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Mala leche

Si un pan lleva 5 ingredientes, ¿por qué los que compramos en el súper tienen alrededor de 25? Esa fue una de las preguntas que Soledad Barruti (periodista y escritora argentina) se hizo cuando su hijo mayor que hoy tiene 17 años, se incorporó a la a mesa familiar. Desde su trabajo venía investigando sobre la industria alimentaria y desmantelando una mamushka llena de capas, emboscadas e información un tanto engañosa. Con su hijo empezó a mirar la góndola con lupa para ver qué había detrás de esos productos “fortificados”; “con vitaminas y minerales” y “para el crecimiento”. Estudió y visitó industrias de alimentos de la región  durante 5 años. El resultado es “Mala leche. El supermercado como emboscada”.

Si todo tiempo pasado fue mejor no lo sabemos, pero sí sabemos que quitarle tiempo a la cocina eligiendo productos ultraprocesados es una decisión que nos soluciona la cena pero nos puede complicar la vida –en términos de largo plazo y de salud real-.  Aquí compartimos parte de lo conversado con Soledad, para abrir los ojos y alimentar (y alimentarnos) con consciencia.

¿Qué tan importante fue tu maternidad en que empezaras a mirar las góndolas del supermercado con ojos críticos?

La maternidad fue clave porque hay cosas que solo ingresan con la maternidad y paternidad. En las familias donde hay niños, se abre una puerta a los peores alimentos porque curiosamente cuando uno cree que eligiendo cosas de niños está eligiendo lo mejor de la góndola, lo más nutritivo y adecuado, en realidad elige lo que tiene más azúcar, más colorantes, más saborizantes. Yo un día me di cuenta que mi hijo prefería la comida de góndola a la que preparábamos en casa y ese día caí en que había algo que estábamos haciendo mal con su comida, aunque no sabía qué. Eso hizo que empezara a investigar más en profundidad el tema, aunque no es exclusivamente para niños lo que investigué pero sí fue ese el disparador. Los niños son el caballito de Troya de las marcas.

¿Cuáles son los errores más frecuentes en los que caemos las mamás a la hora de elegir alimentos para niños?

Los errores más frecuentes en los que caemos tienen que ver con guiarnos por los nutrientes sin pensar en los alimentos que los contienen. Las marcas son muy astutas al momento de mostrarse como aliados del crecimiento de los chicos, y sucede que los chicos se presentan prácticamente como “otra especie” cuando nacen, no porque lo sean sino porque así es como los atendemos como sociedad. Se trata a las madres como consumidoras y seres pasivos de la crianza de los hijos y a los padres también, como personas a las que hay que adoctrinar o instruir desde saberes “expertos”. Y lo peor es que nos guiamos por la publicidad muchas veces. Hay muy buenos profesionales y cada vez más profesionales despiertos a una nueva manera de alimentación, pero lo que abunda son profesionales de nutrición que dan listas que tienen que ver con productos que corresponden a las marcas que en muchos casos son las que apoyan o patrocinan la formación, los congresos, las guías pediátricas, las revistas. Es muy difícil para los profesionales de la salud salir de ese circuito cerrado donde la información científica está gobernada y comandada  por las marcas. Es muy difícil que a las familias se nos acerque información que no esté atravesada por todo este problema. Esa es la cajita cerrada problemática. Eso hace que creamos que estamos eligiendo alimentos aliados porque tienen tales vitaminas y son buenos pare el crecimiento porque creemos que son nutricionalmente preparados para ello, pero en esencia son artefactos llenos de azúcar, colorantes, saborizantes y de cosas que no necesitan nuestros hijos. Un yogur puede tener ese calcio y vitamina, pero también toneladas de azúcar y de cosas que no necesitás.

Tenés un hijo de 17 años y una beba de meses. En estos 17 años, ¿creés que mejoramos como sociedad a la hora de ser más conscientes de la alimentación o seguimos ciegos?

En este tiempo mejoramos o estamos más despiertos pero por otro lado lo que dicen las estadísticas es que cada vez metemos más de estos productos en nuestra casa. Entonces es muy raro porque en los últimos 10 años solo han ido aumentando los consumos de ultraprocesados en la región, y Uruguay es uno de los países donde más ultraprocesados se consumen. Creo que las redes sociales y cierto acceso a la información de otros países que ya vivieron el desastre alimentario e hicieron campañas sobre esto, hace que el tema tenga otro ruido. No sé si necesariamente se come mejor, lo que sí parece es que estamos todos un poco más informados.

¿Qué se come en tu casa en los desayunos y meriendas, que son las comidas en donde más difícil es zafar de los procesados?

En mi casa no hay ultraprocesados en ningún momento. Hay pan de verdad,  mermeladas, frutas secas y frescas, hay tortas. Hay alimentos y eso está en todo momento.

¿Cómo cambió tu vida desde que te alimentás distinto?

No sé si la vida cambió. Sí creo que es más rico comer bien, te sentís mejor. La comida buena te hace bien. Hay personas que tienen naturalizado cierto malestar o deterioro de la salud o cierta erosión de las posibilidades de sentirse bien, y eso se recupera comiendo bien. Cuando empezás a comer bien, no te duele la cabeza todo el tiempo; no necesitás antiácidos, obvio que podés tener una patología y por eso necesitarlo. Lo que sí creo es que hay personas que tienen naturalizado su malestar en pos de sostener una industria alimentaria que no nos está alimentando.

¿Leche sí o leche no?

No podría decir leche sí o no. Lo que digo es que no hay alimentos obligados. Hay que ver de dónde viene la leche y de qué tipo de leche se habla cuando se dice leche y cuando se dice lácteos. Hay que tener información antes de poder hacer elecciones  a consciencia. Sin duda uno puede vivir toda la vida sin leche de vaca; en China tenemos miles de millones de personas probando eso porque casi no se consumen lácteos en ese país. Si querés consumir leche y lácteos, lo que recomendaría es que se fijen de dónde vienen, dónde están hechos y qué tipo de lácteos son. Yo en mi casa y en mi caso elijo no consumir eso porque no me parece que sea un alimento que esté adecuado a otras ideas que yo tengo de la vida, más allá de la nutrición o la salud. Tiene que ver con cómo se trata a los animales, a la tierra, a todo lo que nos rodea.

Por Carolina Anastasiadis

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