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¡El que no se equivoca no aprende!

Ayer junto a Caro comenzamos a estudiar una nueva certificación en Disciplina Positiva pero esta vez pensada para el salón de clases. Los niños pasan muchas horas en la escuela y creemos que al igual que padres y madres, los docentes necesitan renovar su caja de herramientas con estrategias que ayuden a enseñar mejor, preservando el vínculo y la conexión emocional. Porque si algo está claro hoy -y nos lo están mostrando las neurociencias- es que aprendemos mejor cuando nos sentimos bien, a gusto, conectados con nuestros adultos de referencia, en este caso el maestro o la maestra.

Como la escuela es nuestro coequiper en la educación de nuestros hijos (y en algunos casos tiene hasta más relevancia que la propia familia, es justo decirlo) consideramos imprescindible difundir estas ideas también dentro de los salones. Porque la paz en las sociedades se construye en el seno de las familias y escuelas, a través de una educación consciente hacia las nuevas generaciones, ¡no hay duda de eso!

Al igual que cuando hicimos la certificación en Disciplina Positiva para la Familia, ayer comenzamos con el ejercicio de las “dos listas”, que es muy gráfico y nos ayuda a repensar nuestras actitudes y formas de abordar los conflictos con nuestros niños.

El ejercicio comienza preguntando sobre los desafíos cotidianos con los que se enfrentan los docentes dentro del salón de clases. Faltas de respeto, burlas hacia un compañero, dificultades para comprender un ejercicio, apatía, problemas para permanecer en silencio, peleas entre amigos, competencias entre alumnos, etc., etc. Fueron muchos más los retos que se dijeron y anotaron pero con estos ejemplos, creo que se entiende de qué va.

Por otro lado, una segunda lista planteaba la interrogante de en qué adultos nos gustaría que se transformaran esos alumnos. El planteo era así: imagínense que pasaron 25 años y ese alumno en el que pensaron (ese que hoy les da dolor de cabeza) vuelve a visitar la escuela y a saludarlos. ¿Qué características les gustaría que tenga ese niño devenido en persona “grande”?

Ahí se dijeron muchas cosas: responsable, auto disciplinado, respetuoso, amigo, trabajador, solidario, alegre, empático, honesto, autorregulado, etc., etc. Luego entre todos pensamos: ¿qué es lo que estamos haciendo hoy para que esos chicos logren tener esas habilidades a largo plazo? Y sobre todo vimos una y otra vez, cómo cada desafío que el niño presenta en la actualidad puede transformarse en una oportunidad para aprender eso que falta.

Me explico mejor: cuando un niño falta el respeto, en vez de mandarlo a la dirección o sacarle minutos de recreo, podemos enseñarle la importancia de tratarnos con amabilidad. Fíjense que si el niño no comete el error, no hay posibilidad de aprendizaje. O cómo la situación de un niño que se burla de otro puede ser oportuna para enseñar la empatía, tan en boga hoy. “¿Cómo te sentirías tú si menganito se ríe de ti? ¿Cómo crees que se sintió el compañero cuando tú lo hiciste?”

Si abriéramos los ojos y el corazón, y estuviéramos más atentos a no etiquetar a los niños en “el charlatán”, “el egoísta”, “el peleador”, etc., encontraríamos en cada “mala conducta” una oportunidad para enseñar las habilidades que faltan aprender.

Los docentes tienen en sus manos mucho del futuro de las nuevas generaciones. Así de importantes son aunque sus sueldos por estas latitudes no lo demuestren. Quizás no vean a las futuras generaciones en carrera, quizás no disfruten de los frutos de estas semillas que hoy riegan día a día, pero lo que sí no hay duda es que su labor está empapada de sentido, de propósito, de significado para la humanidad. En este sentido, sería genial que cada error de sus alumnos lo puedan ver como una maravillosa oportunidad para aprender. E incluso alentarlos a más, diciéndoles: ¡vamos niños, vamos, a equivocarse que el que no se equivoca no aprende!

Colegios y escuelas: ¡estén atentos! Tenemos buenas ideas para transformar sus aulas en lugares de entrenamiento de habilidades fundamentales para una buena vida.

Federica Cash

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