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SALOMÓN AZAR: «Tendemos a separar lo que es el sentir, el hacer y el pensar”

Tiene 82 años, es psicólogo social, Licenciado en Artes Plásticas y Visuales (ENBA), Consejero Honorífico del Consejo Latinoamericano de Eduación por el Arte y egresado de la escuela de Grabado de Montevideo. Desde 1964 expone en Uruguay y en el exterior. Ha sido docente, asesor en colegios y organizaciones no gubernamentales en áreas de educación por el arte y, entre otras cosas, fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo por su labor educativa por el arte. Es el fundador del Taller Barradas, que en 2023 cumple 50 años.

Con él hablamos de la importancia de educar la sensibilidad para que la formación sea integral, de lo que pone en juego una persona en su creación artística, de su metodología didáctica «espiral», del Taller Barradas y, por supuesto, de su inevitable vínculo con Infantozzi, una fábrica de colores vinculada desde siempre a su taller y que este año también está de celebración.

¿En qué momento de tu vida te conectás con el arte?

Con el arte me conecto por dos elementos muy circunstanciales y de muy niño. Vivía cerca del puerto, en un momento bien distinto al de hoy. La gente que trabajaba ahí me traía madera, materiales y te diría que ese fue el primer paso. En la vereda de casa hacía construcciones que, visualizando ahora, eran bastante interesantes. Luego viene la etapa de las tizas, el modelado de tizas, hacía pequeñas piezas que juntas conformaban algo mayor. Y, por otro lado, dos de mis hermanas trabajaban en el teatro independiente y me incitaban a que fuera. En el Solís estaba la Banda Sinfónica Municipal todos los domingos de mañana y yo iba a escuchar. No sé qué entendía, pero iba. Y también veía todos los ensayos de mi hermana René. Luego estudié arquitectura y empecé una conexión más directa con el Club de Grabados, con Bellas Artes, con la Escuela de Artes Aplicadas.

Hace un tiempo te dieron la Ciudadanía Ilustre y en ese discurso, hiciste hincapié en que la educación para que sea integral tiene que apuntar al razonamiento y a la sensibilidad. ¿Cuánto el arte ayuda en el desarrollo de esa sensibilidad?

Tendemos a separar lo que es el sentir, el hacer y el pensar. Normalmente le damos más prioridad a determinadas cosas; el “método piramidal” con el cual trabajamos en el taller Barradas trata de equilibrar esos aspectos, para que una acción de arte o una acción sensible pueda tener una combinación de los tres elementos, sin dejar ninguno afuera. El arte conjuga el sentir, el pensar y el hacer; y eso mismo se puede aplicar a la vida.

¿Cómo enriquece el arte al niño?

En el arte se encuentra un vehículo para canalizar sentimientos, pensamientos, conceptos, relaciones, conflictos que en la vida común son difíciles de transmitir. Y, por supuesto, creatividad. Y esa creatividad además la desarrollan en el resto de su vida.

Hoy en el Taller Barradas nos abocamos más a la formación docente, pero dimos al inicio talleres para niños. Venían hijos o parientes de presos políticos, muchos chicos distintos, de diferentes lugares. Nosotros nos dábamos cuenta de dónde venían esos niños a partir de detalles de lo que hacían en el taller.

Había un niño del taller que dibujaba estupendamente y que cuando terminaba encerraba sus dibujos en un semicírculo y luego en rayas verticales y horizontes como si fuera una reja. Resulta que a la semana siguiente nos trae un posavasos de sisal, de mate, era de la cárcel de Libertad. A partir de eso, el chico, al ver esa relación directa que había entre el padre y nosotros empezó a sacar esas líneas que encerraban todos los dibujos.

¿Reconocés algún momento en que esa sensibilidad y conexión con el arte te haya dado alguna herramienta extra para encontrar soluciones en tu vida?

