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De superpoderosa a la mujer más débil del mundo

Todo empieza en la previa. Tus sentimientos y ánimo dependen un poco de esa moneda que va en el aire, que puede dar dos posibilidades. Una positiva y deseada, otra, la que nadie quiere escuchar cuando decide buscar. Ahí empezás a sentirte parte de algo más inmenso. Por más que hayas hecho todo, ni siquiera están en tus manos los resultados. Por primera vez, sentís que la vida te sobrepasa y vos sos apenas una parte; chiquita. Si tenés el privilegio y la bendición de poder gestar, hay muchas más pruebas para vos. Llega la primera ecografía, esa que se hace en las primeras semanas, y si sos consciente de la información que te pueden dar, cruzás los dedos, rezás, o pensás en positivo para que todo esté bien. Comiste todo lo bien que se puede –a pesar de las náuseas-, descansaste lo que tu cuerpo te pidió, hace tres meses tomás ácido fólico y, así y todo, otra vez la moneda puede darte dos opciones: estás “bien” embarazada, o no. Y no depende de …

Las madres damos miedo

Hace unas semanas, en una de esas rondas en las que me encuentro con frecuencia, la charla derivó en un tema recurrente en los grupos “mujeres +30”: maternidad. Una de las chicas se acababa de enterar que esperaba 2. “Fui a la primera eco, empezó a mirar raro y dijo: ¡¡sorpresa!! ¡¡Son 3!!”… La cara de los padres era un poema, entonces les aclaró que les estaba haciendo un chiste: “Mentira, son dos”. Una estrategia altamente efectiva para amortiguar el impacto de unos padres que ya tienen un nene y que tras, largas idas y vueltas, decidieron por fin, darle un hermanito. “Tengo que cambiar el auto, la casa, alimentar tres bocas”, seguía la madre, enredada y sucumbida en sus hormonas, su malestar y con la incomodidad de un pantalón cuyo botón pedía a gritos ser reemplazado. “Es una bendición, lo sé, pero lo primero que hice cuando me enteré fue llorar dos días”, agregó. Hoy está feliz, con su doble positivo asumido. Al rato, en la misma reunión, una de las chicas, joven y …

La aventura más aventura!

No estaba dentro de mis principales sueños tener hijos ni ser una súper mamá. Lo daba por descontado; en la representación de mujer que tenía, ser mamá era parte del combo. Mis mujeres de la familia me lo enseñaron, aquellas que estuvieron y están detrás de mí, también las que caminan a mi lado, hermanas felices y de muchos hijos. La pregunta más común entre las mías es: “¿no vas a tener más hijos?” (con cara de sorpresa). En el ADN familiar la maternidad era y es natural e incuestionable, un regalo a disfrutar. Siempre fui medio soñadora, buscadora, viajera de alma aunque no me moviera, de pensamientos erráticos e inquietos, un poco cuestionadora de lo instalado; siempre sentí ganas de ver mucho, de aprender, de desaprender aquellas cosas que sentía no servían, de conocer gente de otros lados, de “abrir un poco la cancha” -y la mirada de las cosas-. Y como buena seguidora de su tribu y confiando en el fluir de la vida, encontré a un compañero con quien soñar, y también engendrar, para …

La vida en un tupper…¡bienvenida vianda!

Empezaron las clases y este año me tocó tener una hija lunchera. Cuando la planificación falla, en las noches me convierto en una artesana de viandas… un poco de cada cosa, con varios colores, algo de proteína, de verdura…y trato de incluir algo rico, cosa que la chiquilina se inspire y no me devuelva el tupper lleno. UFF…difícil. Si están en la misma, lo que sigue les va a interesar. Daniel Guasco –reconocido cocinero, autor de “¡Cómo Crezco!” nos pasó algunos consejos sobre cómo armar las viandas de buena manera. Atenti madres trabajadoras, porque estos piques sirven también para la vianda de oficina. ¿Cómo elaborar y combinar los alimentos de la vianda? Debemos crear un alimento rico en proteínas: utilizar carne de vaca, pollo, pescado o huevo. En recetas que utilizamos un pollo como proteína, lo ideal es acompañarlo de una salsa para que nos mantenga la humedad del pollo. Combinar la proteína con una guarnición que esté compuesta por vegetales o cereales (pasta, papa, arroz, polenta), queso o alguna preparación con leche, por ejemplo …

Entrenando la PA-CIEN-CIA

Hace algo más de tres años que vengo entrando duro para paliar una carencia de nacimiento que la maternidad me reventó en la cara: me falta paciencia. Con un hijo, la vida te la sirve en una bandeja, sin otra opción de menú. O la tomás o estás frita, y más vale que la entrenes. Mi hermana de la vida, me advirtió siempre que la falta de paciencia era un temita para mí: “ay negri, tenés que ser paciente”. Lo dijo una y otra vez durante toda nuestra vida. Para ella era fácil, porque nació en una familia de siete hermanos y, digamos que entre que quería una cosa, la pedía y se gestionaba, podían pasar semanas. En casa, familia de tres hijos, la cuestión era bastante más expeditiva. Digamos que la espera, no fue nunca bien valuada en la familia Anastasiadis y Alfonsina llegó para  mostrarme que era hora de entrenarla porque sin ese atributo, nuestro camino juntas iba a ser difícil. Una tarde, mientras estaba trabajando, noté mi ceño fruncido. Molesta recordé que …