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Roberto Balaguer: “Sin pantallas hubiera sido otra pandemia”

No usa instagram pero le hicimos una nota por esa vía hace unos días. Accidentada, es cierto, probablemente porque Marc Zuckerberg se vengó ante tanta crítica o análisis sobre el uso de pantallas. Así que nos contactamos con él pos VIVO, a través de otra pantalla –de celular- para terminar de conversar y poder compartir algunos de los conceptos que viene estudiando desde hace más de 20 años sobre internet, pantallas y tecnología. Con Roberto Balaguer hablamos de eso y sobre “Convivir en tiempos difíciles”, el libro del que es co-autor junto con el Dr. Ariel Gold y la Mag. Lorena Estefanell. Allí comparten algunos aprendizajes obtenidos por las familias uruguayas en esta cuarentena. 

¿Por qué empezaste a investigar sobre estos temas en un momento en que no había tantas pantallas como ahora?

Uno investiga siempre a partir de algún problema, porque hay algo que te interpela. Me pasó que a fines de los años 90 empecé a ver los primeros esbozos de ciberbullying. Los chiquilines decían cosas en línea, esparcían rumores, cosas propias de la adolescencia pero que en esas plataformas, los “BBS” tomaban estado público y otro impacto. En ese tiempo nadie entendía nada lo que estaba pasando. En esa época había 50 millones de personas en el mundo conectadas a internet; hoy más de media población mundial lo está.

¿Qué eran los BBS?

Se llaman así a los “bulletin board system”. Eran las primeras plataformas interactivas donde los adolescentes a finales de los años 90 mensajeaban de manera online a otros. Ver ciberbullying en ese espacio me motivó a investigar el impacto que iba a tener internet en nuestras formas  de socializar y estar en el mundo. Los BBS eran tablones de anuncios, muy rudimentarios pero suficientes para que los niños, usando identidades falsas o “nicknames”,  hicieran circular chismes, rumores o dijeran cosas de los demás.

Entendí con eso el impacto que iba a tener esto en la sociedad en su conjunto, que iba a traer aparejado un montón de cambios en todos los aspectos. Me volví un fanático y apasionado de esa investigación. Éramos pocos en ese entonces; al tiempo tres universidades importantes en el mundo empezaron a hacer sus programas de estudio sobre cultura digital, pero no había nada. Y la situación ha cambiado un montón. Hoy a partir de los 6 meses los niños empiezan a ser dueños de los dispositivos, algo que antes no sucedía. Ese celular que fue heredándose, pasa de padres a hijos, entre hermanos y cae en manos de los chiquilines muy temprano. En tiempos de pandemia esto explotó.

¿Qué te consultaron las familias en pandemia sobre pantallas? A todos se nos fue un poco la “regulación”.

Hoy con el diario del lunes uno podría hablar de dos etapas. En la primera lo más importante era salir adelante, trabajar, comunicarse, estudiar. Hubo muchas más horas de pantalla de las que habitualmente hay, pero no era tanto el cuestionamiento en eso. En la segunda etapa empezamos a ver algunos efectos que tuvo el sobreuso de tecnología en niños y adolescentes, que podrían haber entrado en la categoría de adicción, sobre todo en torno a videojuegos. Tenemos muchos padres queriendo regular, como lo habían antes del 13 de marzo y se están encontrando con  enormes dificultades.

¿Podemos regular después de habernos empachado?

Sí, no es fácil pero es posible.  Aunque es claro que es necesario que los padres con hijos bien chicos empiecen lo antes que puedan a oficiar de reguladores de su conducta, porque no podemos aspirar a que ellos se autorregulen, más cuando es algo tan dopaminérgico y atractivo. Se vuelve difícil para los adultos y mucho más para ellos que están en construcción de su regulación. Ahí aparece la modelación con el ejemplo. No podemos decirle a un chico de 15 años que deje de estar conectado cuando nos ve en nuestra cotidianidad todo el tiempo chequeando el celular y las redes sociales. Hay que regular, modelar y también dar límites y contención.

El Dr. Ariel Gold dijo algo así como que la conclusión grande de la pandemia es que si el adulto está, la conexión con los niños mejora.

Hay un tema de disponibilidad emocional bien importante que comprobamos en esta pandemia y tras haber consultado a 1453 familias en este tiempo. Nos dimos cuenta que la tecnología muchas veces ocupa un lugar importante en las familias, pero se da sobre todo cuando hay agujeritos en los vínculos. Cuando eso sucede la tecnología entra, se establece y ofrece al chico un vínculo duradero, divertido, que le permite pasar el tiempo. Como padres tenemos que tratar de no generar esos agujeros, sino es difícil después.

¿Qué es eso de la dopamina? ¿La tecnología genera adicción?

Genera determinados circuitos de recompensa, algo que hace que quieras volver. La tecnología aprovecha las vulnerabilidades cognitivas y emocionales de las personas. Está diseñada para generar un entorno del cual sea difícil salirse, ahí es que aprovecha las vulnerabilidades cognitivas, te da cosas para seguir enganchado, diferentes niveles, te muestra lo que va haciendo otra gente y te va dando recompensas del tipo social y emocional. Cuando todo eso se conjuga con personalidades de perfil adictivo, la tecnología cuadra perfecto.

¿Qué quiere decir que la tecnología es un “Shut up toy”?

