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El arte, una herramienta poderosa

Mis papás me mandaban a “El Taller” cuando era chica. Siempre fui una niña muy física, me gustaba el movimiento, correr, pero en ese espacio, en pleno Prado, encontraba un ratito en silencio conmigo misma. De más está decir que estuve siempre lejísimo de ser una Picasso o de que alguien sospechara de que podría “tener condiciones”. Aquello era simplemente un juego, una forma de experimentar con las manos en la cerámica, de enchastrarme los dedos –y la ropa- con pintura, un tiempo con la posibilidad de poder pintar paredes sin que nadie me retara, y de elegir hacer lo que quisiera sin juicios de terceros.

Mi mayor mérito en ese lugar fue una taza amorfa de cerámica que hoy uso para guardar monedas y un tapiz que sigue en suspenso, a la espera de tiempo o de quién sabe qué.

A pesar de haber pasado por ahí sin tanta gloria, tengo recuerdos conscientes de esos encuentros y siento que me dejaron mucho. También recuerdo con cariño mis frustradas clases de órgano (las que vinieron de regalo con mi Yamaha) o de guitarra en mi adolescencia (que sirvieron solo para sacar alguna canción de Maná…y es verdad, alguna de Eduardo Mateo que es sin duda mi mayor logro musical).

El arte enriquece. El arte nos conecta. El arte sirve para desarrollar todo eso que somos y que nos hace únicos, que no se encuentra en el lado izquierdo del cerebro que tanto se promueve una vez que nos insertamos en el sistema educativo.

Por todo eso y por miles de otros motivos que seguro se me escapan, me interesó investigar un poquito sobre los beneficios del arte en los niños y los comparto, por si alguna mamá está pensando en una actividad para sus hijos, fuera de las canchas de fútbol o del tutú de ballet.

 

¿Por qué está bueno que los niños hagan algo de arte?

Concentración. En un mundo lleno de pantallas y de tecnología, el arte otorga un ratito “off” de lo electrónico para que el niño se conecte y concentre en algo suyo. No es posible tocar un instrumento si se está atento a algo más del ambiente, o cantar pensando en los deberes de la escuela. Cuando un niño –o adulto, claro está- se pone a hacer algo de arte, de a poco deja de lado lo que tiene en la cabeza para poner el foco en esa cerámica, ese dibujo o ese acorde que cuesta sacar. El arte favorece la concentración porque el niño termina envuelto en su propia creación. Y no es pavada entrenar esa virtud para niños que hoy están acostumbrados al multi-foco.

Creatividad. La mayoría de las materias en la escuela se basan en tareas con respuestas que están bien o mal, que son correctas o incorrectas. El arte brinda la posibilidad de responder de diversas formas y, de hecho, celebra las diferencias, las distintas respuestas. Por eso, con el arte, los niños aprenden que no existe una sola manera de hacer las cosas y se animan a tomar riesgos.

Expresión propia de la emocionalidad. Siempre se dice que las obras de arte reflejan el mundo interior del artista. Los libros son un pedacito de alma de sus creadores, las pinturas muestran el estado de esas almas y las canciones reflejan el tono en el que vibra un artista. En los niños, que a veces no pueden poner en palabras lo que sienten, el arte puede ser un excelente canal de comunicación con los adultos. A través de sus creaciones podemos descubrir sus emociones.

Fortalece la autoestima. Hace unos días conversé con la artista plástica Daniela Caputto, y ella decía que la autoestima tiene muchos componentes, uno de ellos es la percepción de competencia.  Con el arte, “el  niño se ve a sí mismo como alguien que puede hacer cosas, siente que logra objetivos y eso le hace sentir que es valioso, que tiene éxito”. El arte ayuda a desarrollar la confianza, a empoderarse, algo que seguro tiene buenas consecuencias en otras áreas de la vida.

Potencia la comunicación con padres. El arte sirve como excusa para hablar con los hijos. Un dibujo, una pintura, una canción, un poema, son buenos disparadores para conversar con los niños de los que les está pasando, de lo que están sintiendo.

El arte LIBERA. El arte hace a la persona sentirse libre y ya sabemos que la libertad está estrechamente ligada con la felicidad y plenitud.

Y por último, comparto algo de la artista Natacha Ortega –directora del centro cultural Gato Peludo-. Ella es mendocina pero vive en Uruguay hace más de 10 años, es hija de artistas titiriteros y vivió siempre inmersa en el arte.

“El arte te conecta con tu núcleo vital, con esa esencia tuya que te hace ser distinto a los demás, eso que sos y traés de raíz. Ese núcleo vital tiene una cierta potencialidad que si no estalla a lo largo de la vida, es como si fuera una semilla que no germina. Por eso creo que el arte, a través de acordes, canciones, colores y miles de recordatorios, te conectan con ese núcleo y te ayuda a que germines. Hoy en día hacemos muchas cosas, vivimos corriendo, y por eso está bueno generar un espacio en la agenda donde haya lugar para poner el corazón. Eso es el arte”.

Por C. Anastasiadis

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