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Juanito Conte: “A un niño no sé si le cambia el arte en sí, pero sí le brinda creatividad para la vida”

Él se define como artista visual porque “artista plástico” es un término que no lo representa. “Dentro de ese rubro hago muchas cosas, me dedico más a la pintura, pintura-instalación, al menos es lo que hago en los últimos años”. Juanito Conte es uruguayo, vivió varios años de su vida en Salto y, tras un tiempo en Argentina, volvió a Montevideo. En la calle Obligado tiene lo que entre sus amigos y colegas conocen como el Galpón de Obligado, un estudio que comparte con más artistas y es refugio para su creación.

Es papá de Piero y de Manuela, creció estimulado en un entorno de “artistas” -aunque sus padres no lo fueron profesionalmente- y afirma que no se imagina siendo él sin arte. Sobre su don, el arte, la creatividad, conversamos con Juanito en este ciclo que empezamos junto con Infantozzi para contar las historias de algunos artistas uruguayos y celebrar los 40 años de esta gran fábrica de colores.

¿Qué es la “pintura-instalación”?

No es la pintura de forma individual como objeto, sino que lo que hago es pensar una idea que se desarrolla y se plantea para que una obra dialogue con otra en el mismo espacio. Las obras, los cuadros, no hablan por sí mismos, sino en conjunto, en un mismo espacio. Y uso varias técnicas, entre ellas la serigrafía, pero la integro al proceso de pintura.

¿Cómo fue tu infancia y cuándo se te cruza el arte en la vida?

Mis padres tenían un taller gráfico en casa y me crié ahí adentro, entre pinturas. Se consideraban artistas, porque mi viejo tenía una banda de música. Mi abuela era música también, pero no eran profesionales, no vivían de eso.

Hace 20 años me vi como ayudante de mi padre en la empresa familiar y sin querer, por esas casualidades, el camino me fue llevando a conocer gente que me influenció, con libros, mostrándome cosas vinculadas al arte. Y cuando tuve que hacerme la pregunta de si seguir estudiando o trabajar con mi padre en Salto, al final me fui a Argentina cinco años. Trabajé en agencias de publicidad y el camino continuó siempre vinculado al arte. Hoy soy artista y además doy clases, aunque no es mi fuerte esto último. Selecciono mucho a quienes vienen, porque me interesa trabajar con ellos la libre expresión, no tanto que sea una “clase de”.

¿Sos autodidacta?

No me define mucho el ser “autodidacta”. Pero ciertamente no estudié arte. Aprendí del rubro haciendo cosas y leyendo, fui dando con maestros, muchos de los cuales pintaban increíble pero no se consideraban pintores. Siento que tuve unos padres con determinada visión de cosas, había estimulación en mi casa. Mi madre nos estimulaba con cuestiones simples, nos acercaba material: cartones, pinturas, plástico. Y yo me hacía mis autos, mis cosas para jugar.

¿Estimulás a tus hijos para que se vinculen con el arte?

Mi compañera tiene un espacio de pintura para niños que se llama KIFF. Mi hija Manu dice que quiere ser fotógrafa, tiene siete años. Pero pueden pasar pila de cosas con el tiempo, el mundo de hoy es tan cambiante. A su edad, para mi tener una cámara era imposible. Ahora hay posibilidades más cercanas. Y quién sabe cómo será la fotografía en unos años.

¿Qué importancia tiene la calidad del material en la calidad del producto artístico?

Yo trabajo mucho con materiales de Infantozzi. Llegué por un amigo que pintaba y sé que no podría pintar si no tuviera el soporte que tengo con ellos. No solo por la posibilidad de lo que sale sino por la calidad de producto que se consigue. Hay soporte técnico, me hacen tintas si les pido (risas), me preparan colores, me miman. Es difícil vivir del arte en Uruguay, pero Infantozzi llegó a un tipo de producto profesional que no tiene nada que envidiar a lo que viene del exterior. Está ese mito de que lo de afuera es mejor, pero no es así.

Cada artista crea y saca algo de sí en esas obras. ¿Qué hay de vos en tu obra?

Todo. Hay un concepto e idea atrás de cada obra que hago, que tiene que ver conmigo. Una de las últimas cosas que hice estaba vinculada con la imagen. Hoy vivimos en un mundo con sobredosis de estímulos visuales, de imágenes; eso es lo que veo y siento y me puse a investigarlo. En una instalación traté de cuestionarme un poco eso. Me pasó que un día me compré un chromecast para la tele y empezó a hacer fondos de pantallas, el algoritmo le tiraba imágenes y me empezó a llamar mucho la atención ese algoritmo de conciencia, las imágenes que me pasaba. Fui pensando y desarrollando eso, trabajé con fotos familiares, terminé desarrollando una obra con destellos iluminados de degradé y brillos. Trabajé con una especie de proceso fotográfico, investigando mucho.

¿Qué creés que le deja el arte y la pintura a un niño?

Yo no sé qué sería sin arte. No me imagino. A un niño no sé si le cambia el arte en sí, pero sí le brinda creatividad para la vida.

¿Creés que el arte es un medio para el autoconocimiento?

Sí. Claramente lo es. No me gustan mucho las palabras que tienen el “auto” adelante, pero entiendo que el arte es uno de los caminos posibles para el conocimiento en general y para el conocimiento de uno mismo también.

Entiendo que hay además otras actividades, como el deporte para algunos, que pueden servir. Creo que todas las cosas que están ligadas al pensamiento, la reflexión y la investigación, llevan al mismo caudal o camino. El del arte es una buena manera, pero hay otras.

Por Carolina Anastasiadis

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