota: El video con la entrevista completo está en el Instagram de Mamás Reales Blog, en la pestaña de IGTV.

 

 

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