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Ariel Gold: “Porque te quiero, te educo”

Nadie dijo que educar es sencillo y que los padres nunca nos equivocamos. Educar, debe ser de los desafíos más complejos de la vida, no solo porque nunca tenemos vacaciones de esa tarea sino –y por sobre todo- porque al educar, estamos formando personas. En este punto, no creo que haya nadie que desee un mundo peor, ¡todos queremos mejorar el planeta en el que vivimos! Y para ello, nada más efectivo que educar a las nuevas generaciones en el amor, el respeto por lo demás y por uno mismo, así como en la paciencia, la solidaridad, entre otras virtudes.

Aquí les presentamos otra entrevista al Psiquiatra de Niños y Adolescentes, Ariel Gold, quien habla de forma muy simple -pero no por eso liviana- del complejo “trabajo de educar”.

¿Cómo podemos lograr una sana convivencia en el entorno familiar?

Primero es importante que haya ganas de convivir entre los adultos. Si hay AMOR, tenemos en nuestro haber la clave fundamental. Y en relación a nuestros hijos, tenemos que tener una capacidad de decorar ese amor con otras cosas que hay que considerar. Tener amor por un hijo quiere decir darse cuenta de que es una persona distinta de otras, es semejante a otras pero diferente, no igual. El RESPETO que yo logro desarrollar por mis hijos me ayuda a la convivencia, porque intento darle a cada hijo lo que pueda necesitar. La capacidad de ponerme en el lugar de ellos es fundamental; se llama EMPATÍA. Y el TIEMPO que elijo para estar con mis hijos también es fundamental; y acá es donde la quedamos todos. ¿Qué tiempo tienen los padres de hoy -en general- para estar con sus niños? No mucho. Entonces, frente a esta realidad, uno se puede dejar llevar por lo que creemos que exige la sociedad, o puede cuestionarse qué tan dueño es de su tiempo, porque si no hay tiempo para jugar con los hijos estamos diciendo que sí hay tiempo para otras cosas.

Si unimos todos estos elementos -amor, respeto, tiempo y empatía- estamos hablando directamente del ARTE DE EDUCAR.

¿Y por qué crees que es tan difícil convivir?

Porque para que la convivencia sea posible es necesario entender que la familia es un sistema en el que alguien tiene que marcar la cancha y otros tienen que jugar el juego que se les marca. Para que la convivencia sea posible los padres tienen que enseñarles a sus hijos a convivir. Y para enseñarles a vivir con otros es necesario que desarrollen dos aspectos fundamentales: la empatía y la capacidad de autorregulación.

¿Qué es la autorregulación?

Es un sistema de base biológica -una cantidad de circuitos neuronales que tenemos en la cabeza- que nos permite elegir los comportamientos a emitir, no siempre en función de las ganas que tenemos o de las emociones profundas que sentimos, sino de lo que conviene. En base a esto, a los niños hay que enseñarles que hay cosas que pueden ser muy divertidas pero que no convienen en ese momento, y otras que no convienen nunca. Pero para eso es fundamental que los niños desde chicos aprendan a dividir entre las cosas que se pueden hacer, y las que no. Y eso se hace a través de un concepto abstracto que entiende todo ser humano de cualquier cultura del mundo, que es el NO. Si el NO está ausente, la quedamos. Ahora, para que el NO esté presente, para que la orden NO funcione, primero yo tengo que estar, y segundo, tengo que estar emocionalmente disponible. Si estoy distraído con otras cuestiones esos NO, no existen.

Cuando un papá me cuenta que su hijo de 3 años se va a su cama y aunque le dice que NO, lo hace igual, ese NO está apoyándose en comportamientos anteriores; es decir, el niño sabe que si hace algún berrinche termina durmiendo en la cama de su papá de todas maneras. Los chicos hacen sus jugadas y los padres deben marcar la cancha, pero para lograrlo, tienen que ser aceptados por sus hijos como figuras de autoridad.

¿Y cómo se logra esa aceptación?

El concepto de autoridad es complejo, no es posible estar en un sistema educativo adecuado si no se tiene incorporado el sentido de autoridad. Alguien debe marcar la cancha. No estamos hablando de un sistema militar, estamos hablando de un lugar donde hay cosas que se pueden hacer y otras que no. El concepto de propiedad privada, por ejemplo, no lo tienen incorporado los niños de 4 años. Si van al supermercado y el niño se quiere llevar un autito, la única manera que tiene de entender que eso está mal es decirle que NO. Ese NO está cargado de toda una historia, ese NO vale porque lo dice mamá o papá y no es que el niño les tenga miedo, es que los considera una figura de autoridad.

¿Qué es exactamente una “figura de autoridad”?

La figura de autoridad es aquella persona que el niño ama, admira y además respeta, y se construye a través de dos pilares: uno es el amor o la admiración (que en términos generales es incondicional hasta los primeros 6 o 7 años de vida), y el otro es el respeto. El respeto se construye estando físicamente presentes y emocionalmente disponibles, y con un discurso que no es el de “hacé lo que quieras” si no el de “porque te quiero, te educo”.  Antes, en mi época y en la época de mis padres, el otro pilar era el miedo. O sea que la autoridad, que en realidad era autoritarismo, estaba basada en el amor y el miedo. Pero el miedo no es una buena cosa para el desarrollo emocional, el respeto sí. Por lo que ese pilar del miedo debería ser reemplazado por el del respeto. Sin embargo, ese reemplazo, no se ha logrado totalmente en esta época, por eso es más difícil educar ahora. Y ¿cuál es el pilar que se construyó a cambio? Ninguno. Por eso la autoridad está blandita hoy, apoyada en el amor que en algún momento empieza a desgranarse y se termina. Entonces, los niños van a la escuela y no tienen el concepto de autoridad bien integrado, por lo que cada vez que la maestra les dice que NO, ellos responden cosas del tipo “yo soy libre y hago lo que quiero”.

Pero para criar hijos libres ellos necesitan comprender e interiorizar el concepto de autoridad. Porque ese niño que hace lo que quiere no es libre, es omnipotente, su sistema de autorregulación hace que se lleve el mundo por delante con sus pocos años, y esos niños no van a hacer los conquistadores del mundo. El mundo va a ser de las personas que tengan una buena capacidad de autorregularse y de pensar en el otro, como una persona sagrada. Para lograr esto, conviene criar niños libres con un sentido de autoridad bien conformado, y eso se logra si estamos en casa para enseñar valores que hagan posible la buena convivencia.

Por Federica Cash

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