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Joan Garriga: “Cada criatura que llega al mundo cae a una atmósfera, una red donde ya sucedieron muchas cosas y ahí pertenece”

Estuvo hace unos días en Montevideo invitado por el Centro Bert Hellinger. Es terapeuta español, y fue quien introdujo a Hellinger y sus constelaciones familiares en España y Latinoamérica. Es creador del Institut Gestalt de Barcelona y tiene en su haber varios libros, en donde desmenuza el arte de vivir y algunos especialmente abocados a la pareja que para él es, un viaje hacia el autoconocimiento, además de una “escuela de vida”. En sus textos y conferencias habla del “buen amor” (y del mal amor), de parejas y personas que viven una “infelicidad de baja intensidad” que mantienen porque no joroba tanto, de la vida en sus distintas expresiones y con sus claroscuros que si abrazamos nos liberan. Habla de muchas cosas, pero sobre todo, inspira.

Tuvimos el privilegio de conversar un ratito con Joan Garriga y lo que sigue es una síntesis de una conversación que estas Mamás Reales recibimos (y compartimos) como regalo de fin de año.

¿Es posible que un hijo sea una página en blanco o siempre llegan con una herencia familiar en lo psicólógico?

La idea aristotélica de que somos un lienzo en blanco es una ficción. Venimos con historia. Somos seres con ancestros, somos seres transgeneracionales. Llevamos escritas muchas cosas en nuestras células, en nuestros músculos, en nuestra sangre. La epigenética ha venido a confirmar que hay una transmisión hasta celular de impactos que han vivido nuestros abuelos, que heredan nuestros padres y llegan a nosotros. Impactos en forma de bendición y otros en forma de sufrimiento. Desde hambrunas hasta traumas emocionales, pero también grandezas, posibilidades, todo se hereda. Cada criatura que llega al mundo cae a una atmósfera, una red donde ya sucedieron muchas cosas y ahí pertenece. Y se habla de herencias de fortalezas, bendiciones.

¿Cómo hacemos para transformar la herencia de sufrimiento en algo positivo para nuestros hijos?

Somos un éxito, estamos acá como resultado de muchos otros anteriores que lograron hacer progresar la rueda de la vida para que llegue a nosotros, pero al mismo tiempo heredamos dramas, adversidad, dolor. Todo sistema familiar ha sido visitado por el dolor, ha vivido pérdidas o separaciones o enfermedades no deseadas, o quisieron tener hijos que no llegaron, o hubo hijos en el camino que se perdieron. En todas las familias hay traumas de guerra, violencia. Y todo sistema familiar necesita procesar estos impactos para convertirlos en herencia de fortaleza y no herencia de dolor o asuntos pendientes.

En el libro Decir sí a la vida explico que toda problemática, cuando escarbamos en su trasfondo, encontramos lo que llamo un “trastorno de los sentimientos”, algo sucedió que el sistema familiar o las personas no pudieron procesarlo para integrarlo, para decir “sí” a ello. Eso hace que las personas no logren estar en el lugar que les corresponde. Eso dice la teoría sistémica.

El tema es que integrar a veces un abuso o una pérdida de un hijo es muy difícil, casi antinatural.

Es antinatural desde la perspectiva de la mente humana, desde lo humano. Pero justamente lo que digo en el libro donde cito a Spinoza, es que como dice él, realidad y perfección son la misma cosa. La realidad no tiene una perspectiva moral de sí misma, ni preferencias. Para la naturaleza o la realidad, la muerte de un hijo es tan bienvenida como la muerte, la guerra es igual de bienvenida que la paz, es una posibilidad. Pero claro que los seres humanos somos racionales, emocionales, vinculares, entonces hay procesos existenciales que requieren grandes movimientos profundos, yo creo que espirituales, para integrarse. Eso es necesario para integrar, por ejemplo, la muerte de un hijo, una violación o asuntos de guerra. Cuando el sistema familiar no logra integrar estos hechos, se debilita. Y eso después se hereda.

¿Podrías darnos un ejemplo de esto en la realidad?

