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Yoga para una gestación consciente

La forma en que somos concebidos, gestados y dados a luz, incide en la manera que sentimos y percibimos al mundo. Las historias que vamos viviendo a lo largo de nuestra vida, responderán en cierta forma a esa “matriz original”. Reconocer este mapa es lo que hizo “Malu” a través de diversos caminos y herramientas. Hoy día es lo que llama Yoga para una Gestación Consciente y lo comparte desde Mahadevi, su espacio de yoga.

La semana pasada contábamos su historia y hoy los invitamos a conocer cómo es que Malu realiza acompañamientos a parejas y mujeres embarazadas.  Aunque, lo que propone no es solo para “embarazados”. Ella enfatiza en la importancia de hacer este camino de exploración antes de buscar traer la vida, para conectar y reconciliarnos con nuestros cuerpos, con nuestra sexualidad, nuestros ciclos vitales, nuestras parejas y la maternidad.

¿Cómo te iniciaste en el yoga?

El yoga llegó a mi vida cuando tenía 8 años. Tenía el pecho hacia adentro, “hundido”, y el médico recomendó a mis padres que hiciera yoga o natación. Tras una de esas clases llegué a casa diciéndole a mi madre que había aprendido a respirar. Creo que fue una de mis primeras revelaciones.

Tras la formación en yoga, observando a los bebés recién nacidos y a través del trabajo con niños, me fui dando cuenta que nacemos respirando de forma perfecta pero justamente, lo que atravesamos en nuestros nacimientos y primeros años de vida van dejando como una cicatriz en nuestro cuerpo y en nuestra respiración. Por eso observando los cuerpos y la respiración se puede ir identificando ese mapa de matriz original.

¿A qué te refieres con esa cicatriz?

Las gestaciones, los nacimientos y las primeras horas de vida de casi todos nosotros fueron poco conscientes; me refiero a que no conocemos los efectos que pueden tener determinadas situaciones en nuestra psiquis y por tanto en nuestros cuerpos.

Por ejemplo, recién hace pocos años incorporamos una ley de acompañamiento. Es decir que hasta hace poco en Uruguay nuestras mujeres daban a luz solas, y la mayoría de nosotros tenemos en la memoria de nuestro cuerpo que llegar al mundo, implica quedarnos solos. También nos separaban enseguida y nos llevaban a la nursery. En la actualidad en muchos países del mundo y por suerte también en nuestro país, estamos comprendiendo la importancia del contacto piel con piel tras ese instante post-parto. Al hacerlo vamos grabando en la memoria que nacer no es tan terrible, al contrario, da placer, es hermoso sentir los cuerpos. Y eso es una oportunidad para el nuevo ser, para escribir una memoria sana de vinculación con el mundo (“sigo unido a pesar de estar afuera”) y también una oportunidad de sanación para esa pareja o familia toda, si hay hermanos que no experimentaron esa posibilidad. Por eso el Yoga para una Gestación Consciente no solo se reduce a la gestación, sino que es algo transversal a la vida, por tanto también genera herramientas para la vida extra-uterina, lactancia y crianza.

¿Por qué el yoga es la base de este trabajo?

Al ir trabajando con el yoga como herramienta para que las madres conectaran con sus hijos, me fui dando cuenta de algunas cosas. Escribí y sistematicé mucho en estos tres años. Observé, por ejemplo, que cuando lograban ese estado de relajación, ese estado de unidad con su cuerpo, mente y corazón, entraban en profunda comunión con sus hijos. En ese estado que me gusta llamarle de “regreso a casa”, podían comprender cómo se estaban sintiendo sus hijos. Ahí es que comencé a sostener que nuestros hijos en el útero deben experimentar esa sensación de éxtasis que nosotros sentimos cuando estamos unidos al mundo.

La práctica del yoga nos pone en otro lugar como padres; nos ayuda a comprender que ellos nos vienen a enseñar, a guiar y a mostrarnos partes de nosotros que no nos animábamos a sentir. Por eso la gestación puede ser muy movilizadora. Porque por naturaleza nos mueve desde la oscuridad hacia la luz.

¿Por qué creés que es tan importante explorar el árbol de dónde venimos como mujeres y hombres?

