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Estanislao Bachrach: Cuando conocés tus emociones, tomás mejores decisiones, por eso la inteligencia emocional no es una pavada

Nacemos creativos y a medida que vamos creciendo, vamos dejando de lado los “ojos de principiante” porque para nuestro cerebro es más fácil procesar lo que ya conoce que esforzarse en algo nuevo. El cerebro es cómodo y, aunque produce muchísimas neuronas en los primeros años de vida, tras afianzar los circuitos neuronales más usados, se encarga de la “poda neuronal” para deshacerse de lo que no usa. De a poco, nos gana el automático y vamos apagando la creatividad que traemos desde la cuna.

Con el argentino Estanislao Bachrach -biólogo molecular, especializado en neurociencias-, conversamos sobre qué podemos hacer desde casa para ayudar a nuestros hijos a pensar distinto, sobre la importancia de la educación emocional considerando que nuestras decisiones son 96% emocionales, y hasta sobre la felicidad. Aquí parte de esta charla con quien pregona en su libro “Ágilmente” el poder de la creatividad para una vida más plena y feliz.

En “Ágilmente” decís que la creatividad es el valor del Siglo XXI, al igual que la empatía. No importa repetir fórmulas, sino pensar distinto. ¿Cómo se fomenta ese pensar distinto?

El gran problema de la creatividad de los niños y que se lleva a la vida de los adultos es la escuela. Por la forma de enseñar, la escuela genera patrones dominantes de pensamiento, una tendencia a encerrar, encapsular, etiquetar temas y no asociar temas como geografía con historia, por ejemplo. Es una forma antigua. Hoy las escuelas que trabajan la creatividad no trabajan con asignaturas sino con proyectos multidisciplinarios.

Desde tu casa, una forma de fomentar la creatividad en los niños es hacerlos pensar en cosas que aparentemente no tengan relación. Cuestionarlos para que asocien conocimientos aparentemente no asociables. La idea no es buscar que el niño tenga una respuesta lógica o correcta, sino que se anime a combinar diferente, mezclar conceptos sin una notoria conexión. Reconocer y apoyar en los niños el progreso, el proceso y no tanto el resultado, eso fomenta la creatividad. Una de las cosas que más nos cuesta a los adultos es buscar respuestas que no necesariamente sean correctas, cuando en realidad, esa búsqueda de posibilidades es una forma de fomentar la creatividad.

Habilitar con preguntas… no censurar…

Exacto. Importa jamás criticar a un niño porque no dio la respuesta correcta. La creatividad es justamente lo que no se sabe qué está bien. Otra cosa que suma es jamás coartar o rechazar una pasión de un niño. Cuando un niño tiene pasión por algo -salvo que sea algo perjudicial para su salud- hay que fomentarlo. Porque está demostrado que la pasión es contagiosa y que, cuando de niños se tienen pasiones, de grandes también. Y la vida con pasión, cuando sos adulto, tiene mucho más sentido. Si al nene le gustan los dinosaurios, sentate a leerle libros de dinosaurios.

Hoy son un tema los niños estresados, con ansiedad. ¿Cómo afecta a nivel del cerebro eso a largo plazo?

La ansiedad es una respuesta al estrés. El estrés es estar en una situación donde estás sobrepasado, eso genera tres cosas posibles. Hay gente que tiene ansiedad, otra que se distrae, y hay gente que se enoja. Lo bueno del estrés es que es reversible. Podés vivir muchos años con estrés y hacer una “purga” de estrés con la técnica que quieras. En cuanto al niño, obviamente no tiene las herramientas que el adulto, pero la biología está del lado de que más allá de lo que te pasó de niño, podés cambiar. Para lograr eso, hay un verbo muy importante, que es creer. Cuando un niño no cree que puede porque “mi papá dijo que no puedo”, no cree en sí mismo a medida que crece.

¿Se pude ser creativo estando estresado?

A mayor estrés menos creatividad. Pero no significa que con estrés cero creatividad. Un cerebro relajado, calmo, tiene más chances de ser creativo.

No se puede ser creativo si se está desmotivado. ¿De dónde surge ese motorcito o curiosidad en la personas por conocer lo desconocido?

No hay niños que no se motiven, salvo que tengan un trastorno. El tema es que estamos educados para responder y no para preguntar. Hay que fomentar la pregunta, la curiosidad. Cuando el niño viene con un desafío o problema, en vez de ayudarlo respondiendo lo que creemos que tiene que hacer, está bueno empujarlo a que se haga preguntas. Es un ejercicio súper poderoso. A través de esas preguntas, sin querer, se encuentran respuestas.

¿Cómo funciona la motivación a nivel cerebral?

Hay dos áreas del cerebro relacionadas con la motivación. Una es la responsable de querer más, ganar, sumar, desarrollarme, arriesgar. La otra es la de “cuidado”, que te dice “no pierdas esto”; una es de promoción y la otra de prevención. Una busca mover hacia arriba el status quo, la otra busca no perder. El contexto social y familiar impacta mucho en si sos una persona que busca no mover tu statu quo o sos una persona que va a más.

Decís que para ser feliz hay que conocerse. ¿Cómo se educa eso desde la neurociencia?

El conocerse, que es una materia que no se cursa, es un trabajo introspectivo en donde empezás a darte cuenta qué te gusta, quién sos, por qué hacés las cosas. En general vivimos la vida muy rápido sin preguntarnos esas cosas. Cuando conocés tus emociones, tomás mejores decisiones, por eso la inteligencia emocional no es una pavada.

Como padre pondría mucho énfasis en dos cosas: propósito y juego. No esperar una respuesta correcta, sino fomentar una vida con sentido, con un propósito, eso genera mucho más bienestar. Podemos motivarlos a pensar desde chicos preguntándose por qué eligen las cosas. Y lo otro que ayuda a conocerse es el juego. Eso te conecta con vos mismo, con lo que te gusta, con lo que hacés y con el presente. Hay que jugar, pero no solo a los 9 años, cuando tengas 30 también.

¿Por qué recordamos tanto el olor de la torta de la abuela? ¿De niños sentimos más?

Los recuerdos de la infancia no podemos estar seguros de que sean reales. Vamos cambiando los recuerdos cuando crecemos, pero aquellas cosas que nos pasaron de niños que fueron emocionalmente importantes, se graban más. Digamos que el recuerdo se graba fuerte cuando la emoción lo acompaña.

Entrenás cerebros de deportistas y has dicho que los estados emocionales alterados en la cancha de fútbol afectan la calidad de juego. ¿Y en la escuela?

Obvio. Las emociones son clave en el aprendizaje. La emoción importa. La conexión con el profesor, con la currícula, con cómo lo está contando, cómo nos sentimos frente al nuevo conocimiento, todo eso facilita o dificulta. Emociones y aprendizaje van juntos, en adultos y en niños.

¿Cómo podemos cuidar nuestros cerebros… y el de los niños?

Las dos actividades comprobadas por la ciencia que se sabe que cuidan tu cerebro son la actividad física y hacer cosas nuevas todos los años. Desafiarte a seguir aprendiendo, tengas la edad que tengas.

Por Carolina Anastasiadis

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