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Cecilia Eirin: Lo “lindo” o lo “feo” son palabras que están un poco prohibidas en el espacio de arte-terapia, porque no importa tanto el resultado sino el proceso”

Viene de una familia donde la expresión artística era algo cotidiano. La influencia de una abuela “fanática de la historia del arte” y “con mucha sensibilidad para apreciarlo”, de un papá “mega musical” y de una mamá docente de filosofía, hizo que el corazón humano con todas sus aristas fuera siempre un tema de conversación en su casa. Ella es la más chica de cuatro hermanos. Absorbió y sintetizó varios de los dones familiares. Es psicóloga, especializada en arte-terapia, formada entre Uruguay y España.  

Sobre esa capacidad innata de expresión que tienen las personas y sobre su trabajo con los niños para gestionar emociones a partir del arte conversamos con Cecilia Eirin.

Sos psicóloga pero tenés un abordaje artístico de la terapia. ¿Nos contás cómo se tocan esos caminos?

Me recibí de psicóloga en Uruguay y enseguida me fui a España para estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid. Hice un máster de arte-terapia y educación artística para la inclusión social.

Allí por un lado tenés la vertiente de arte-terapia y por otro lado la educación artística. Se trabaja mucho eso de llevar el arte a las instituciones educativas, que sean los propios niños los que generen su espacio de aprendizaje. Hay algo que le llaman “art thinking” que es un poco eso, empujar para que los chicos se salgan de del “box institucional” al que estamos acostumbrados en la educación, brindar espacios de horizontalidad donde todos aprendemos de todos, donde el maestro ya no es ese “catedrático” en una posición de autoridad. Cuando esto se genera, el niño queda en otra posición respecto al aprendizaje, aprende desde lo vivencial y la experiencia.

¿Cómo se integra la psicología con lo artístico?

Integro ambas en mi espacio. Y desde la pandemia también empecé a sacar esto, valijita con materiales mediante, a las casas. Generalmente para trabajar con hermanos.

Con los hermanos se trabaja mucho lo vincularen. En el trabajo conjunto, van saliendo muchas cosas de su vínculo, de sus competencias distintas, de cómo se relacionan. Lo bueno de esto es que ellos no piensan que están haciendo una terapia, sino que se divierten, están creando. Y luego le hago una devolución a los papás sobre lo que veo. También sucede que a veces los padres te piden que trabajes ciertos aspectos de sus hijos, como la confianza o la seguridad. Y se puede hacer.

¿Cómo se elabora un tema de competencias entre hermanos?

Generalmente hay uno que acapara más que el otro. Lo notás observando su actitud y postura y también a partir de lo que artísticamente trabajan. Hay niños a quienes les planteás algo y te dicen enseguida “no puedo” o “no me va a salir bien” y a partir de eso se trabaja para que comprenda que no hay “bien” o “mal” en el arte, que el lenguaje que encuentre para expresarse está bien. Busco en este espacio sacarles la idea de que el arte es esto o aquello.

Me importa que a partir de los diferentes planteos que propongo, logren autonomía. Hay niños a quienes siempre el dibujo del hermano les parece mejor, entonces les pregunto y trato de separar un poco los espacios, para que cada uno conecte con su burbuja personal de creación y que sienta que nadie lo va juzgar.  Lo “lindo” o lo “feo” son palabras que están un poco prohibidas en el espacio de arte-terapia, porque no importa tanto el resultado sino el proceso.

¿Qué cosas se pueden trabajar a partir del arte con un niño?

De todo. Para mi es re importante la parte de la autonomía. Que sea un camino que ellos exploren de autoconocimiento, que aprendan de sus emociones y a gestionarlas. A la educación emocional no se le da tal valor a nivel educativo y un espacio así se presta para reconocerlas y validarlas. Este espacio es sobre todo un espacio de confianza.

¿Qué sale en un dibujo? ¿Cómo decodificás eso que se expresa?

En realidad, no es interpretativo lo que hago. Es más que nada ver y entender el lugar desde donde el niño se expresa y cómo lo hace. Soy observadora ante todo. Busco ver cómo llega ese niño al planteo, lo que dice, cómo se relaciona con la actividad, si se expande, si se retrae. Luego lo expresa en algo, un dibujo o un cuento o una interpretación más teatral, porque hacemos distintas cosas, trato de abarcar los distintos lenguajes artísticos. A veces voy con una idea y me proponen otra, porque vienen con otras necesidades y vamos hacia allí. Pero mi rol es más de guía, apoyo y contención, de brindar libertad para que suceda esa expresión. Desde muy chicos nos educan en que hay un buen arte y otro que está mal y la aproximación al arte debería ser libre; a veces llegan muy condicionados.

Hay quienes dicen que las instituciones educativas matan la creatividad. ¿Lo ves así?

Un poco sí.  Claro que depende de cada persona. Desde un nivel súper general, la institución nos condiciona. Vivimos en ese paradigma de que el arte es eso a lo que acceden unos pocos genios y en realidad, es para todos, hay que explorarlo de esa manera. No hay nada bien o mal. A medida que crecemos nos llenamos más de esos prejuicios. Pensamos que no llegamos a cumplir con lo que se espera de una obra de arte.

¿Qué podemos hacer en casa para ser canal de esas emociones en los hijos?

Para empezar, generar espacios en los que se sienta esta comunicación y validar la emoción. No todo tiene que ser hablando, a veces los espacios de creación, de dispersión ayudan a poder dialogar a través de lo que está comunicando desde otro lado. Lo importante es tener estos espacios e instancias. Generalmente a los niños les encanta la expresión y los padres pueden unirse compartiendo, proponiendo crear algo juntos y ver qué pasa en esas dinámicas familiares. A veces salen cosas que sorprenden.

Ante un niño enojado, podemos decirle “¿Estás enojado?, bueno, vamos a generar un espacio donde puedas sacar eso. Y desde ahí proponemos “podemos usar una masa”, por ejemplo, o preguntamos cómo quiere expresar ese enojo. Es una manera de decirle “estoy validando tu emoción” y además me estoy comprometiendo a ayudarlo para que la gestione de buena manera.

¿Hay una relación directa entre los colores y el mundo emocional o no es así?

Hay teorías sobre ello pero no soy partidaria de esta universalización. A la hora de expresar me parece que al final siempre uno conecta con cada color desde su experiencia y su particularidad. Para mí el azul puede ser el color más emocional y feliz y a otro le genera otra cosa. Las experiencias influyen en eso. Cada color es lo que es para cada persona.

¿La arte-terapia es para todos los niños o no todos se benefician de esto?

Creo que podría ser adecuada para todos. Obviamente que hay niños para los cuales es más difícil entrar en este espacio, pero es para todos y todos se pueden beneficiar, incluso los adultos. Los grandes a veces tenemos más resistencias, aunque en pandemia se vio mucha gente conectando con algo de lo artístico. Darse ese tiempo para expresarse está bueno.

Por Carolina Anastasiadis

1 comentario

  1. Marion Hoffer says

    Felicitaciones, Ceci!! Muy interesante este encare de la sicología a través del arte. Suerte y que sigas disfrutando de muchas buenas experiencias!

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