Nos permite darnos cuenta de nuestra unidad. No venimos de la nada. Un individuo no está separado, sino que es un fruto más, que tiene determinadas raíces, colores, características, etc., y que habita a su vez en una comunidad de árboles. Entonces si el fruto está manifestando algo, hay que explorar cómo están las raíces. La psicogenalogía y la bioneuroemoción como parte de su método de sanación, observan que hay ciertos patrones de repetición dentro de un mismo árbol en una especie de “memoria heredada”. Se sabe que es una forma que tiene el clan para transmitir cierta información importante para la supervivencia de la especie. Eso se puede manifestar en algo físico, en una enfermedad, o en una situación. Es lo que popularmente tendemos a llamarle kharma o cruz, y nunca es porque sí. Es la forma que ha tenido nuestro organismo familiar de darnos a luz. No darnos cuenta, nos lo hace vivir como esclavos. El darnos cuenta nos permite conectar con esa cadena de amor que tuvo que suceder para que nosotros podamos estar vivos. Hacerlo consciente nos libera.

¿Cómo lográs que las embarazadas tomen consciencia de esa herencia?

Durante la gestación la idea es no mover el árbol, sino guiar la emoción que traiga esa madre y llevarla a la orilla firme. Pero lo cierto es que el movimiento sucede porque ese nuevo ser lo mueve desde las entrañas de la madre. Hay que hacer este trabajo de forma muy delicada, ya que lleva mucha responsabilidad hacia la vida.

Cuando esto sucede, se realiza una exploración transgeneracional para indagar por aquello que ese bebé nos está pidiendo conectar. Conocer por ejemplo no sólo como esa mamá se relaciona con su propia mamá sino también cómo ha sido el vínculo entre las mujeres de su clan: su mamá con la abuela, ésta con la bisabuela, etc. Desde allí logramos comprender muchas cosas, por ejemplo la creencia de lo que es ser madre, que en cada familia se vive distinto. Para algunas es una carga, otras lo viven como una luz, dependiendo de la historia familiar y de lo que hayamos venido a vivir.

¿Trabajás sobre el “parto deseado”?

Siempre digo que todas las condiciones están dadas para tener el parto que queremos, pero hay que trabajar para eso. Hay mujeres que están más conectadas con su intuición y otras que no, pero trabajándolo podemos soñar con eso que queremos. Y ahí empiezan a incidir todas las experiencias de las que hablamos.  El buen desear es lo que mueve todo, crea realidades. Después, la vida dirá que es lo que tiene que ser vivido pero nosotros nos debemos el derecho y la oportunidad de haberlo podido soñar.  Eso es honrar la vida que está en camino. Por eso, en Yoga para una Gestación Consciente, insistimos que no hay un nacimiento “bueno” o “malo”. Todo parto es perfecto, es lo que tiene que vivir esa mamá, ese papá y ese hijo como mapa para esta vida. No hay culpas, solo consciencia y amor incondicional.

¿Ayudás a controlar el dolor del parto?

Buscamos no controlar. Si nos hemos preparado desde el control hacia la vida, seguramente hemos generado todas las condiciones para que ese dolor nos haga sufrir. Sin embargo, si hemos ido dejándonos atravesar por el dolor durante la gestación, dolores físicos y sobre todo dolores emocionales (las sombras), nos hemos ido preparando para ese dolor que nos anuncia la vida. Dolor y Vida están relacionados, no hay uno sin el otro. Si aprendemos a resignificar el dolor, a vivirlo desde otro lugar, abriéndonos en alma y cuerpo a él, sin duda también habremos aprendido a resignificar la vida viéndola desde nuevos lugares.

El dolor nos demuestra cómo nos vinculamos con la vida. Aunque resulte extraño, existen mujeres que han sentido hasta placer durante el parto y eso es fisiológicamente natural. El tema es haber soltado las creencias que no nos lo permiten vivir así, que nos llegan del paradigma “parirás con dolor”.

Estamos diseñados para vivir el parto con placer, con disfrute, con amor, en expansión y todo lo que sucede allí es muy amoroso, como estar haciendo el amor. Lo he presenciado, incluso he estado en situaciones en que las enfermeras no se han atrevido a entrar para no meterse en esa intimidad. Si podemos soltar las creencias y comprender que el parto forma parte de la sexualidad entre la pareja -hay muchas hormonas en juego que son las que generan placer, endorfina, oxitocina, etc.-, si podemos sentir al parto como un acto de amor, si el ambiente no presenta hostilidad, entonces la vida se abre paso sola porque si hay algo seguro es que la vida está destinada a nacer.

Pinturas de Malu: la primera representa ese viaje “hacia la matriz original” y la segunda, la unión de una pareja.

Hacia la matrizImprimir

Por Federica Cash

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