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El combo explosivo: Diciembre, estrés y maternidad

Hace unos días, en uno de los grupos de mamis del colegio de mis hijas, salió un clásico de diciembre: el regalo de fin de año de las maestras. Por primera vez en 8 años de este ejercicio, encontré unanimidad en las respuestas y una rapidez asombrosa a la hora de decidir el “qué”.

“La practicidad en este tiempo cotiza al alza” soltó una de esas madres pos cuórum. Creo que es madre de tres niños y asumo que, entre logísticas de fiestitas de fin de año, entregas de carpetas y regalos a maestras, no solo no quiere saber de sumarse otro tema, sino que le debe quedar poco tiempo para pensar en otras cosas más. Laburo, por ejemplo. Y eso estresa.

Lo cierto es que, por más desacelerada que una se plante ante la vida, diciembre trae cierres y balances: personales, laborales, familiares. Y encuentros (agradecidos este año por ello) para vernos con esas amigas con quienes queremos encontrarnos antes del brindis del 31. Sí o sí. Y nos imponemos fechas, en parte porque hay algo de real y simbólico en esos cierres y sentimos que no podemos pasar al 2022 sin ese encuentro, entonces apretamos agendas, dormimos menos y a su vez comemos y tomamos más. Salimos en diciembre en base a “millas” acumuladas a lo largo del año. Y son muchas, porque entre pandemia, cansancio, hisopados o logísticas incompatibles, nos damos cuenta que vimos a nuestras amigas mucho menos de lo que hubiéramos elegido.

Diciembre estresa. Esa es una máxima que impacta a todos en mayor o menor medida. Pero, además, hay un coletazo de ello y que es otra máxima: el estrés personal de diciembre se siente a nivel familiar.

El estrés nos quita paciencia y empatía a la hora de educar y de convivir. Es así. Hace unos días leí a la neuropsicóloga infantil Carina Castro Fumero (referente en ciencia y crianza) hablar de ello.

Y algo que también prueba la ciencia es que los estados emocionales de los adultos de la casa, impactan de manera directa en los estados anímicos de los chicos. Una mamá o papá estresado, con poca paciencia y poca empatía, escucha menos y está menos predispuesto a buscar colaboración. La consecuencia natural de esto son gritos, órdenes mal dadas (“porque yo lo digo”), cadenas de penitencias que no sabemos desactivar y un malhumor que poco tiene de saludable.

Es difícil sintonizar con un mejor estado de emoción cuando nos encontramos envueltas en el hacer, hacer y hacer (con el balde puesto). Pero la ciencia nos brinda sus fórmulas infalibles para amortiguar el impacto del estrés en las casas y hacer un cambio de frecuencia. Pero antes de compartirlas, acá las claves para darte cuenta si tu hijo (o vos) está estresado:

– Apatía. Pocas ganas de hacer las cosas diarias. Ir al cole, al club, a trabajar.

– Irritabilidad. Cualquier problema rebosa el vaso y desborda.

– Problemas en el sueño.

– Fatiga. Todo cansa.

– Dolor de cabeza o estómago. Esos son síntomas súper claros de estrés y ansiedad.

– Agresividad y hostilidad. Vivir enojado, contrariado.

– Dificultades para aprender o incorporar información. ¿Les pasa?

Desactivando…

Lo más importante es ser consciente del estrés, notarlo. Darnos cuenta si como mamás o papás estamos estresados. Si no podemos dormir, si comemos mal, si notamos que reaccionamos ante cualquier cosita, entonces estamos estresados. Estar atento a ello, nos ayuda a activar una red de autocontención. Y los chicos bajarán su nivel de estrés, acorde nos sientan a los adultos regulados y equilibrados.

Algunas cosas que funcionan:

Respiraciones profundas. Oxigenar la cabeza funciona para poder pensar mejor. Tener claridad. Así que detenerse a respirar puede ser mucho más efectivo que hacer por hacer sin rumbo claro (y hacer mal).

Actividad física. Cualquier deporte que te ayude a regular tus emociones, sirve. Y si te emociona, mejor. Bailar cuenta como actividad física. Eleva la vibración, genera un caudal de hormonas que te harán bajar el cortisol. Correr, nadar, caminar, sirve también.

Jugar. El juego libre (no el juego estructurado). Lo ideal es crear oportunidades de juego para los niños y para los adultos. Ir a un parque con pelota y bici, con mantel y merienda, cocinar para ir a algún lado. Salir de lo de todos los días cuando se pueda, es una manera de “sacarnos el balde en familia”. En casa, con dos niñas, funciona mucho ir a la peluquería y nos viene bien previo a las vacaciones. Pero puede ser cualquier cosa, acorde a gustos e intereses.

Si sabemos que diciembre estresa y sabemos cómo desestresarnos, entonces el estrés ya no deberá ser un problema.

Por Carolina Anastasiadis

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