Cuando se investigan las razones por las cuales los adultos le dan tecnología a los niños, se concluye que básicamente lo que buscan es que se callen un determinado tiempo, para poder hacer las tareas de la casa. No se entrega tecnología para generar conocimiento o que aprendan, sino para tener tiempo para hacer los mandados. El tema es que cuanto más chico es el niño, antes empieza a ver lo divertido de ese mundo y que el real no es tan divertido o rápido como el mundo virtual.

Según se estudió, no hay en primera instancia un fin didáctico cuando se entrega la tecnología a un niño. Es más, a partir de los 4 años, el consumo de productos vinculados a lo educativo baja en cuanto a visualizaciones, y sube el uso de youtube y de entretenimiento. Esa es la realidad, no les damos la tecnología para que aprendan, sino para poder hacer las cosas.

¿Qué aprendizaje nos dejó la pandemia?

Muchos. Tenemos primero que hacer una división entre aquellos que tenían las necesidades básicas cubiertas y los que no. Cuando eso estaba cubierto,  de las 1453 familias respondentes al estudio que hicimos, una inmensa mayoría eligió definir esta situación como “placentera con momentos difíciles”.

Nos dejó como aprendizaje que a pesar de lo terrible, mucha gente redescubrió la posibilidad de vincularse, nuevos espacios, tiempos y, sobre todo, hubo mayor posibilidad de encuentro y para dedicar tiempo a actividades placenteras, sociales, como cocinar o charlar sin urgencia.  Por suerte, a pesar del primer momento más caótico, luego la gente pudo acomodarse. Eso de reencontrarse y redefinirse hizo que más de la mitad de los consultados manifestaran que querían mantener algunos elementos descubiertos en la pandemia cuando volviera la “normalidad”.

¿Hacia dónde va el consumo de pantallas? ¿Creés que nos empachamos y pueda revertirse tanto uso?

La tecnología ha sido un enorme sostén durante este tiempo, para vincularse, trabajar, estudiar. Sin la tecnología, hubiera sido otra pandemia. Entonces hay mucho para agradecerle, pero también es cierto que en algunos casos generó una suerte de saturación y la gente quiere volver a ese encuentro. Pero por otro lado, mostró que algunas cosas pueden solucionarse mejor con tecnología, como evitar esa “reunionitis” laboral que lleva tiempo y desplazamiento innecesario.

Dado que había poca posibilidad de salida, en niños y adolescentes, también hubo un incremento importante de conexión a dispositivos, con poca alternancia o ninguna alternancia con otras actividades.  Para muchas familias se transformó en un problema o tal vez en algunos casos ya estaba y se hizo más visible o se agudizó con la situación del encierro.

¿Se han probado efectos cerebrales por exceso de pantallas?

Pasan algunas cuestiones interesantes. Primero que nada, la gran mayoría de los titulares apuntan a los factores negativos que hay en cuanto a la tecnología. Falta todavía muchísimo estudio longitudinal que pueda dar cuenta de los perjuicios; sí hay algunos trabajos que apuntan a la menor materia gris en aquellos que se sobreexponen a pantallas, y también se vincula el exceso de pantallas a menor empatía o capacidad de socializar, pero también hay otro montón de estudios con menos publicidad que hablan de mejoras en muchas y diferentes áreas, como la habilidad cognitiva en algunos. Es difícil evitar ciertas correlaciones y entenderlas como causas cuando a veces responden a otros elementos.

La tecnología en general tiene mala prensa pero cuando vas a las investigaciones lo que sí se puede concluir es que un niño sano es un niño que pueda tener un desarrollo más integral y no solo con pantallas. No hay que confundir eso con que las pantallas sean malas en sí mismas. Lo importante termina siendo siempre la interacción con los adultos; si el consumo, aprendizaje y juego con pantallas se da en un mano a mano entre el niño y la tecnología o hay un adulto presente en ese intercambio, entonces se aprovecha distinto, hay enriquecimiento y posibilidad de aprendizaje allí. Eso se da si el adulto está, pregunta, genera diálogo, narrativas.

Cuando hablamos de “pantallas” usamos un genérico que puede abracar mil cosas distintas y hay mucha variedad allí a considerar.

La Sociedad Americana de Pediatría sugiere que los menores de 2 años no usen pantallas y argumenta a favor de eso. ¿Sigue en pie esa recomendación?? ¿Tiene sentido para ti?

Sigue recomendando eso, aunque hay otros estudios que dicen que no hay elementos suficientes en los argumentos que toman para la recomendación. Hay dos corrientes, la mayoritaria plantea que es mejor que los niños menores de 2 años no se expongan a pantallas. Y se pide que en años posteriores haya consumo medido, mediado por un adulto y de índole educativo. La realidad indica que no es lo que sucede. Aun así lo importante es que haya un desarrollo integral en los niños y en los primeros 5 años de vida importa que haya exploración, intercambio, lenguaje, mucho cuerpo. Un chico que solamente juegue con pantallas probablemente tenga dificultades en el aprendizaje.

Mientras más barro y menos pantalla, más cuentos, risas y narrativas con otros, seguramente haya muchas más conexiones neuronales en ese niño y posibilidades de que tenga un desarrollo más sano, más integral y, por lo tanto, feliz.

Por Carolina Anastasiadis

 

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