En muchísimos momentos. Siempre me dediqué al arte, pero a su vez conjuntamente a otra cosa. He trabajado en la salud más de 30 años y eso me llevó a un conocimiento o combinación entre la creatividad, el arte y la promoción de la salud. Hoy trabajo en crear un museo de la salud.

 ¿A qué se dedica el Taller Barradas, hoy?

En este momento a la formación docente para el trabajo de artes plásticas y visuales en la enseñanza. Formamos profesores. Tenemos la parte vivencial y a su vez estamos trabajando mucho a nivel virtual en toda Latinoamérica con docentes y alumnos de todos lados.

Promovemos la creación de individuos creadores, no de grandes pintores o artistas. Paralelamente surgen, pero no es el primer objetivo. Buscamos que todos integren el aspecto sensible y creador a la vida. Eso a veces lleva a “darse cuenta”.  Hay gente que cuando sale tiene claro que se dedicará a la docencia o a alguna otra profesión, la danza, la arquitectura. Siempre se da una transformación luego de la formación, aunque el “insight” o el darse cuenta muchas veces lleva su tiempo y lo descubren hasta años después de salir.

¿Qué es la metodología didáctica «espiral» creada por ti?

La didáctica espiral trabaja fundamentalmente en que vos desarrollás una actividad que empieza por algo y que el próximo punto, al igual que un espiral, debe avanzar y crecer. Partimos del cuerpo el cual decimos que es fundamental para pintar, para la danza, para la música, para la pintura. Partimos del reconocimiento de nuestro cuerpo, vamos al vínculo con el otro, siempre tratando con elementos plásticos y ahí yo soy con el otro y luego con el grupo. Y dentro del grupo y la extensión, con la naturaleza. El arte empieza en el yo e inmediatamente está en el yo y el tú y luego en lo grupal.

La idea siempre es construir el propio espiral. Partir de uno, tomar del otro en la interacción y seguir creciendo. El eclecticismo es importante para nosotros. No hay una única línea de trabajo. Nosotros te damos conocimiento, eso lo recibís e integrás a toda tu historia personal, a lo que conocés, y a partir de eso creás tu forma. En eso consiste el espiral.

Taller Barradas cumple 50 años en 2023. ¿Cuál creés que es el principal aporte de este taller en medio siglo de vida?

Con mi señora, María Teresa Esmoris, fundamos el taller en plena dictadura con una misión. El Club de Grabado, la Escuela de las Artes, los lugares donde enseñaban arte estaban cerrados. El taller nace con el objetivo de que sea un resguardo del conocimiento de las artes plásticas para cuando pudiéramos salir de nuevo. Cuando volvió la democracia, empezamos más intensamente los cursos con los docentes que de alguna manera volcaban los conocimientos que habíamos adquirido durante todos esos años en el taller. Organizamos congresos, jornadas, traemos gente del exterior. Creo que se cumplió la misión. Hace poco hicimos el foro de la creatividad y las artes en Maldonado.

¿Cómo conocés a Infantozzi?

Trabajé con Mario Rabinovich y con Luis Infantozzi desde el comienzo. Desde mi mirada, ellos hicieron un emprendimiento que es social y empresarial. Es algo muy interesante. Es una combinación de resiliencia de dos personas que habían sufrido muchísimo en tiempos oscuros del país y que salieron positivamente al público, a la creatividad y a las relaciones con la educación. En vez de desarrollar un criterio de resentimiento, empezaron un proceso creativo que culmina con la fábrica Infantozzi.

¿Cuánto influye la tecnología de los materiales en el producto final de los artistas?

En los materiales para la educación, no influyen. Son de primera calidad. Si me decís para un artista, que es un exquisito, puede influir. Pero otro aspecto de esta fábrica de colores es que en lo social, siempre dieron manos y eso es tremendo. Por otra parte, empresarialmente compiten con la industria multimillonaria a nivel mundial; son excelentes.

Por Carolina Anastasiadis

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