Autor: Federica Cash

Adolescencia y tecnología

En la Era Digital todos nos sentimos novatos, aquí nadie corre con ventaja, no hay quien no esté aprendiendo a vivir en esta nueva realidad. Y a la hora de educar, la inseguridad se apodera de nosotros (los adultos) que aún estamos acomodando el cuerpo, a esta nueva forma de vivir. Y si al escenario en cuestión le agregamos las dificultades propias de la adolescencia y pre adolescencia, en la que como educadores nos cuestionamos TODO sobre cómo acompañar, entonces las incertidumbres y los miedos crecen y surgen preguntas tales como: ¿estará bien que mi hijo pase tantas horas conectado? ¿Le hará mal mirar la pantalla todo el día? ¿Por qué le interesa tanto comunicarse por las redes sociales y tan poco con quienes estamos a su alrededor? ¿Cuándo fue que esto cambió tanto? Lo cierto es que la tecnología llegó para quedarse, y con sus cosas buenas y malas, seguirá conquistando nuestras vidas hasta lugares que hoy no podemos sospechar. Así como cuando la luz llegó y se añoraban los tiempos de velas y largas …

¡Pará mamá!

Corro. Corro, corro, corro. Trabajo, levanto a Alfo del jardín, almuerzo en casa (algo que me propuse desde que soy mamá, pensando ilusamente que así podría «desacelerar»…), pero de repente, mientras comemos, estoy pendiente del celular. Alfonsina también come, se levanta de la mesa, va a saltar al sillón y vuelve. Me quejo, “¡quédate quieta Alfonsina!”, y siempre digo no saber de dónde saca tanta energía; quiero que se quede quieta pero a mí me cuesta estar quieta.  Antes de que ella naciera, ya me lo advirtieron sus abuelos: “Si sale a vos no va a aprender a caminar; ¡directamente va a aprender a correr!”. Y me doy cuenta que no le erraron, que nada es casual. Miro mi árbol y descubro que mamá era igual. Va…Es igual. Sigue trabajando 10 horas por día a pesar de sus… (no me deja poner la edad, pero ya podría ser jubilada). Una aprende a vivir a partir de lo que recibe de sus referentes. De a poco lo más natural del mundo tiene que ver con ese …

¡Sentirse cómoda!

Hace unos meses entrevisté a una referente del mundo de la moda, de esas que con su look marca la tendencia que varias quieren seguir; y cuando le pregunté sobre un error de la moda que supo cometer, respondió: “cualquier vez en que la prioricé por sobre la comodidad”. Hoy sabemos que para vernos lindas, tenemos que sentirnos lindas primero. Y difícilmente nos gustemos si un corset no nos deja respirar, o si no sabemos manejar los zapatos de taco aguja. Hoy entendemos que la belleza tiene que ver con sentirnos cómodas, confiadas, fieles con nosotras mismas. Y justamente esta comodidad también forma parte del #MovimientoSaludable de #Lactacyd. Así te lo cuenta María Gomensoro.

Cuidar el cordón umbilical

Los roles en casa hoy están distribuidos más equitativamente que en épocas pasadas. Al igual que la madre, el padre es clave en la educación de los hijos y es también responsable de su bienestar y cuidado. En mi familia, por ejemplo, mi marido fue el encargado de limpiar el cordón umbilical de mis dos hijos. Y debo admitir que las pocas veces que lo hice yo, no fui la mejor. El ombligo es todo un tema en los recién nacidos, y es importante ser cuidadosos y constantes para lograr que el desprendimiento se dé casi de forma natural. Sobre cómo lograrlo, qué precauciones tener y cómo limpiarlo de la mejor manera, hablamos con la pediatra Soledad Bauzá. ¿Cuándo se debería caer el cordón umbilical? El cordón se desprende habitualmente entre los 5 y 21 días de vida. La caída tardía del cordón es la persistencia del mismo por más de 4 semanas. ¿Cuándo me debería preocupar? Son múltiples las patologías que pueden afectar al cordón umbilical y provocar caída tardía, desde exceso de humedad o …

Entrevista a una #Mamá Real: Cindy Kleist

De viaje en Israel, siendo una joven de 18 años, se comunicó con su madre para preguntarle si en Uruguay existía algún lugar donde estudiar orfebrería. “Cuando vengas, lo vemos”, le respondió ella, minimizando la pregunta. Nunca sospechó que lejos de un capricho, aquella consulta era mucho más profunda, menos pensó que estaría vinculada a un futuro profesional. Cindy Kleist es una emprendedora de 31 años, orfebre de profesión y vocación, a pesar de tener colgado en la pared otro título universitario (para alegría y placer de sus padres). Sus piezas y su tesón la hicieron merecedora de un Premio Morosoli de Bronce y de la Marca Uruguay Natural, entre otros reconocimientos. Su atelier, en frente a la Plaza Gomensoro, es el lugar en donde la joyería cobra un nuevo significado. Porque lo que ofrece poco tiene que ver con el concepto de joyas que todos conocemos (por lo menos con el mío), aunque es difícil encontrar una palabra para encasillar a cada una de esas pequeñas piecitas de arte. Cindy acaba de ser mamá y …