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Las mamás y el trabajo: ser o no ser

Es sabido que la maternidad es una de las escuelas de vida más potentes para quienes se embarcan en ella y están dispuestas a recoger sus aprendizajes. Para empezar, con la llegada de un bebé a casa, a las mamás trabajadoras nos  llega un “tate quieto” de 3 meses… aterrador para mujeres inquietas (aquí levanto la mano). Si en ese tiempo, nos animamos a agarrar la lupa y sacar los miles de trajes que hasta el momento usamos, nos damos cuenta de quiénes somos, más allá del título o rol que laboral y socialmente jugamos. En casa, no cuenta tanto que seamos abogadas, arquitectas o astronautas, jefas o empleadas; en casa somos “mamá”, con todo el poder y la vulnerabilidad que ello implica.

Personalmente creo que es por este choque entre el ser y el hacer cotidiano, que muchas mamás cuando llega el primer hijo hacen un viraje laboral. Muchas emprenden para poder administrar su tiempo y equilibrar trabajo y familia, otras bajan su carga laboral si lo pueden hacer, otras se toman un tiempo “off” para repensarse –sobre todo si no estaban muy convencidas en su plan de 8 horas, o si les hace ruido estar dedicando su tiempo a algo que no les hace sentido, más allá del dinero-. La maternidad sí o sí te interpela. A veces para tomar un camino nuevo, otras para retomar el camino viejo pero más convencidas o desde otro lugar de consciencia.

Semanas atrás publicamos una nota a Victoria Corsino y Natalia Salgado, dos psicólogas y coachs que están organizando este año encuentros de lo que llaman “reconexión”. El tema que abordarán el 20 de junio es el “ser” y el “hacer”, y me pareció lindo traerlo a este posteo para ver si sus palabras dan algo de luz a las mujeres que se encuentren en este proceso de cuestionamientos o que están intentando alinear su ser con su quehacer cotidiano laboral. Dicen que es el camino más directo hacia el bienestar.

¿Uno es más feliz cuando trabaja alineado a lo que uno es en esencia?

Sí. Mientras más coherencia hay entre nuestro ámbito laboral y nuestra esencia, que tiene que ver con lo más genuino, nuestros valores, lo que es más íntimo de cada uno, las expectativas que tenemos y nuestros deseos, mayor bienestar vamos a sentir porque no habrá conflicto. Lo que no significa que no podamos encontrar bienestar en una actividad que hagamos y que no necesariamente tiene que ir atada a una vocación. Lo que es clave es la consciencia de que eso lo estamos eligiendo para nosotros, por el motivo que sea. Si podemos alinear nuestro trabajo con nuestra esencia estaríamos como en el plano óptimo de satisfacción y de bienestar. Ahora, si lo que hacemos no representa nuestro ser, sí tener la consciencia de cuál es el propósito de estar haciendo eso y qué beneficios me reporta. Ahí encontraremos bienestar en esa actividad.

En nuestra cultura occidental pasamos muchas horas en una actividad que llamamos trabajo. Obviamente si no encontrás esa coherencia entre tus valores y objetivos y la tarea a la que le dedicás tantas horas del día, se va a dar un quiebre. Es probable que aparezca esto como un malestar. Que te preguntes, ¿qué hago pasando tantas horas de mi vida haciendo algo que no tiene nada que ver conmigo?

En las tribus antiguas, el trabajo diario de ellos tenía un sentido fundamental que era el de mantener a la comunidad alimentada, protegida. Si te toca ser administrativo 9 horas y tu vocación es ser maestra, en la medida en que tú encuentres un para qué en la actividad que hacés, aumenta mucho la probabilidad de que aunque no sea la tarea de tu vida, te sientas bien. Puede ser porque le encuentres un sentido mayor, por ejemplo, que esa actividad te permite brindar cierta vida a tus hijos o darles una educación buena.

¿Cómo descubrir quién soy para saber a qué trabajo dedicar mi tiempo?

Es una pregunta muy profunda. Nos gusta hablar de quiénes estamos siendo, porque vamos cambiando a lo largo de nuestra vida y las etapas vitales que transitamos nos desafían de manera diferente. Me parece que la clave es no vivir en piloto automático, vivir con consciencia desde el punto de vista de cómo estamos transitando la vida, de que si lo que estamos haciendo contribuye o no a nuestros sueños, a lo que queremos conseguir. ¿Y cómo descubrirlo? Creo que es a través de espacios de silencio, de preguntas, de reflexión, o proponernos darnos el espacio para parar cada cierto tiempo y observarnos, ver cómo nos estamos sintiendo, qué es lo que estamos haciendo y preguntarnos si eso está en coherencia con lo que queremos para nosotros. Y una de las llaves que nos permite darnos cuenta si estamos alineados, es sentir o no bienestar. Cuando estamos sanos físicamente, nuestras emociones nos indican que estamos en paz y tranquilos, vamos bien.  Si en cambio, vivimos en conflicto, es indicador de que algo está mal.

Todas las técnicas de autoconocimiento siempre tienen una parte de reflexión en silencio, en todas las religiones. Unas hacen retiros, otras meditaciones. Todos los ejercicios de reflexión en silencio ayudan a que uno pueda contactar con esa esencia y poder alinearnos desde ahí.

¿Cómo nos empodera conocernos en esencia?

Conocernos a nosotros mismos nos hace responsables de elegir desde nuestra consciencia, de lo que tiene que ver con lo más auténtico nuestro. Somos seres sociales y nos vamos formando desde que estamos en la panza de nuestra mamá, en base a creencias, formatos, el deber ser. Mientras más conocemos nuestra esencia, más consciencia tenemos de lo que queremos y podemos detectar mandatos, por ejemplo, cosas que hacemos no por elección sino porque nos vienen dadas. Cuando te das cuenta de eso, te empoderás. Cuanto más me conozco, más elijo conscientemente y más auténtico soy en la vida que elijo tener.

Las religiones orientales hablan del despertar de la conciencia que tiene que ver con eso, con ser responsable de las decisiones que tomamos y de las interpretaciones que hacemos del mundo que nos rodea. De alguna forma, cómo elijo ver esto que me está sucediendo para accionar. Ser consciente de que puedo elegir cómo quiero ver una situación para aumentar las posibilidades de acción hacia donde quiero ir. Por ahí va el empoderamiento. Mientras más te conocés y entendés tu propósito, todas las decisiones que tomás en el camino son más sencillas.

¿Es riesgoso animarse a ser?

Creo que requiere valentía y coraje animarse a ser, a ser auténtico. Porque es esto de poder estar permanentemente en consciencia y coherentes con lo que sentimos y queremos. A veces eso puede ser incómodo por el qué dirán o porque va en contra de lo que quizás socialmente está pautado.

Cuando sos mamá, muchas veces se plantea el desafío de ser profesional y ser madre. Cuando una mujer, desde su ser tiene un llamado profundo a desarrollarse profesionalmente, a trabajar y dedicar horas a su desarrollo pero además es madre, es riesgoso quizás desde el punto de vista de lo que pueda estar dejando en esa elección, pero también desde esa consciencia de elegirlo desde lo más auténtico, da paz. Uno tiene que ser valiente para, una vez que ve cuál es el sentido de su vida, caminar en esa dirección.

Más info: hola@philia.uy o 095 608 283

Por Carolina Anastasiadis

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