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Habilidades para la vida

Muchísimas veces me he preguntado qué es ser una buena mamá. Me he dado diversas respuestas en estos casi 8 años de carrera maternal. Muchas de esas vinculadas con enseñar a mis hijas a amar, porque de verdad creo que vivir desde ahí les dará bienestar en los diferentes órdenes de su vida. Incluso en el trabajo; ojalá amen lo que elijan hacer como medio de vida.

Pero hay una respuesta que vengo sintiendo y usando mucho últimamente, ya con niñas más grandes, de 5 y 7 años, con una vida más activa y una propensión importante a mandarse lo que a priori llamo “macana”. Y la respuesta es: una buena madre es aquella que enseña habilidades para la vida, cuando esas “macanas” suceden, e independientemente de ellas. Les aseguro que es mucho más difícil enseñar habilidades que castigar (poner en penitencia y corregir), pero mucho más gratificante a largo plazo. Y es difícil, sobre todo, porque implica mirarnos de manera profunda en nuestras emociones y respuestas, tomar consciencia antes de reaccionar a la “macana” de nuestro hijo, para conectar con su mundo interno, comprender por qué actuó así y ver qué podemos enseñarle a partir de esa macana que nos molestó. Además, cuando logramos decodificar eso que “hizo mal’, muchas veces descubrimos que responde a alguna acción nuestra.

Hace un tiempo estas Mamás Reales venimos estudiando y promoviendo la Disciplina Positiva, un paradigma de educación que brinda una respuesta distinta en situaciones cotidianas que nos suceden a todas. Creo que fue a partir de interiorizarme en esta forma de educar que empecé a entender lo fundamental que es brindar esas herramientas y habilidades en vez de usar la penitencia o el castigo, (aunque mandarlos al cuarto o dejarlos sin pantalla nos alivie de manera inmediata, lo que genera a largo plazo puede ser rebeldía y sentimientos negativos por parte de ellos: nada bueno se construye desde ahí). Enseñar habilidades para la vida importa, porque si hay una certeza es que en algún momento no tendrán ni nuestra voz ni nuestros ojos que aprueben o desaprueben sus acciones y actitudes. Por lo menos no tan cerca.

¿Pero cómo se enseñan habilidades para la vida?

Les cuento algo muy chiquito de la cuarentena que me aqueja en estos días, para bajar teoría a lo concreto y familiar.

Escenario: Segundo día de encierro. Niñas alrededor de madre 24 hrs.

Escena: Saco un bowl, harina, azúcar y demás ingredientes para cocinar. Antes de los 5 segundos tengo a la chiquita pegada a mí. “Mamá quiero cocinar, quiero cocinar”. Había estado toda la mañana siguiendo mis pasos, pidiendo hacer todo lo que yo hacía. Lo normal, digamos. Y yo, con la paciencia agotada (también normal, convengamos, en este contexto de confinamiento), necesitaba un ratito de libertad. La mesada de la cocina estaba a tope porque 10 minutos antes el súper había entregado el pedido y este pulpo, sin manos disponibles, no había podido ordenar. ¿Les suena?

El nudo: Pasaron dos minutos en la cocina, con la chiquita al lado. Arrimó el banco para poder cocinar a la par y “buum”. Azucarero al piso. Azúcar desparramada por toda la cocina.

Mi reacción automática: “Andá para allá, Fran” (en tono de fastidio y fuerte, porque lo primero que me salió fue enojarme: estoy cansada, un poco saturada de no tener manos libres para hacer algo en casa; ni siquiera estoy pidiendo ir al baño sola, eso ya sería un exceso de madre). Limpio. Me pongo a cocinar, molesta con la situación y conmigo misma.

Mis emociones: Claramente no disfruto y el tono emocional de la casa en ese momento es todo menos bueno.

Las emociones de Fran: La niña se pone a mirar dibujitos un poco compungida y avergonzada. Por lo que tiró al piso y por mi respuesta.

Cuando respiro, y trato de ver la situación desde la Disciplina Positiva para detectar en qué erré y alternativas para reaccionar de alguna manera distinta que le deje algo bueno a la niña en vez de hacerla sentir mal, descubro algunas pistas que sospecho serán mejores respuestas que la que di. Lo primero que veo es que con dos niñas chicas en la vuelta, dejar la mesada llena de cosas y ponerme a cocinar es de atropellada, no de adulta responsable. Pero convengamos que sucede en las mejores familias. La semana pasada hablamos del error como oportunidad de aprendizaje: en Disciplina Positiva eso corre para padres, madres y niños. Y acá una mamá aprendió.

Enseñar habilidades para la vida es uno de los pilares que promueve la Disciplina Positiva.

Me pregunto, ¿qué podría haberle enseñado a Fran en ese momento? Tal vez una mejor respuesta (no la única) podría haber sido mantener la calma, y pedirle que se encargara de barrer (foco en la solución). De esa manera, no se hubiera sentido avergonzada ni compungida, y habría aprendido que, a pesar de la macana de tirar un azucarero rebosante al piso, podía brindar una solución. Sentirse útil, valiosa.

El tono de la casa hubiera sido otro si yo hubiera reaccionado así. Mi hija se hubiera sentido mejor. Y además hubiera aprendido a ejecutar una solución para remediar su “macana”.  Hubiéramos disfrutado el ratito inmediato posterior sin pasar por ese estrés y ese silencio triste que generan estas situaciones.

La vida cotidiana está llena oportunidades para aprender. Es cuestión de cambiar la mirada. Y sin ir al extremo del azucarero en el piso, el tiempo con ellos, la cuarentena o los fines de semana juntos, son siempre una gran oportunidad para enseñar esas cosas necesarias para que la vida en familia sea disfrutable.

Acá va otra idea que sí me resultó y venimos ejecutando con cierto éxito (a pesar de que ya me pidieron que les pague). El primer día de encierro le propuse a la grande (que escribe) armar una lista con todo, todo, lo que teníamos que hacer así no nos olvidábamos de nada. Separamos las tareas por día y armamos tres listas en donde incluimos hasta llamados por saludo de cumpleaños. Durante el día, íbamos ordenando prioridades y haciendo tic en las tareas realizadas. Ordenamos cuartos, aspiramos toda la casa, la grande se copó limpiando los vidrios del baño (nunca se sabe qué tarea puede resultar fascinante), la chica se hizo experta en ordenar zapatos, diseñamos menú para mediodías y noches, hicimos yoga, cerámica, pintura, y la verdad, la pasamos bomba. Además, les encantó tener la casa ordenada y linda. Y algo que noté es que cuando una se entusiasma, la otra se contagia.

La Disciplina Positiva nos ofrece un montón de herramientas prácticas al servicio del bienestar familiar. De eso y mucho más vamos a estar conversando el miércoles 14 y el miércoles 21, vía zoom y junto a El Observador a las 19 hrs. Si te interesa interiorizarte sobre algunas herramientas concretas de Disciplina Positiva y encontrar respuestas a esos asuntos cotidianos que no te permiten disfrutar tanto de la vida familiar, esas charlas serán un buen punto de encuentro. Si querés más info, contactanos al Instagram de Mamás Reales. Hay cupos gratis para suscriptores de El Observador. Son limitados y podés pedir el tuyo acá: suscripciones@observador.com.uy

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