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Acompañar la maternidad

“Tuve un embarazo tranquilo pero cuando me internaron, me llamó la atención que nadie venía a preguntarme cómo me sentía. Tenía un montón de visitas médicas pero todas apuntaban al bebé y ante esa sensación de que algo faltaba para sostener a las mamás, empecé a indagar y a dedicarme a esto, por entender además que a nivel emocional suceden muchas cosas con la maternidad”, cuenta Yeni Lacerda, psicóloga y mamá de una niña de 3 años y de un varón de 5 meses. Nos conocimos en tiempo de pandemia a través de las redes sociales y esos sabios algoritmos que te vinculan con cuestiones de tu interés. Su experiencia sintonizó directamente con Mamás Reales porque nosotras empezamos este blog un poco como forma de hacer catarsis y compartir –para alivianar, tal vez- todo eso que nos pasó cuando quedamos embarazadas y una vez que nos encontramos con el bebé en casa. Ante la sensación de “¡Socooorrro!”, el blog nos pareció una manera menos ruidosa (aunque no por eso silenciosa o menos efectiva) de dar …

¡Mamá sin filtro!

Cuando quedás embarazada por primera vez, no pasan dos días hasta que te das cuenta que todas esas mamás que conocés, en algún punto te mintieron. O quizás vos no seas de las que sienten el embarazo como el “estado ideal”, pero no te preocupes, seguro no sos la única. Son pocas las que se animan a contar ese lado B de la maternidad, para no pecar de ingratas, de desagradecidas o de malas madres. Tal vez porque, en esa consciencia alterada que da el poco sueño cuando existen bebés y niños por la vuelta, temen decir algo que las haga arrepentirse después. Por distintas razones, a las mamás nos da culpita afirmar que luego de una noche entera de cólicos tuvimos ganas de regalar al niño al vecino, o decir que la lactancia está divina, pero llega un momento que te cansás de mirar la misma mancha de humedad en el techo mientras engordás a tu bebé a pura teta. A medida que pasan los días desde que estrenás rol de “mamá”, empezás a …

La segunda revolución

Son casi las diez de la noche y hace poco más de una hora que me siento una rockola infantil. Canto, tarareo, cuento cuentos de los clásicos y también alguno inventado, trato de susurrar bien bajito, hago mimos de esos que en dos minutos a mí me dejarían planchada, pero en frente tengo una contrincante de dos años que en vez de aplacar sus ánimos parece energizarse ante cada una de mis creaciones. Se esmera por mostrar sus cantos nuevos, las acrobacias que aprende en el jardín, pide “oto cuento de Benito” –el perro vecino- o de su “prima Eva” que a esta altura tiene un repertorio de aventuras más extenso que el del propio Teo. Ufff, difícil. Pero mientras me desempeño con mi arte de entrecasa, pienso que en menos de tres meses el escenario va a ser completamente distinto, porque llegará la hermanita. Me pregunto cómo haré para armarme de estrategias que me permitan seguir haciendo los cuentos a una de mis hijas, mientras le doy la teta a la otra. ¿De qué …

Revuelto de gramajo

Así me siento; mal, revuelta, solo que seguro soy menos apetecible que el más enchumbado y desabrido de los revueltos de gramajo. Además me siento culpable, porque todavía no disfruto de mi estado y terminé contando la noticia a familiares por teléfono cuando me llamaron para mi cumpleaños. Pasé el aviso justo antes de cortar, luego incluso de tocar el tema “novedades”: “ah, pará, estoy embarazada”. La otra parte de Montevideo se enteró por mi mamá que aún tiene problemas para entender su celular y un poco más complicada está para usar el whatsapp. Apenas le dije que esperara a que me hiciera la eco para esparcir la noticia, mandó un “voy a ser abuela, ¡otro de Caro!” a un par de grupos: los de la letra A –que incluye la barra de Aguada-, B, C y D. A diferencia de la vez pasada que la noticia se me escapaba de la boca por la euforia que me desbordaba, esta vez quería contarlo de a poquito. Quería esperar algunas semanas, tal vez porque la euforia …

Un hito inevitable

Cualquier persona con un poco de razón y algo de sentido común sabe que algún día le va a pasar. Es como hereditario y está en el inconsciente familiar aunque nadie lo cuente; sabemos que le pasó a nuestros bisabuelos, abuelos, padres e incluso a nosotros y es obvio que el hito no se saltea generaciones. Tarde o temprano, el bebe SE CAE DE LA CAMA. Me pasó el 15 de junio de 2014. Estábamos Alfonsina y yo mano a mano en casa, acababa de dormirla en la cama grande y reinaba un silencio sigiloso, divino… de ese que da miedo romper. Hasta el perro había entendido que esa noche, no podía ladrarle al vecino cuando se pusiera a fumar en el lavadero. La dejé dormida, entre almohadones, de la misma manera en que lo había hecho todas las noches en los últimos 12 meses. Y caminé a su cuarto, para preparar su cama y encontrar a Nina entre la multitud de peluches. Cinco pasos me dieron para ir de mi dormitorio al de ella …