Hace poco trabajé con una mujer que no lograba relajarse, la familia se quejaba de su extrema rigidez. Miramos sus asuntos desde el sistema familiar y lo que vimos es que un niño con dos años se había ahogado en una balsa. Era su hermano. Los padres no estaban porque tenían que trabajar, tenían una estructura bastante caótica a nivel familiar en general. La familia nunca pudo integrar eso. En la constelación se veía al padre como ido, porque debía estar a cargo del hijo y no lo estuvo. No podía sostener su culpa y dolor. Esta mujer con quien constelamos, era hija, pero ante esto, desarrolló un “yo” controlador. Entonces ahí ves un trastorno de sentimiento que no puede ser integrado por la familia, que causa en los padres un trastorno de lugar, no se hacen cargo de la hija que les queda porque están idos, no pueden estar en el lugar que les corresponde, y la hija desarrolla un carácter de este tipo y le genera problemas personales. Se defiende a través del control y no logra reconocerse cuando está relajada. Si se le saca ese control, no sabe quién es. Siempre se trata de cómo hacemos la proeza existencial para integrar lo que la vida quiere. No es nada fácil.

Hablás de que existe un cierto orden en la familia que, si se respeta, entonces los integrantes funcionan bien. Pasa mucho que, con la llegada de los hijos, los progenitores se alejan o encuentran nuevos lugares.

Hay ideas de orden sistémicos que han desarrollado los sistémicos. Bert Hellinger, el creador de las constelaciones familiares, habla del “orden del amor”, que dice que cuando las personas están en su lugar, el amor puede florecer. Cuando esta hija se pone controladora, se pone en el lugar de los padres ante el caos, en un intento de ayudar, pierde su lugar de hija. Esto luego tiene consecuencias y le acarrea dificultades en su vínculo de pareja y en el vínculo con sus propios hijos. Por eso en la familia cada quien debe tener el lugar que le corresponde.

Y el lugar es un poco por orden de llegada. El hijo viene luego de que ya está la pareja. Claro que una criatura necesita mucha atención, pero la pareja debe estar grande y lado a lado, ante el hijo. A veces uno entra en alianza con un hijo por carencias anteriores y se distancia del otro progenitor. También he visto padres que entran en pánico y se van ante la llegada del hijo. Hay patrones que se cumplen o repiten. La gran pregunta es cómo logramos las personas estar en el lugar que nos corresponde, como padres cuando somos padres, como pareja cuando somos pareja, como hijos cuando somos hijos.

¿Qué pasa cuando hay ensambles, con hijos del otro que ya están? ¿Cuál es el orden adecuado?

Sigue valiendo la idea de que quienes estaban antes tienen prioridad. Si tienes hijos y vas hacia una nueva pareja, ahí una actitud sana sería que te juntaras con una pareja que pueda respetar a tus hijos y reconocer que estaban antes y que además tienen a su propio padre; que esos hijos tienen un lugar en ti, antes que esa nueva pareja. La forma de ganarte a los hijos que estaban antes, es reconociendo que tienen prioridad. Hay que entrar con humildad en un sistema familiar que ya estaba formado. Y cuidar de ellos como adulto, darle cosas buenas y ellos también te alegrarán la vida. Eso así fluye.

Hablás mucho del buen amor y del mal amor. ¿Creés en el amor para toda la vida o siempre tiene un comienzo y un final?

Algunas parejas son regaladas por un amor y crecimiento de muchos años. Es un hito importante, se nota en algunas parejas que hicieron viajes muy profundos en las que tiene sentido el “somos una sola carne”. Hay parejas que llevan tanto tiempo y han vivido tanto juntos que se siente una unión muy especial, es un logro. Y así está bien, pero también está bien que eso no ocurra. Cada cual tiene su camino. No creo que haya que pensar en términos de lo correcto o incorrecto. Hay personas a las que no se les regala este viaje, sino otros viajes. Y cada viaje es bueno en sí mismo. Hay personas que viajan a través de distintas parejas y a través de éstas aprenden mucho de sí mismas y del arte de vivir. Hay dolores que se viven en las parejas que son dolores de crecimiento y hay otros dolores que se viven como crisis de separación que regalan oportunidades de aprendizaje. Aunque hay gente que no aprende. Hay infinidad de guiones, hay personas que están en rol de “salvador” y se embarcan en viajes con parejas con algún tipo de adicción o problemática para salvarla. Si no cuestiona lo que aporta a la pareja desde su guion de salvador, no aprende. Aprendemos a cambiar esos guiones al flexibilizarnos. Es bonito ver a parejas de muchos años, pero también conozco parejas de muchos años que están porque “aguantaron” y nadie quisiera eso. Es lindo cuando sienten que han desarrollado una sabiduría porque han crecido en paciencia en un sentido compasivo de la palabra, no por aguantar.

