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Las huellas de los abuelos

–         “Extraño a papú”.

–         “De qué te acordás de papú, si tenías 2 años cuando se fue?”

–         “No sé. Era bueno. Y me sacaba fotos”

Ese fue el diálogo de anoche entre Fran de seis años y yo. Al minuto, nos acostamos a leer las tres en la cama grande y saqué una frazada de lana. “Tiene un agujerito mamá” dice la mayor, Alfo. “Era de la abuela Norma” le digo. “La-abuela-Norma” (su nombre estaba compuesto de esas tres palabras, porque nadie la llamaba “Norma”, era LaAbuelaNorma) era fan de la lana. Aun usamos sus frazadas y algunos zapatones tipo escarpines de adultos en invierno. 

Los abuelos siempre dejan huellas. Dejan esos detalles calentitos que seguimos usando cuando se van y además recuerdos (calentitos también) en forma diversas. En mi caso, en forma de olores. La vainilla para mis hermanos y para mí es el recuerdo emocional del mejor bizcochuelo que existe, el de la (misma) “Abuela-Norma”. De ella tengo en mi cuaderno de recetas, las fórmulas de varias otras delicatesen.

Ayer mis hijas (en día sin clase) estuvieron todo el día en lo de la abu-Tina (mi mamá) cocinando escones y jugando a la peluquería que se transformó luego en supermercado. Y mientras les cuento esta intimidad, caigo en que mamá va construyendo a su manera los recuerdos que ellas algún día rememorarán como huella de su abuela. Cuando las fui a buscar, no se querían volver.

A pocos días del día del abuelo, y también impulsada por una consigna que movimos hoy en Mamás Reales junto con Infantozzi, es que me dieron ganas de hablar de los abuelos. Porque, -y así se lo expliqué a Fran cuando nos pusimos a conversar sobre la manta con agujeros- nuestros hijos están acá gracias a esos abuelos y gracias a nosotros. El linaje es una herencia, no solo genética sino emocional. Y así como se repiten legados de generación en generación, se repiten cuentos, se repiten juegos, mantas rotas y tortas o escones cuyas recetas pasan de mano en mano para que el día de mañana nuestros hijos las cocinen junto a nuestros nietos.

Desde Mamás Reales deseamos a los abuelos un muy, muy feliz día y les agradecemos su vida y existencia. ¡Porque todos somos gracias a que ellos son o fueron!

Y si después de leer esta nota tienen ganas de contarnos qué huella dejaron sus abuelos en ustedes, qué prenda de ropa, objeto o recuerdo aun guardan en sus casas con sus treinta y pico o cuarenta años, cuéntenos en el Instagram de Mamás Reales que estamos ansiosas por escucharlos. Además, vamos a dar un regalo –para que compartan con los abuelos de sus hijos, claro- para que ellos les entreguen además de un regalo una invitación a pasar un rato de encuentro y creación juntos. ¡Feliz día!

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