¡Pará mamá!
Corro. Corro, corro, corro. Trabajo, levanto a Alfo del jardín, almuerzo en casa (algo que me propuse desde que soy mamá, pensando ilusamente que así podría «desacelerar»…), pero de repente, mientras comemos, estoy pendiente del celular. Alfonsina también come, se levanta de la mesa, va a saltar al sillón y vuelve. Me quejo, “¡quédate quieta Alfonsina!”, y siempre digo no saber de dónde saca tanta energía; quiero que se quede quieta pero a mí me cuesta estar quieta. Antes de que ella naciera, ya me lo advirtieron sus abuelos: “Si sale a vos no va a aprender a caminar; ¡directamente va a aprender a correr!”. Y me doy cuenta que no le erraron, que nada es casual. Miro mi árbol y descubro que mamá era igual. Va…Es igual. Sigue trabajando 10 horas por día a pesar de sus… (no me deja poner la edad, pero ya podría ser jubilada). Una aprende a vivir a partir de lo que recibe de sus referentes. De a poco lo más natural del mundo tiene que ver con ese …