¿Cuándo te das cuenta que es tiempo de soltar?  

Las cosas tienden a cambiar, todo es muy impermanente. Lo que conviene es no quedar cristalizado en danzas relacionales que encogen, desvitalizan, tensan o que nos vuelven muy artificiosos. Es muy importante ser personas reales, no personas artificiales que vamos arriba de un personaje. En la pareja, lo mejor que podemos ofrecerle al otro es nuestra verdad, nuestra realidad. A veces nos sentimos alegres y a veces aburridos. Así somos todos.

¿Es posible amar bien sin un trabajo de autoconocimiento?

Hay gente que tiene un don natural para ser ellos mismos y aceptar las cosas. Capaz vivieron muy pronto alguna adversidad que les limpió, les abrió el corazón. A otros los ponen más defensivos. Sobre todo aquellos que son demasiado apegados a sí mismos y a ideas de cómo deben ser las cosas. La vida también es un viaje de desapegarse un poquito de uno mismo para que se abra un amor más generoso. Hay una felicidad de que se cumplan nuestras expectativas y también las expectativas de otra voluntad, de un alguien que sabe más que nosotros. La meta del viaje es volver a nuestras inocencias. Las cualidades de las criaturas son el amor, la belleza, la cooperación. Los niños son esencialmente bondadosos y amorosos. Luego caemos en el aparato conceptual. Es inevitable. Muchas veces el viaje de la vida es crear un ego suficientemente grande para luego irlo deshaciendo. Es un viaje retroprogresivo, avanzamos regresando.

Nietzsche hablaba de eso…

Si. Al final se trata del Ser. Y la metáfora del Ser es el niño.

¿Cuánto influye el tipo de apego que le damos a los niños en sus patrones vinculares para la vida?

Todo lo que podamos hacer para que los niños se sientan seguros y queridos es abono para su vida. Los niños necesitan sentirse pertenecientes, cuidados, queridos y libres también para explorar, crear, investigar, crecer. No necesitan ser instrumentalizados para satisfacer las necesidades de los padres. El apego seguro consiste en saber que están amparados y que hay alguien ahí, eso les da suficiente seguridad para luego ser ellos mismos y caminar la vida.

Hay una diferencia cuando hubo un apego seguro, cuando los padres han estado ahí. Con padres ambivalentes, pasa que los hijos crean muchos patrones que luego influirán en sus relaciones.

Dicho esto, digo que en todos los seres humanos hay niños que vivieron situaciones delicadas, no porque los padres no los quisieran, sino porque aun los mejores padres lo hacen. El mundo del niño es otro mundo, mucho más pasional. Un día la madre no le hace caso al niño y para el niño es una gran tragedia. Los hijos desarrollan personajes y guiones, unos se ponen de víctimas, otros de bonachones, otros de salvadores.

Es imposible no fallar como padre entonces…

Hay gente más sana y gente más insana. Siempre asumimos algún rol y la vida es entonces un viaje para hacerse más libre de este guion.

¿Creés que la crianza es un tema espiritual?

Dar vida es espiritual en el sentido de ponerse en conexión con el espíritu creador. En contacto con el espíritu se siente más confianza, es cuando la vida se siente más correcta; cuando comprendemos que la vida sabe lo que hace, que los hijos tienen su propio camino, que estamos al servicio. Cuidar vida es servicio, el servicio tiene que ver con la generosidad y la generosidad empieza donde no solo hay unión sino algo más grande. Eso pasa cuando se tiene hijos, que uno siente la grandeza, como que algo lo desborda. Son hijos, pero también son los instrumentos que la vida usa para perpetuarse. Creo que con los hijos se siente más el engranaje de que uno es una pieza más en esto. Cuando conocí a Hellinger en 1999, le hicimos una entrevista y le preguntamos si él era espiritual. Al momento no usaba esa palabra y un poco se enojó. Era obvio que había hecho un viaje espiritual muy ambicioso, de llegar muy lejos en estar más libre de sí mismo. Dijo: “¿qué es algo espiritual? Una madre que ha criado 8 hijos. Eso es espiritual”.

Por Carolina Anastasiadis

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