Mamáaaaa!
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Un pedacito de mí

Alfonsina duerme, se sobresalta de repente, empieza a llorar y se despierta. Ha hecho lo mismo en más de una siesta y alguna noche del último mes. También la he escuchado sollozar en la noche, como afligida, sin despertarse. Me angustié al darme cuenta que eso iba a determinar lo que signifique para ella la angustia en su escala de sentimientos; su primera angustia y yo que no puedo hacer nada. ¿Qué habré hecho mal? ¿Por qué sueña así si cuando está despierta está contenta? Me duele. No quiero que con cuatro meses experimente eso.

Le pregunté al pediatra y me dijo que era completamente normal, que a esta edad sueñan y que en poco tiempo arrancarán las pesadillas, pero que peor será cuando comience el “desapego”. Así lo llamó. No tengo claro qué es pero ya me duele.

Trato de explicarme por qué esas cosas que son naturales (y también “de manual”) me hacen sentir tan mal cuando son esperables, y a la vez me generan ganas de proteger a mi cría para que no tenga ni sueños malos ni pesadillas, ni desapego.

La respuesta que encontré es simple: me duele porque ella es un pedacito de mí. Literalmente, parte de mí; como mis ojos, la boca, la piel, mis brazos, mis dedos. Se formó dentro de mí, creció, un día salió…y alguien cortó ese lazo que nos unía para que dejáramos de ser una y empezáramos a ser dos y que ella empezara su propia vida. Pero ahora la sostengo todo el tiempo que puedo y cuando salgo y no la siento, me faltan sus seis kilos cerca para sentirme entera; es físico. Porque a pesar de ese corte, todavía somos una y realmente no tengo claro si algún día la sentiré distinto, si esto se cura.

La semana pasada me dolía la garganta y horas después fue ella quien no tuvo ganas de comer. Llamé al doctor, Alfonsina estaba con la garganta enrojecida. Siguieron mocos, tos, mucha tos. Primero yo, luego ella. O al revés, ya ni me acuerdo. Porque a esta altura es lo mismo. Se enferma una, nos enfermamos las dos; se ríe una, nos reímos las dos, llora ella y lloro yo. Como lácteos, ella tiene cólicos; no duerme ella y al otro día estoy cansada yo. Somos almas-reflejo.

Fuimos al pediatra y cuando le indicaron quedarse en casa y unas gotitas homeopáticas para levantar las defensas, lo primero que pensé fue la responsabilidad de llamar al trabajo para avisar que estaba enferma, y enseguida me prometí también incorporar vitaminas a mi dieta. Fueron reacciones instantáneas. Incorporé las vitaminas pero no llamé al trabajo porque la razón hizo que me diera cuenta que debía volver a casa, dejarla y salir a trabajar, como cualquier madre, porque para el mundo somos personas independientes. A pesar de que algo se escape en eso.

Días después, ya recuperadas, me puse a pensar cómo podía ser que esos sentimientos afloraran así, tan fuertes. No llegué a conclusiones, solo que probé que hay cosas que te atraviesan y transforman, y que los nacimientos (como los fallecimientos) de personas que amamos tienen ese efecto (¿reflejo?). Hace un año falleció mi abuela, mi segunda mamá. Recuerdo esa primera semana sin ella, que cuando me preguntaban cómo estaba, yo explicaba que creía que algo en mí se había apagado para siempre y que nunca más iba a poder reírme con todo mi ser porque faltaba un pedacito. A pesar del tiempo, lo sigo sintiendo así. A su manera, era otro pedacito de mí. Estimo entonces que estos sentimientos emergen cuando el amor genera esa unión invisible que nos hace sentir con y por el otro, empatía; entonces algo dentro de nosotros se muere cuando alguien “nuestro” se muere, nos duele cuando ese alguien se lastima, enfermamos cuando se enferma y nos llenamos los pulmones de aire cuando lo vemos sonreír. No hay cortada de cordón que valga. Que lo desmienta alguna mamá.

Por Carolina Anastasiadis

3 Comments

  1. Ay Caro! Es tan verdad… Alfo siempre será un pedacito de ti. Es muy difícil el desapego. Agarrá con ganas esos 6 kilos (que después serán 15 o 20) y disfrutalos. Algún día se dará cuenta de que son 2 personas distintas pero con mucho en común. Cada etapa tiene lo suyo y las pesadillas algún día se irán (y vendrán cosas nuevas)
    Besos a ambas!

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